Los Indios, su Historia y su Civilización. Antonio Batres Jáuregui

Los Indios, su Historia y su Civilización - Antonio Batres Jáuregui


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TERCERO

       Teogonía de los indios de Guatemala, sus ritos y ceremonias religiosas, sacrificios, altares, templos, sacerdotes y fiestas.

       Índice

      SUMARIO

      Interés que se ha tomado en los últimos tiempos en penetrar los misterios de la religión de nuestros indios.—El sabio Max Müller consagra á Guatemala un erudito estudio sobre su teogonía antigua.—El libro de los salvajes.—El Popol-vuh.—Autenticidad que tiene ese "Libro del Pueblo," ó sea Biblia de los Quichés.—Cuando fué descubierto el manuscrito del Popol-vuh.—La traducción de Jiménez.—Las opiniones de Brasseur de Bourbourg.—Es muy posible que los autores del manuscrito hayan sufrido influencia de las ideas europeas y cristianas.—Extractos del Popol-vuh.—El Génesis quiché.—Animales dotados de palabra y razón.—Resurrección de héroes.—La confusión de las lenguas.—Emigraciones de Oriente.—Como termina el Popol-vuh.—Los indios de Guatemala eran muy fanáticos y supersticiosos.—Los brujos.—El indio jamás se creía solo, sino rodeado de objetos que contenían espíritus ocultos.—La vida futura.—El miedo era la base de la religión de los aborígenes.—Particularidades religiosas de los indios choles y mames de la Verapaz.—Los indios de Guatemala dividían sus dioses en tres clases.—Cuales eran éstas.—De los sacerdotes, vírgenes y sacerdotisas.—Lo que escribe Bancroft acerca de ellos.—Altares, templos, sacrificios y fiestas religiosas de los indios de Guatemala.—Los calpules.—Solemnidades religiosas.—Como dejaban las cabezas de los sacrificados clavadas en astas.—De los mitotes.—Sacrificios especiales en favor de las sementeras.—El sacrificio de la caza.

      En la última mitad del presente siglo se han acumulado, por modo extraordinario, nuevos y auténticos materiales para el estudio de las teogonías del mundo, de tal suerte que los sabios europeos han tomado mucho interés en penetrar los misterios de las religiones de nuestros indios, que no eran simplemente, como se creyó por los conquistadores, una salvaje idolatría y meros sacrificios bárbaros de infelices vírgenes y prisioneros. En los últimos tiempos, el impulso dado á las investigaciones etnológicas ha inducido á los viajeros y á los misioneros á consignar en sus escritos todos los vestigios teogónicos que han podido descubrir en los antiguos pueblos americanos.

      El sabio Max Müller, que ha escrito la historia de las religiones, consagra á la América Central tan eruditos párrafos que bien merecen, por su novedad, formar parte del material de que me he servido para la presente obra, en que me he propuesto historiar á los primitivos pobladores de América, y sobre todo, á los del istmo del centro, que tienen sus peculiares tradiciones y su teogonía singular. "Muchas gentes, dice aquel sabio orientalista, acogerán con una sonrisa escéptica un libro intitulado Popol-vuh, y que se asegura ser el texto original de las escrituras sagradas de los indios de la América Central. Aún no se ha olvidado á aquellos pobres Aztecas, que hace algunos años se les presentó en toda Europa como los descendientes de una raza á la que los indígenas de Méjico tributaban honores casi divinos, antes de la conquista de los españoles, y que más tarde se supo que no eran sino víctimas desgraciadas de especuladores bárbaros, y el Libro de los salvajes[Nota 37] publicado recientemente por el abad Domenech, bajo los auspicios del conde Walewski, ha menoscabado en cierto modo la dignidad de los estudios americanos en general. Sin embargo los que se rien del manuscrito americano, descubierto por el abad Domenech en la Biblioteca del Arsenal, en París, y publicado por él con tanto cuidado, como una reliquia preciosa de los antiguos Pielesrojas de la América Septentrional, deben tener presente que es muy posible exista un manuscrito auténtico que nos ofrezca un modelo de la escritura figurativa de este pueblo salvaje.

      El Popol-vuh ó libro sagrado de la población de Guatemala, cuyo texto original, acompañado de una traducción francesa ha publicado el Abad Brasseur de Bourbourg, ocupa un lugar importante entre las obras compuestas por los indígenas en sus propios dialectos, y escritas por ellos con los caractéres del alfabeto latino. Sólo hay otras dos obras cuya importancia puede compararse á la del Popol-vuh, para el estudio de las antigüedades y de las lenguas americanas, y son el Codex Chimalpopoca, escrito en lengua nahuatl, y el Codex Cackchiquel, redactado en el dialecto de Guatemala. Estas tres obras deben ser el punto de partida de todas las investigaciones críticas sobre las antigüedades de los indígenas de América.

      El primer punto que debe establecerse cuando se examinan escritos de esta naturaleza, es su autenticidad. Debemos, pues, examinar ante todo si estas tres obras son realmente, como se pretende, composiciones que datan de hace tres siglos, fundadas en las tradiciones orales y en los documentos ideogramáticos de los antiguos habitantes de América, y escritos en los dialectos hablados en tiempo de Colón, de Cortés y de Pizarro. He aquí, en resumen, la parte histórica del Popol-vuh, según Brasseur de Bourbour. El manuscrito fué descubierto por primera vez á fines del siglo XVII, por el padre Francisco Jiménez, cura de Santo Tomás Chichicastenango, situado á unas tres leguas al Sur de Santa Cruz del Quiché y á veinte leguas próximamente al N. E. de Guatemala. Era este sacerdote muy versado en los idiomas de los indígenas de Guatemala, tanto que ha dejado un Diccionario de sus tres dialectos principales, su Tesoro de las lenguas Quichés, Cackchiquel y Tzutujil; esta obra, inédita todavía, llena dos volúmenes, el segundo de los cuales contiene una copia del manuscrito descubierto por Jiménez. Este, que era dominicano, escribió también una historia general de la provincia de San Vicente de Chiapas, que comprendía cuatro tomos en folio. Había dejado de ella dos copias, pero ambas estaban incompletas cuando Brasseur de Bourbourg las vió en Guatemala. Los tres tomos que se habían conservado contenían muchas reseñas curiosas sobre la historia y las tradiciones del país. El primero de dichos tomos comprendía la traducción española del manuscrito quiché que nos ocupa en este momento. Brasseur de Bourbourg copió dicha traducción en 1855. Un viajero alemán, Mr. Scherzer, que se hallaba á la sazón en Guatemala, hizo copiar la traducción de Jiménez, que publicó en Viena en 1856.[54]

      No se contentó el Abad francés con mandar imprimir el texto original del Popol-vuh y la traducción española de Jiménez, que declara ser inexacta, incompleta y á veces ininteligible. Durante sus viajes por América, había aprendido muchos idiomas del país y particularmente la lengua quiché, cuyos diversos dialectos son hablados todavía por una población de más de seiscientas mil almas. Como sacerdote, tenía relaciones diarias con los habitantes de la parroquia, cuya administración le estaba confiada; y mientras vivía entre ellos, pudiendo consultarles á cada paso, como diccionarios vivos, fué cuando comprendió, con el auxilio de los manuscritos de Jiménez, su propia traducción de las antiguas crónicas de los quichés. Desde el tiempo del descubrimiento de Jiménez hasta el de la publicación de Brasseur de Bourbourg, podemos referir la historia del Popol-vuh de una manera clara y satisfactoria. Pero aún falta un siglo, del que hay necesidad de dar cuenta; desde fines del XVI, época en que se supone que fué escrita la obra hasta fines del XVII, fecha del descubrimiento del manuscrito de Chichicastenango, por el dominicano Jiménez. En lo que á este período se refiere, carecemos completamente de datos; pero podemos sin embargo apelar á la autoridad del mismo manuscrito, que dá la lista de las dinastías reales hasta la conquista española; lista cerrada con los nombres de los dos príncipes, don Juan de Rojas y don Juan Cortés, hijos de Tecum y Tepepul. Por más que estos príncipes se hallasen enteramente bajo la dominación española, se les permitió conservar las insignias reales hasta el año 1558, y el manuscrito debió de ser redactado poco tiempo después de esta fecha. El autor mismo termina el último párrafo del preámbulo del Popol-vuh, con la declaración siguiente:[55] "he aquí lo que escribiremos después (que se haya promulgado,) la palabra de Dios (Chabal Dios,) y dentro del cristianismo; la reproduciremos, porque no se considera como libro nacional, en que se ve claramente que se ha venido del otro lado del mar, (es decir) el relato de nuestra existencia en el país de la sombra, y cómo vimos la luz y la vimos." No intenta en manera alguna el autor atribuir á esta obra una gran antigüedad, ni una autoridad misteriosa. Reconoce expresamente que en la época en que escribe, ha sido ya conquistado el país por los castellanos: que los obispos predican allí la palabra de Dios; y que las antiguas tradiciones del pueblo iban desapareciendo poco á poco.


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