Retóricas del cine de no ficción en la era de la posverdad. Alejandro Cock Peláez

Retóricas del cine de no ficción en la era de la posverdad - Alejandro Cock Peláez


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la corriente retórica europea, con autores como Antonio García-Berrio, Tomás Albaladejo, Giovanni Bottiriroli y Stefano Arduini. Estas propuestas articulan la retórica tradicional y la moderna. Son más complejas y subliman la funcionalidad de la retórica como herramienta de producción, análisis e interpretación del discurso, reconstruyendo completamente el sistema retórico, es decir, retomando la inventio y la dispositio, sin dejar de lado la elocutio (García-Berrio, 1984: 26 - 34), y recuperando incluso otras operaciones no constitutivas del discurso, como la intellectio, la memoria y la actio (Albaladejo, 1993). Así, la retórica general permite la activación del sistema retórico en su totalidad, de manera sólida y coherente. El encuentro de la retórica general y la poética general se da alrededor del estudio del texto literario, tras proporcionar una visión de este como una construcción múltiple de interrelaciones dinámicas entre las tres operaciones retóricas y las categorías poético - lingüísticas y lingüístico - textuales. El proyecto de una retórica general de García-Berrio es compartido por otros teóricos contemporáneos, para quienes la retórica debe estar en el centro de las disciplinas del discurso.

      En el último siglo, la retórica ha sufrido profundos cambios, determinados por la trasformación de su objeto de estudio y de su contexto de desarrollo. Así, las características de las audiencias, los avances tecnológicos, el impacto del mensaje en los medios de comunicación y el surgimiento de nuevas áreas de estudio, como la publicidad, el periodismo y el cine, entre otras, ha demostrado el carácter cambiante de la retórica, que ha seguido el ritmo de las necesidades expresivas humanas (García-Berrio y Hernández, 1988: 137).

      Retórica posestructuralista

      En el campo del posestructuralismo, se pueden encontrar perspectivas tan disímiles como la pragmática literaria, la teoría del texto literario, el análisis literario psicoanalítico, la estética de la recepción, la deconstrucción, la teoría hermenéutica, la crítica feminista o los estudios culturales, con lo que se conforma así una enorme heterogeneidad en la interpretación y uso de la retórica, que ocupa un lugar privilegiado en la teoría contemporánea.

      La dimensión comunicativa y pragmática de la retórica en la teoría posestructural empieza a ganarle terreno a la hipertrofia generada por las investigaciones sintáctico - estructurales predominantes en los años sesenta y setenta. Desde esta perspectiva, la deconstrucción crítica logra un lugar preeminente en las corrientes posestructuralistas. Paul de Man, reconocido como el crítico de mayor influencia en la Escuela Deconstruccionista de Yale, adapta el pensamiento filosófico de Jacques Derrida y Martin Heidegger al campo de la teoría literaria. En obras como Visión y ceguera (1971) y Alegorías de la lectura (1990), De Man se enfoca en la elocución y, específicamente, en la alegoría y la ironía. Enfatiza en el carácter retórico del lenguaje literario y filosófico, buscando deconstruir la lógica y la categorización metafísica de la tradición occidental. En su crítica al logocentrismo, se remite a Nietzsche, quien ya había desenmascarado, en los diferentes discursos, su carácter de construcciones metafísicas demasiado humanas que responden a una voluntad de poder. Al negar la existencia de una verdad (episteme), tanto Nietzsche como De Man rechazan una teoría del lenguaje referencial en favor de una comunicación de la opinión (doxa) más humana e imperfecta, y la retórica de los tropos que llenan el lenguaje de ­polisentido sería su medio de expresión común (De Man, 1990: 179). La retórica, en el sentido en que es utilizada por la crítica deconstruccionista de Paul de Man, entraña ambigüedad y fomenta la necesidad de la interpretación allí donde el estructuralismo establecía una mera descodificación. El análisis lineal con respecto a la gramática, a partir de conceptos como el de desvío planteado por el estructuralismo, es problematizado por De Man, quien descubre allí tensiones lógicas.

      Para este autor, la retórica se abre a posibilidades vertiginosas de aberración referencial al suspender de manera radical la lógica (De Man, 1979: 23). El uso intrínseco de la retórica en el lenguaje y su recepción problemática, resaltados de manera más evidente en su análisis de la ironía, la alegoría y los tropos, le sirven a De Man para ejemplificar la ambigüedad del significado y su diseminación, anunciada por Derrida. El pensamiento deconstructivo es, sobre todo, retórico: afirma y demuestra sistemáticamente la naturaleza —mediada, construida, parcial y socialmente construida— de todas las realidades, tanto si son fenomenológicas como lingüísticas o psicológicas. Deconstruir un texto —dice Derrida (1977: 15)— es “elaborar la genealogía estructural de sus conceptos de la forma más escrupulosa e inmanente, pero, al mismo tiempo, determinar desde cierta perspectiva externa que esta no puede nombrar o describir lo que esta historia puede haber ocultado o excluido, constituyéndose a sí misma como historia a través de esta represión en la cual está implicada”; por lo tanto, la deconstrucción de Derrida no descubre operaciones retóricas para llegar a la verdad, sino que descubre continuamente la verdad de que todas las operaciones —incluso las de la misma deconstrucción— son retóricas. Dando continuidad a esta línea de trabajo, De Man afirma que el objetivo de la deconstrucción es el de revelar articulaciones y fragmentaciones ocultas dentro de las totalidades, pero siempre con el cuidado y la sospecha para que el legado del gesto deconstructivo no se afiance como una nueva totalidad monádica. Propone entonces ejecutar el acto deconstructivo una y otra vez, sospechar, para no poner delante de verdades que se retorcían, la verdad de que todo es retórico. Dicha actitud impregna no solo el análisis contemporáneo de textos en sus diferentes variantes, sino su producción misma, como es el caso paradigmático de muchos documentales contemporáneos en los cuales la sospecha, la duda y la inestabilidad dominan su construcción discursiva. Por ello, los aportes de la retórica clásica —retomados por la nueva retórica y la retórica general, pero tomando en cuenta la actitud deconstruccionista posmoderna— constituyen un importante legado teórico - metodológico en los que la crítica cinematográfica y, específicamente, los estudios del cine de no ficción están en mora de profundizar, con el fin de entender mejor la naturaleza y las estrategias discursivas cada vez más complejas de la contemporaneidad.

      El canon retórico en el cine de no ficción

      Las técnicas de análisis y de composición de variados discursos basadas en el canon retórico —intellectio, inventio, dispositio, elocutio, memoria, actio— pueden ser un instrumento eficaz tanto para desarrollar un documental cinematográfico como para entender su construcción textual en conjunto. Es decir, desde el momento de la idea y su desarrollo en imágenes, sonidos y textos, pasando por la estructuración en el montaje (entendido como un proceso permanente, a la manera de Vertov), las articulaciones de sus elementos por medio de operaciones básicamente figurativas y, finalmente, la presentación ante los espectadores.

      Bill Nichols describe las operaciones retóricas y bosqueja su utilidad para el documental en su libro Introduction to documentary (2001: 49 - 60), de una manera muy exploratoria. Allí plantea que, al ser un discurso retórico, el documental procede con las mismas convenciones de la retórica clásica, entre las cuales está la división en lo que llama “departamentos” (las cinco operaciones retóricas, siguiendo a Cicerón), “cada uno de los cuales se expande a las películas documentales” (49). Añade que “los cinco departamentos de la retórica clásica proveen una guía útil de las estrategias retóricas disponibles al documentalista contemporáneo”, pues este, como el antiguo orador, habla de los asuntos de su tiempo, proponiendo nuevas direcciones, juzgando las previas y sopesando la calidad de vidas y culturas, es decir, cuestiones esenciales del orden social fundamentadas en valores y creencias (60).

      Desde una perspectiva complementaria y más integral de la retórica, Carl Plantinga propone que se puede hacer un análisis retórico para el documental, argumentando que los discursos de no ficción, al operar en sistemas textuales globales, interactúan trasversalmente con diversos elementos para constituir una retórica particular. Por ello, afirma que la superficie de la película de no ficción, es decir, las imágenes o sonidos particulares ganan significado en relación con profundas partes de un todo complejo de organización textual en el que cualquier parte está rodeada de lo que viene antes y después, encima, debajo. “Investigar la retórica de la no ficción es en parte explorar la compleja red de significación de la cual las imágenes y los sonidos son parte; esto es el discurso de la no ficción” (1997: 83).

      Las aproximaciones de dos


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