Retóricas del cine de no ficción en la era de la posverdad. Alejandro Cock Peláez

Retóricas del cine de no ficción en la era de la posverdad - Alejandro Cock Peláez


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estructura el texto en partes diferenciadas con una intención persuasiva. En estas, debe haber elementos de carácter semántico y sintáctico que organizan las tareas del orador

      en el eje vertical.

      Figura 1.1 Ejes retóricos (ejes de Albadalejo)

      Este modelo general explica el recorrido que opera la retórica en la producción del discurso, un recorrido que se realiza en sentido contrario en el análisis. Por esta razón, en el próximo apartado de este capítulo amplío la descripción de cada una de las operaciones retóricas, relacionándolas con el análisis en el cine de no ficción de la posverdad. Pero antes hay que formular algunas observaciones generales sobre este canon retórico y sus particularidades en los medios audiovisuales y, específicamente, en el documental:

      Como coinciden varios autores contemporáneos de la retórica —sobre todo de la corriente española, pero también de la retórica clásica—, las operaciones que tienen lugar en la elaboración del discurso (partes artis) son: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio. Dichas partes han tenido diferentes pesos a lo largo de la historia de la retórica, de las cuales la elocutio es la que mayor predominancia ha logrado, junto con la inventio y la dispositio. Estas se han considerado como las partes constitutivas del discurso, mientras que las dos últimas se dan una vez se termina el texto en sí. Albaladejo (1993: 58) insiste en incluir la intellectio como una sexta operación previa a la inventio. Esta “consiste en el examen de todos los elementos y factores del hecho retórico por el orador antes de comenzar la producción del texto retórico”.

      La gran importancia que han tomado los medios masivos de comunicación en la sociedad contemporánea y, en especial, los audiovisuales ha implicado la revalorización de las partes no constitutivas del discurso. Como propone Capdevila (2002: 113), “la diferenciación entre partes constitutivas y no constitutivas de discurso no puede mantenerse en su forma tradicional cuando se trata de analizar productos audiovisuales”; así, la actio solo sería para ella no constitutiva en los discursos orales en que la producción se actualiza cada vez que se pronuncia, a diferencia de los discursos audiovisuales en los cuales la actio es una etapa que marca su especificidad, pues está relacionada con su enunciación audiovisual. Al mismo tiempo, la memoria cumpliría de nuevo un papel en la producción de textos audiovisuales, ya perdido en los discursos escritos, aunque en el modelo analítico retomado no tendría mayor incidencia para el análisis. Al contrario, la intellectio sería punto de partida y de llegada de la producción - análisis, al valorar todos los elementos comunicativos que se verían expresados en el discurso persuasivo.

      Este modelo analítico tiene en cuenta todas las operaciones retóricas en su globalidad, retomándolas no solo como un procedimiento temporal, sino como un sistema totalmente interrelacionado que permite entender tanto la construcción externa, incluso figurativa, de los discursos documentales como también los razonamientos más profundos, las imágenes del mundo, las ideas, los valores y los principios subyacentes. Dicha distinción entre partes “tiene como objetivo poder estudiarlas con detalle, aislar sus características y sus peculiaridades y así poder profundizar en el rol que desempeña cada una de ellas en la persuasión final del discurso” (118). No obstante, hay que tener en cuenta que la distinción entre etapas es artificial y teórica, pues están tan interrelacionadas que es difícil diferenciarlas.

      Asimismo, es importante notar que, aunque Capdevila intenta evitarlo, este énfasis analítico corre el peligro de nuevamente centrarse en algunas operaciones relegando otras, sobre todo aquellas que implican una mayor dificultad y especificidad en el discurso audiovisual. Así, el análisis de la superestructura y la microestructura no refleja la riqueza y particularidad que puede adquirir la edición final de una pieza documental ni los matices propios del lenguaje figurativo cinematográfico. Es claro que el documental puede retomar algunas de las estructuras y figuras clásicas retóricas, pero más interesante aun es la forma de mestizarlas, hibridarlas o reinventarlas en un lenguaje que utiliza los textos, las palabras, la imagen y el sonido de una manera creativa, con un fuerte componente retórico en sus infinitas combinaciones macro - y microestructurales. Es allí donde se ha visualizado un vasto y novedoso campo de investigación que apenas se empieza a explorar en esta tesis doctoral, pretendiendo aportarle así riqueza al modelo de análisis retórico y al cine de

      no ficción.

      El esquema presentado en la figura 1.2 resume el modelo de análisis retórico propuesto. En él se puede ver en el flanco izquierdo la secuencia en doble sentido entre instancia receptora e instancia productora que desarrolla un mensaje o texto a partir de un contexto. En las dos columnas verticales contiguas, a la derecha, se ve esta misma secuencia explicada de una manera más completa, como el recorrido que opera el texto desde el referente, encuadrado por los mundos posibles y sus habitantes (el núcleo argumentativo - narrativo, que conforma el área de acción de la intellectio), pasando por los procedimientos y los acuerdos generales que forman la superestructura (área de acción de la inventio); se llega así a las capas textuales: la dispositio, que comparte la macroestructura —y que se vuelve texto en la superestructura— y la elocutio o microestructura. Finalmente, se llega a la memoria y a la actio, operación que es importante para el análisis al expresar la

      enunciación audiovisual.

      Actio: la enunciación audiovisual

      Última operación retórica en la construcción del discurso y primera en el análisis (que debe culminar en el reconocimiento de los mundos posibles y en la delimitación de la porción de realidad que se pone en juego con finalidades persuasivas), la actio se ha considerado tradicionalmente como la emisión final del texto retórico frente al auditorio, que debe cumplir con tres condiciones, según Quintiliano (XI, 3: 14 - 65): “Que atraiga, persuada y mueva, a las cuales por naturaleza está unido que también deleite”. Albaladejo (1989: 167) afirma igualmente que la actio no puede ser neutra, pues el discurso, por bien que estuviera construido, “perderá mucha fuerza persuasiva si no contribuye a ejercer influencia en el receptor también en lo auditivo y lo visual, que acompañan así a lo textual”.

      Figura 1.2 Modelo de análisis retórico

      La actio ha sido subvalorada durante la historia de la retórica, pues tradicionalmente se la ha considerado como una operación no constituyente del discurso. Por ello, su formalización se centró en la puesta en discurso de los oradores en la retórica clásica y la dejaron de lado varios autores de la nueva retórica, como Perelman, enfocados en la retórica escrita. No obstante, la actio cumple un papel relevante en la persuasión fina, sobre todo en los discursos audiovisuales, al estar ligada a la puesta en cuestión del texto retórico, donde se ven reflejados todos los componentes comunicativos que componen su discurso.

      La actio se relaciona con la pragmática porque es la operación que permite la comunicación efectiva del texto retórico: “La culminación del texto retórico se lleva a cabo en la enunciación, considerada como el reflejo en el enunciado de la situación enunciativa o hecho retórico” (Capdevila, 2002: 204). Desde esta concepción, la actio está presente durante todo el proceso retórico y actualiza todas las decisiones tomadas en él, como la elección de los temas, la organización temática, el medio, los interlocutores y la ocasión de emisión. Son todas estas decisiones que, al llegar a esta etapa, siempre tienen que ver directamente con el contexto, el tipo de auditorio y la relación que debe crear el orador con él.

      Pero, además de esta función trasversal a todo el discurso, su más conocido objetivo es el de agregarle expresividad al discurso, por medio de elementos no verbales en el momento de ponerlo en escena. Ello resulta muy claro en los discursos orales, donde ya Aristóteles y Quintiliano recomendaban varias técnicas de manejo de la voz, el cuerpo y la mirada, en lo que llamaban la voz y el gesto. En los textos escritos se pierde la actio propiamente, pero cobra importancia en la puesta en escena de los sermones de la Edad Media y en el teatro, arte a la cual se ligó esta operación retórica desde la Grecia clásica. Por ello, Albaladejo (1989: 172) argumenta que “puede ser relacionada con la sólida teorización actual


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