Retóricas del cine de no ficción en la era de la posverdad. Alejandro Cock Peláez
ordenados temporalmente. Se trata de una organización jerárquica, según Van Dijk, en el sentido de que se puede identificar el tema del texto total —y resumirlo como una única proposición—, la cual, a su vez, se puede disgregar en subtemas menos generales, y estos aún se pueden dividir más. Se trata de un proceso de análisis que llega al contenido general del texto, un proceso análogo al que manuales de realización documental como Directing the documentary (Rabiger, 1998) o Writing, directing and producing documentary films and videos (Rosenthal, 2002) proponen para la creación de un documental, que debe empezar por la definición de un tema y unos subtemas, la definición de la hipótesis de trabajo o punto de vista y un resumen de ello en un log line o story line, que estarían en relación directa con la operación retórica
de la inventio.
Las funciones básicas de las macroestructuras son, por un lado, organizar las proposiciones dentro de una estructura coherente y, por otro lado, facilitar la memorización y almacenamiento de la información, de manera que, a partir de ella, se pueda interpretar el resto de elementos. Dan la coherencia global ya que la información emitida o recibida necesita un tratamiento reductivo y organizador que la simplifique. Y dicho proceso se da en un doble sentido: desde el punto de vista de la instancia productora donde se presenta de la forma reductiva o desde el análisis en el que se da por amplificación para reconstruir el sentido global y particular. Así, el análisis reduce la información semántica para integrarla.
Pericot (1987) señala que las operaciones de reducción/ampliación se pueden aplicar tanto para leer o producir textos lingüísticos como visuales. Esta parte de la retórica implica para la presente investigación el análisis de la o las macroestructuras de los discursos documentales, pero siempre teniendo en cuenta que las macroestructuras son construcciones cognitivas que realiza el auditorio a partir de los elementos textuales propuestos por el productor. Como operación de análisis o síntesis, las macroestructuras se corresponden al estado cognitivo psíquico contextual particular de la instancia receptora, por lo que puede haber múltiples interpretaciones posibles. De esta forma, se puede tomar su metodología de análisis a partir tanto de la interpretación como de la producción (Capdevila 2002: 165).
Así, Van Dijk (1980: 213 - 219) expone tres reglas para el análisis desde la interpretación de la reducción semántica (figura 1.6): deleción, que busca suprimir proposiciones; generalización, elisión de información general, e integración, combinación de información esencial. Por su parte, Pericot (1987: 140) señala tres reglas simétricas a las anteriores desde la producción del discurso: adjunción, desmembramiento y particularización. Dichas categorías son importantes para las propuestas metodológicas que se plantean en esta investigación, pues el nivel macroestructural es básico para entender los mundos posibles del texto y sus estrategias
persuasivas.
Pero más allá de la información semántica que se puede trasmitir a partir de la construcción macroestructural, el gran volumen de información debe ser organizado sintácticamente de la manera más eficaz posible para que llegue al público objetivo, y ello se realiza en la superestructura: se trata de “esquemas textuales globales y abstractos concernientes a la organización superficial del texto” (Capdevila 2002: 165). Como estructuras globales, determinan el orden de las partes del texto, ya que se trata de esquemas a los que este se adapta. Por lo tanto, como afirma Van Dijk (1989: 142), “la superestructura debe componerse de determinadas unidades de una categoría determinada que están vinculadas a esas partes del texto previamente ordenadas”. Su carácter abstracto se demuestra en la idea de que los mismos esquemas pueden manifestarse en diferentes sistemas semióticos. Sin embargo, también deja entrever que cada tipo de texto tiene sus especificidades y estas están indicadas por las superestructuras.
Figura 1.6 Las macroestructuras
La tarea ordenadora en el nivel superestructural o sintáctico la divide Mortara Garavelli (1991) en tres grandes actividades propias de la dispositio: la partición del discurso en secciones, el orden que debe regir cada una de estas secciones y el orden de las palabras que componen cada una de estas partes, con esta última ya más en el campo de la elocutio. Capdevila (2002: 171) propone como alternativa una tercera: la que tiene lugar entre las diferentes partes del discurso. Así, aunque todas estas actividades ya estaban contempladas desde la Retórica de Aristóteles, por razones analíticas la autora las toma como tres niveles de articulación del discurso narrativo, que se adoptan también para la presente investigación.
La partición del discurso en secciones
En su Retórica, Aristóteles habla ya de las partes del discurso y su orden (exordium, narratio, confirmatio y peroratio). Estas son las llamadas por los retóricos como partes orationis: las categorías o unidades básicas que determinan la distribución de los contenidos en el discurso y a las que se les ha empezado a dar una intención con la construcción de macroestructuras, pero que en la superestructura adquieren un carácter clave (figura 1.7), pues lo referencial se convierte en sintáctico a través de las partes del discurso (Capdevila, 2002: 171). De esta forma, “las partes orationis son la columna vertebral del texto retórico y de su referente; forman el eje de representación horizontal integrado en la sistematización retórica” (Albaladejo,
1993: 44).
Figura 1.7 La superestructura
— Exordium: el exordio, o introducción del discurso, es donde se intenta capturar el interés y afecto del público (la captatio benevolentiae). Y, según la tradición teórica, puede ser normal (proemium) o especial (insinuatio). La primera de ellas es directa y apela sobre todo a argumentos de índole racional (pidiendo atención explícitamente, prometiendo la pertinencia o concisión del asunto, entrando en materia rápidamente, buscando la benevolencia con autoalabanzas, elogiando al público y rechazando las posiciones contrarias). En la segunda forma, la influencia se ejerce a través de dispositivos psicológicos como la suposición, la sorpresa u otros medios de atracción de naturaleza no racionales.
— Narratio: es la exposición de los temas previstos. Tradicionalmente en la retórica se la define como el relato persuasivo de una acción tal como ha sucedido o se supone ha sucedido. Debe ser breve, clara y verosímil. Esta parte del discurso tradicional retórico es un punto de unión de gran relevancia con la narrativa, con la cual comparte su bagaje teórico.
— Confirmatio: también llamada argumentatio, es la valoración de los argumentos y, por lo tanto, es el núcleo de la persuasión, una parte imprescindible del discurso retórico - persuasivo tradicional. En esta parte se presentan las pruebas pertinentes a la utilidad de la causa en dos partes: la probatio (argumentos favorables desde la perspectiva del orador) y la refutatio (se busca desacreditar las pruebas contrarias). Bill Nichols (2001: 56) constata que la alteración entre argumentos en pro y en contra inclina la retórica tradicional a tratar los asuntos en blanco y negro, lo que para él es una perspectiva conductista que lleva a una aproximación simplista tipo problema/solución, como en los documentales de Lorentz de los años treinta o a la tradicional pero muchas veces truculenta aproximación periodística balanceada que tomaría “los dos lados de la cuestión”, como en la mayoría de documentales televisivos de las grandes cadenas. Nichols nota que varios documentalistas han tratado de escapar de la forma tradicional con películas complejas, de finales abiertos y estructuras divagantes que asumen la retórica de forma más
sutil y abierta.
— Peroratio: el epílogo, donde se concluye el discurso y se dispone al auditorio para el fin previsto. En el discurso retórico oral clásico se recuerdan las partes más importantes expuestas influyendo en los afectos del público para su implicación. Esta estrategia es diferente en los discursos escritos.
Estas partes del discurso, trabajadas por la retórica, corresponden en los textos narrativos al inicio, desarrollo, clímax y desenlace también planteados por Aristóteles en la Poética (2002). Incluso, en los textos narrativos la exposición forma parte fundamental de su construcción: esta introduce al espectador en el