Retóricas del cine de no ficción en la era de la posverdad. Alejandro Cock Peláez

Retóricas del cine de no ficción en la era de la posverdad - Alejandro Cock Peláez


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se entrecruzan a través del texto. Sternberg (1978) exploró las interacciones de la narrativa y la exposición en ficción, hallazgos que pueden ser útiles también para la no ficción. Él afirma que la exposición es necesaria para fijar esquemas que permitan el suspenso, la anticipación y la hipótesis espectatorial que hace la narrativa interesante. Por ello, su posición en la narrativa (preliminar o retrasada), su concentración o dispersión en el texto logra efectos retórico - narrativos diferentes. El uso de estas estrategias de orden sirve en la ficción para la creación y manipulación del interés narrativo, pues, según Sternberg, la orientación del escritor de ficción es primordialmente retórica al manipular las técnicas para este fin. No obstante, aclara que el historiador tiende a reconstruir la verdad y, por ello, se apega más al estricto orden cronológico, “natural”, evitando la manipulación de la combinación de elementos, la ordenación de los acontecimientos y la selección de estos. Para él, su objetivo principal no puede ser el interés del lector, a expensas de la verdad histórica o la metodología científica (1978: 40).

      Frente a este enfoque positivista con respecto a la historia, muchos autores, entre ellos Hayden White, han argumentado que los escritos de las ciencias sociales (e incluso de las exactas) tienen unas fuertes raíces en la literatura y que, por lo tanto, las técnicas retóricas y narrativas no son exclusivas de la ficción. Analiza cómo los historiadores trasforman la crónica en un cuento (story), con un inicio discernible, una mitad y un final; un motivo de inauguración, de terminación y de transiciones y una determinada jerarquía de los significados de los eventos reseñados. Algo muy semejante a lo que hacen los documentalistas, quienes utilizan en un gran porcentaje técnicas narrativas —aunque también técnicas no narrativas— de partición del discurso en secciones y de estructuración de dichas partes, como se analizará

      más adelante.

      El orden que debe regir cada una de estas secciones

      En los estudios clásicos, el orden se entiende como la ordenación de los argumentos demostrativos dentro de cada parte, aunque también se puede entender como la disposición según la importancia o la fuerza del material. Para Perelman (2004), las diferencias que producen en el discurso persuasivo las diversas distribuciones son una de las características básicas de este tipo de discursos, pues en otros la disposición toma características diferentes; por ejemplo, en el discurso de las ciencias exactas, donde “el orden de los factores no afectaría el producto”.

      Aristóteles identifica tres formas: el orden creciente, el orden decreciente y el orden nestoriano. El orden creciente va aumentando el interés de sus elementos persuasivos, dejando para el final los más importantes, que se quedarían en la memoria del espectador. De este se dice que su principal riesgo es que dilate demasiado los puntos más fuertes y que la audiencia decline su atención antes de llegar a ellos. El orden decreciente, por el contrario, busca crear un gran impacto al comienzo, enfilando en la vanguardia sus mejores argumentos para captar al público. Sin embargo, de este se argumenta que su riesgo reside en que una prolongación puede crear una sensación general de “desinflamiento”. Por último, en el orden nestoriano —uno de los más recomendados por los retóricos— se ubican los elementos más débiles en medio del discurso para poner los más importantes en un buen comienzo y final.

      Ordenación de las partes del discurso

      Tiene que ver con el respeto o no de una secuencia lógica y cronológica de las partes. El discurso, según Aristóteles y la tradición retórica clásica, se puede dar en orden natural (ordo naturalis) o en orden artificial (ordo artificialis). El primero de ellos es un orden lineal en que se narran los hechos de acuerdo con una lógica, un tiempo o un espacio lineales, que en la narratología se asocia a la forma ab ovo en la cual la historia se desarrolla desde su inicio siguiendo un orden cronológico. Por el contrario, el artificial tiene que ver con la intervención creativa del retórico en la disposición de los elementos con fines artísticos o argumentativos. Por ejemplo, iniciar la narración in medias res, es decir, en un punto avanzado de la historia o del argumento y no por su principio cronológico más estricto hace que la acción llegue desde atrás, con un efecto muy diferente, lo mismo que una narración in extremis, que empezaría por su final. Así, la elección entre estos tipos de organizaciones discursivas está directamente relacionada con la intencionalidad del discurso y los efectos persuasivo - estéticos que se buscan. Esta ordenación es la que crea propiamente la superestructura sintáctica que, a su vez, sustenta la microestructura textual que forma parte de la elocutio (Capdevila 2002: 174).

      La contraposición clásica entre ordo naturalis y ordo artificialis da cuenta de la construcción del texto retórico en lo que respecta a su estructura profunda y a la organización del modelo retórico como estructuración modificable, tanto a propósito de la totalidad de las partes orationis como de la narratio, y constituye un mecanismo imprescindible para el funcionamiento de la operación de dispositio (Albaladejo, 1993: 115 - 116).

      Así, la cuestión de la organización textual como natural o artificial ha sido un punto de confluencia y de enriquecimiento mutuo entre la teoría retórica y la teoría poético - narrativa, tal como lo reafirma Quintiliano en Institutio oratoria:

      Pues yo tampoco me sumo a aquellos que consideran que siempre hay que narrar en el orden en el que algo haya sido hecho, sino que prefiero narrar en el modo que conviene. Lo cual puede hacerse de muchas formas. Pues algunas veces simulamos que hemos olvidado cuando dejamos algo para un lugar más útil, y a veces declaramos que vamos a restituir el orden que falta porque así la causa va a ser más clara, a veces subordinamos al asunto expuesto las causas que lo precedieron (1987, II, IV, 83 - 84).

      Asimismo, Aristóteles en su Poética (2002) amplía el concepto de orden desarrollado en la retórica y lo relaciona con la dramaturgia. Para él, la dramaturgia es la creación del drama (de la raíz griega dran, que significa “acción”). Por lo tanto, la dramaturgia es en esencia la disposición de las acciones del relato en un orden que logra obtener el mayor efecto posible sobre el espectador y la organización de estos hechos conforme a la manera más apropiada en que se los debe expresar, para que el conflicto central sea planteado, desarrollado y resuelto y, a la vez, cree expectativa y emoción en el espectador.

      Ruiz de la Cierva (2001) compara la teoría retórica con la narrativa y equipara así la estructura macrosintáctica de base, regida por el orden normal, lineal, de los hechos y los argumentos, con el concepto de historia de la narratología. La estructura macrosintáctica de trasformación, por su parte, la relaciona con el concepto narratológico de discurso o intriga.

      En el documental cinematográfico se puede ver que, mientras las películas que pertenecen a una tradición narrativa o a una observacional intentan construir muchas veces su discurso en un orden natural, los documentales más experimentales y poéticos lo hacen desde un orden artificial. Las diferentes formas que puede adoptar este tipo de discurso artificial configuran las estructuras narrativas no canónicas y las estructuras no narrativas que se dan en la no ficción. Así, este orden se puede dar in medias res o como nestoriano, topográfico, aleatorio, convencional (alfabético u otro), mnemotécnico, lógico o causal, gradativo, de importancia, de preferencias, de complejidad progresiva, de background progresivo o retroalimentado, autorreflexivo, de impacto psicológico, de familiaridad, egocéntrico, entre otros. Esta gran variedad de formas se ha desarrollado desde muchos tipos de discursos, enriqueciendo las básicas enunciadas por los primeros retóricos.

      Otras categorías estructurales

      El modelo analítico para la dispositio que se ha expuesto hasta aquí se basa en las propuestas clásicas y contemporáneas de la retórica. No obstante, campos de estudio como el de los discursos de no ficción, la narratología y el cine ofrecen categorías complementarias que pueden aportar elementos novedosos al análisis y a la construcción estructural en el documental cinematográfico, para la cual es insuficiente el modelo clásico. Aquí se esbozan algunas propuestas que se podrían elaborar como un modelo más sólido de análisis o composición de la estructura documental en futuras investigaciones.

      El estudio de la dispositio, de las estructuras, en la no ficción es aún muy incipiente. En el ensayo Structure and form in non - narrative prose, Richard Larson, citado por D’Angelo (1990), afirma


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