La máquina de la conciencia. José Lozano López

La máquina de la conciencia - José Lozano López


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que se realizó es una que solo se hacía el cuarto día del curso o los días que había comida de todos los compañeros, y que venía el maestro hindú a compartir varias meditaciones conocidas y otras nuevas durante un día de convivencia. Esta meditación era muy larga, pasaba de los 30 min de media de las normales a casi el doble y se realizaba un viaje muy intenso. Se llegaba a un sitio donde un gran maestro nos daba una palabra de poder para mantralizar y la oportunidad de abrir el canal para conectar con esa fuerza interior que todos tenemos si realmente queremos acceder a ella.

      Acabada la clase, nos dieron unos folios para hacer un seguimiento directo de las meditaciones que fuéramos practicando en casa: hora de comienzo, tiempo de meditación, sensaciones, etc. y así poder crearnos el hábito. También nos dieron la opción de elegir a uno de los guías para consultas directas. O bien, nos indicaron que se haría un reparto para elegir a uno de los cinco. Yo sentí que Pepi era la persona que necesitaba y que más me podía aportar en ese momento de mi vida, así que la elegí. De esta manera, tuve otra gran amiga por muchos años.

      Hacerse socio costaba 10 euros al mes y podías ir a todos los cursos que se impartieran, tanto de primer nivel como los que había de segundo nivel. En este último, las meditaciones conocidas y algunas nuevas se practicaban en grupo y así podíamos no solo conocer las experiencias de los compañeros sino que, además, disfrutar de la energía que creaban las meditaciones en grupo, que estaba por encima de las que solíamos hacer en solitario. Intenté ir a las máximas meditaciones posibles y aprovechar este canal de conocimiento con el que tanto había conectado.

      En los siguientes meses, empecé a experimentar cambios increíbles en temas de trabajo, en cuestiones personales que antes me quitaban el sueño por falta de soluciones o comprensiones, y empecé a abrirme a conocer a más personas y a alguna chica muy interesante. Ante los cambios que se iban producían en mí y en mis situaciones de alrededor mucho más positivas, decidí nunca dejar esta meditación. Llegó un momento en que la tenía como base para ir añadiendo otras herramientas emocionales y aumentar los niveles de conexión. Aunque, eso sí, mi anhelo por seguir aprendiendo no cesaba. No paraba de explorar y explorar, de sumar y sumar.

      Gracias a la aparición de la máquina de la conciencia, se iniciaron por todo el mundo diversas conferencias, tertulias, cursos, convenciones. Una de las compañeras que conocí del curso de la casa mental me invitó a que la acompañara a una conferencia en Alicante que se llamaba «La elección del camino: la vida que quieres vivir». Alicante siempre me gustó, estaba a hora y media de viaje y la playa y el clima me apasionaban. Un día me gustaría vivir también allí.

      En esta clase, un tipo llamado Elián, de más o menos mi edad, con gafas y pelo largo y un poco canoso, hablaba sobre temas que se comentaban mucho entonces: apegos, desapegos, energía en movimiento, el materialismo, los cambios o clics de la vida y sobre que, aunque cueste entenderlo, cuando peor lo pasamos es cuando más aprendemos. Solo hay que estar despierto y aprender lo que necesitamos para seguir avanzando. Hubo una parte de la conferencia que más o menos decía así:

      —En nuestra vida tenemos dos caminos principales: el horizontal —y trazaba en una pizarra, una línea de izquierda a derecha—, es el que normalmente vivimos: cada día que pasa tenemos más edad, aprendemos de las experiencias y estudios, nacemos, vivimos y morimos. Luego está el vertical —y trazaba otra línea de abajo hacia arriba que se cruzaba con la línea horizontal—. Este crecimiento es más del corazón consciente, donde se aprovechan las comprensiones de la horizontal y, desde el amor, vamos generando sabiduría. El nivel de la línea vertical define el tipo de vida consciente que vamos a vivir en la línea horizontal, y determina también a qué edad lo vamos a vivir. Me explico:

      »Por ejemplo: a una persona de 35 años y un nivel de conciencia ocho le pasarán cosas menos agradables que a esa misma persona, con esa misma edad y con un nivel de conciencia, digamos, de veinticinco, que vivirá situaciones más agradables, con más paz y con más amistades verdaderas. Eso produce una vida horizontal con más momentos felices.

      »Me viene a la mente la fábula del pueblo donde en el cementerio todos tenían grabado en la lápida que habían vivido 6 años y 125 días; 9 años y 27 días; 11 años y 87 días, fechas aparentemente muy bajas. Cuando preguntaron con cierta pena a los mayores del pueblo el porqué de las edades, respondieron sonrientes que había habido en el pueblo una persona muy sabia que compartió con ellos que la satisfacción de esta vida no proviene del tiempo que hayas vivido, si no de la cantidad de tiempo que hayas tenido momentos felices y desde entonces apuntamos en una agenda esos días felices y, cuando fallecemos, nuestros familiares suman esos días y los graban en la lápida.

      Entiendo que no se debe comparar con situaciones personales de cada persona, sino revisar en nosotros mismos si puede existir la opción de vivir más momentos felices con esa comprensión, ese estado mental correcto.

      Elián continuó:

      —Este estado es mucho más importante incluso que el físico, lo que comemos, lo que bebemos, la familia, los amigos… Este estado es todo. No digo que no sea importante lo demás. Lo es y mucho, pero solo tenéis que ver la cantidad de gente que se cuida haciendo mucho deporte o se obsesiona con lo que come y no es muy feliz. Luego tienes personas que o no comen tan bien o incluso les falta un miembro físico o más y, teniendo ese estado mental correcto del que hablamos, tienen más facilidad para ver lo positivo en cada cosa y disfrutar de la vida. Os invito a la reflexión del cambio que hay en nuestras vidas al elevar el camino vertical y lo que influye en el horizontal.

      La verdad es que me resultó muy interesante, aunque en ese momento aún tenía ciertas resistencias. Imagino que algo por dentro de mí estaba muy cómodo y no se quería retirar de donde estaba.

      Después de una charla agradable por el puerto de Alicante y la Esplanada con mi nueva amiga y compartiendo lo que cada uno había comprendido, le agradecí la invitación y la compañía. Volvimos a nuestro Albacete a seguir con nuestros quehaceres. Eso sí, al próximo curso interesante me tocaba invitarla. Esa noche soñé con mujeres y hombres que juntos subían por unas escaleras en un camino con mucha luz; con algunos de ellos me cruzaba la mirada y me daban sensación de paz e ilusión.

      CAPÍTULO ٥

      CIELO (LA CHICA DEL CORAZÓN): FELICIDAD COMO VIAJE Y LOS ٧ CHAKRAS

      «38 años, media vida sin encontrar mi lugar, o por lo menos en este que ocupo, y existir de una forma más gratificante. Eso era lo que sentía en estos momentos de mi existencia».

      Me llamo Cielo, soy morena, con media melena y 1,67 metros de altura y ese era uno de mis pensamientos al empezar el día. Sé que tenía que hacer cambios pero ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿de qué forma? Según los que me conocían un poco, no me debería quejar: tenía un marido con el que llevaba veintiún años casada, dos hijos, los dos son varones, una casa de 250 m2, cocina grande, dos baños, en un terreno propio. La casa la teníamos en la primera planta y debajo un local con barbacoa y una cocinilla, aseo supletorio y un jardín donde tener algunos animales. Sí, parecía que era una vida cómoda, pero aun así sentía que no era feliz. Las obligaciones y responsabilidades de madre y ama de casa podían conmigo.

      Mi marido trabajaba de encargado de obra y hacía que viviéramos con cierta solvencia, aunque era un hombre con poca sociabilidad, no le gustaba apenas salir a compartir comidas y cenas con otras parejas de amigos y tenía que estar tirando de él para conseguir salir de vez en cuando y luego tenía prisa para volver y ponerse a leer o ver la televisión en el sofá. Al principio parecía estupendo, un hombre atento, que me trataba muy bien, pero con el tiempo nos volvimos demasiado tranquilos.

      Intenté hacer otras cosas, cuidar alguna persona mayor, pero siempre acababa dedicándome en exceso a ellos y terminaba creándome otra obligación, más que un tiempo para mí misma. Y claro, como yo no estaba bien, tampoco podía cuidar correctamente a los que estaban conmigo.

      Aunque a veces iba a misa, siempre nos han dicho que allí no se aprende nada mal y es verdad que hay muchos mensajes fenomenales. Por algo la Biblia y la vida de Jesús han sido ejemplo y culto para miles de millones de personas en todo el mundo y durante generaciones. Era una lástima que muchas de las personas que lo comunican hayan abusado, en


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