El porqué del presente. Jorge Illa Boris
un Estado autoritario. Así, con ayuda [ingenua o no] del presidente Hindenburg, disolvió el Parlamento y convocó a nuevas elecciones, plagadas de fraude y represión; a pesar de ello, no logró la mayoría deseada y tuvo que aliarse con los diputados del centro católico (Partido Zentrum), con quienes consiguió los votos necesarios para tener plenos poderes y promulgar leyes sin necesidad de debates.
Un año más tarde, en agosto de 1934 y tras la muerte del presidente Hindenburg, Hitler acumuló las funciones de canciller y presidente, suceso que es aprovechado para denominarse führer y canciller del nuevo Reich (tercer Imperio alemán). Con ello quedaba establecido el segundo Estado totalitario europeo, aquel que persiguió a los enemigos y opositores de su régimen, incluyendo a todos aquellos grupos que fueran considerados perjudiciales o con características “inferiores” a la raza aria. Los militares vuelven a tener gran poder, iniciándose el rearme, contradiciendo el Tratado de Versalles.
3 La Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
3.1 Antecedentes
Como ya se ha descrito, la Europa anterior a la Segunda Guerra Mundial estaba inmersa en unos continuos cambios y conflictos económicos, políticos y sociales. Sin embargo, fue la permanente tensión en el continente lo que se constituye como su principal característica. Y es que, a pesar de la existencia de un organismo que velaba por la paz (la Sociedad de las Naciones), antes de 1939 se desarrollaron varios hechos militares que empezaron a demostrar que no se había aprendido nada de la tragedia de la Gran Guerra. El primero de ellos —aunque no sucedió en Occidente— fue la invasión de Japón al territorio chino de Manchuria (1931). China pidió la intervención de la Liga de Naciones, la que intentó resolver el conflicto condenando el accionar nipón y pidiendo el retiro del lugar para ser administrados por ellos. A pesar de la presión, los japoneses no obedecieron y decidieron abandonar la Liga, “cuyo prestigio se deterioró, pero todavía sin consecuencias fatales” (Lowe, 2012, pp. 88-89).
El otro acontecimiento importante —y de mayor trascendencia— fue la invasión italiana a Abisinia (actual Etiopía) entre octubre de 1935 y principios de mayo de 1936. La Sociedad de Naciones protestó contra este suceso, pero Benito Mussolini hizo caso omiso y continuó tomando dicho territorio. La Liga sancionó económicamente a Italia, pero fueron tan moderados que los italianos no la tomaron en serio; esto a raíz de que Francia y Gran Bretaña intentaron no propiciar una alianza en Hitler y Mussolini —hecho que finalmente sucedió— y que terminase por desencadenar una serie de expansiones germanas en los siguientes años (Lowe, 2012, p. 90). El escenario ya estaba preparado para el segundo gran conflicto del siglo xx, que a todas luces quiso ser impedido por franceses e ingleses, pero cuyas estrategias de evitar una condena frontal hacia sus adversarios facilitaron el avance de italianos y alemanes, quienes se excusaban del irrespeto al derecho internacional, manifestando hacer el trabajo de detener la expansión comunista en Europa Central y Occidental.
3.2 Breve explicación del conflicto
Las razones del desarrollo del nuevo conflicto, conocido como la Segunda Guerra Mundial, son múltiples; varios factores que discurrieron paralelos y entrecruzados, propiciando con ello el enfrentamiento entre las potencias sobrevivientes de la Gran Guerra. Por ello, esbozamos una explicación breve sobre algunas causas del conflicto, su detonante y su desarrollo:
En primer lugar, debemos mencionar al Tratado de Versalles como uno de los factores de la guerra: documento impuesto a los países perdedores que los obligaba a pagar indemnizaciones leoninas, a recortar sus territorios y a reducir sus ejércitos. Los condenaba a una profunda crisis, lo que propició el resentimiento y la búsqueda de venganza, principalmente en el pueblo y en los políticos alemanes.
La debilidad de las democracias europeas permitió que surjan regímenes autoritarios en Italia y Alemania (entre los más destacados). Además, el limitado poder de la Liga de las Naciones no pudo impedir el desarrollo de conflictos y el inicio de la guerra, ya que Francia y Gran Bretaña —quienes dirigían principalmente el organismo— propusieron una política de no intervención para no afectar a sus países, que aún estaban en proceso de recomposición después de la Primera Guerra Mundial y los efectos de la crisis económica de Estados Unidos de 1929.
El expansionismo de las llamadas “Potencias del Eje” (empezando por la invasión japonesa de China en 1931, la toma de Abisinia por Italia en 1935) y la política alemana de crecimiento territorial —llamada espacio vital o lebensraum—, que inició la toma de territorios cercanos al país bávaro en 1935, generaron un ambiente tenso en el mundo que dio pie a una carrera armamentista que encendió nuevamente los motores de la industria militar.
La formación de alianzas que implicó la división del mundo, empezando con la unión de las Potencias del Eje, luego de la Guerra Civil Española (1936-1939), pues este conflicto produjo la unión entre Hitler y Mussolini, ya que ambos apoyaron a militares españoles que enfrentaron a la Segunda República y empoderaron a Francisco Franco. En octubre de 1936 se consolidó el pacto Roma-Berlín y, un mes después, Japón firmaba con Alemania un acuerdo similar (Pacto Antikomintern) para luchar contra el avance de la URSS, al que luego se sumaron Italia, Hungría y España, consolidándose un grupo que buscaba someter a los aliados y tomar el poder en el mundo. En cuanto al bloque aliado, estuvo formado por parte de los que participaron en la Gran Guerra (Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos), a los que se sumaron la URSS y otros países que se fueron agregando según avanzó el conflicto.
Alemania nazi es, sin duda alguna, el principal causante de la Segunda Guerra Mundial, la instalación del III Reich, el ultranacionalismo, la búsqueda de venganza por la derrota de 1918 y la imposición del Tratado de Versalles. El ascenso al poder de Adolf Hitler (pasando por las purgas en la “noche de los cuchillos largos”) y la ejecución de sus planes expansionistas a través de la anexión de territorios y la recuperación de algunos otros donde se encontraban germanoparlantes (anschluss). Así, en marzo de 1938 ocuparon Austria y en setiembre se tomó la zona de los Sudetes (territorio de la actual República Checa, ex-Checoslovaquia), hecho que causó la preocupación de algunas potencias europeas. Por esta razón, Hitler convocó a Francia, Gran Bretaña e Italia a la Conferencia de Múnich, acordándose la ocupación alemana de los Sudetes a cambio del compromiso de no volver a tomar más territorios checos. Sin embargo, el pacto no fue respetado, porque en marzo de 1939 Hitler volvió a expandir sus dominios en territorios de Checoslovaquia.
El comienzo de la guerra finalmente tuvo como detonante la obstinación de Hitler en continuar sus planes expansionistas: ahora deseaba tomar el corredor polaco de Danzig, sabiendo que conllevaría a la reacción inmediata de Francia y Gran Bretaña, por ello se le ocurrió dialogar con quien era su enemigo, Josep Stalin (URSS). Ambos acordaron un pacto de no agresión en agosto de 1939, llamado Ribbentrop-Mólotov, y por el cual secretamente se dividían Polonia, mientras Alemania les permitiría a los comunistas tomar el control de Finlandia, Letonia, Estonia y Lituania (Aróstegui et al. 2015, p. 166). Una vez sellado el pacto, Hitler decidió construir una vía ferroviaria en la ciudad de Danzig, para poder conectar Alemania con Prusia; el Gobierno de Polonia se negó y tras ello se inició la invasión nazi a tierras polacas el 1 de setiembre de 1939. De forma casi inmediata e inevitable, Francia y Gran Bretaña le declararon la guerra al Estado alemán, y por tal razón se inició la Segunda Guerra Mundial.
Gráfico N° 7. Invasión a Polonia (1939)
Fuente: colección de impresiones de la Segunda Guerra Mundial de Marek Tuszyński, para commons.wikipedia.org
La conflagración tuvo como principal característica “la guerra relámpago”, que los alemanes llamaron blitzkrieg, estrategia innovadora que aprovechaba el factor sorpresa y la rapidez en la ejecución de las operaciones. Para cumplir con tal cometido, una combinación de tanques y fuerza aérea que bombardeaba continuamente hasta derrotar al enemigo asestaba una contundencia inusitada al ataque. Esta estrategia fue aplicada contra Polonia y sus siguientes objetivos: Dinamarca y Noruega, conquistadas velozmente a inicios de 1940. Por otro lado, en Gran Bretaña hubo cambios políticos. El primer ministro Chamberlain (que intentó evitar la guerra) renunció, y su lugar lo tomó