Sexo, género y gramática. Academia Chilena de la Lengua
expresar nuestras diferencias problematizando los binomios hombre-mujer, adulto-niño, rico-pobre. ¿Acaso no existen muchas formas de ser mujer o de ser niño? Como nos hace ver Chimamanda Adichie en El peligro de la historia única, necesitamos salir de estas categorías que simplifican nuestra experiencia. “Cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso” (Adichie, 2009).
En segundo lugar, no es lo mismo género social que género gramatical. Estas categorías operan en distintos planos: mientras en un caso corresponde a una construcción social, cultural y política que tensiona las diferencias definidas solo desde las condiciones biológicas, la otra “es una propiedad de los nombres y pronombres que tiene carácter inherente y produce efectos en la concordancia con los determinantes, los cuantificadores, los adjetivos y, a veces, con otras clases de palabras” (NGLE, 2009, ∮2.1a). Como se desprende de esta definición, el género gramatical es una categoría formal de todos los sustantivos y que se proyecta en las palabras que determinan a ese sustantivo, pero no refiere necesariamente a categorías sexuales. Ahora bien, como plantean Stahlberg et al. (2007), todos los seres sexuados se representan de alguna manera en la lengua, pero esto no significa que la presencia de los morfemas “-o” y “-a” necesariamente indiquen la presencia de un ser animado de sexo masculino o femenino. Sin embargo, lo que aún no se ha proyectado en la lengua es cómo referirse a las distintas identidades desde una perspectiva de género.
Si volvemos a enfocarnos en la categoría de género gramatical, podemos afirmar que en español todos los sustantivos poseen un género gramatical, pero no en todos los casos este es usado para diferenciar entre sexos. Pensemos en los siguientes tres sustantivos: ciudadana, mano y varianza. Todos estos sustantivos poseen género gramatical femenino. ¿Cómo podemos comprobarlo? Al agregar un adjetivo calificativo, podemos observar que el género gramatical se proyecta en el adjetivo a través de la forma “-a” para lograr la concordancia.
Ejemplo 1: Sustantivos de género gramatical femenino
La | ciudadana | contenta … |
La | mano | hermosa … |
La | varianza | amplia … |
En el ejemplo 1, entonces, solo en el sustantivo ciudadana se expresa en la forma “a” una oposición entre femenino-masculino vinculada con el sexo. En efecto, al decir “la ciudadana contenta” nos estamos refiriendo a una persona de sexo femenino, mientras que en el sintagma “el ciudadano contento” aludimos a una persona de sexo masculino y estas diferencias se proyectan en la oposición morfológica correspondiente al género gramatical. Sin embargo, en el sintagma “la mano hermosa”, podemos observar que la forma “o” no refiere a un género gramatical, sino que en este caso el género gramatical es inherente al sustantivo y se proyecta a través del morfo “-a” en el adjetivo hermosa.
Por otra parte, necesitamos considerar que la oposición entre sexos en seres animados no se proyecta solo a través de la oposición de las formas “-o”, “-a” (niño-niña), sino que puede darse a través de un sustantivo con morfo ∅ para masculino y la presencia de morfo “-a” para femenino, como en escritor-escritora, presidente-presidenta. Es más, pueden diferenciarse entre sexos a través del uso de palabras con raíces distintas (hombre, mujer), entre otras posibilidades. Por lo tanto, cada lengua posee un conjunto de formas para una determinada función y, asimismo, una forma puede cumplir una variedad de funciones en la lengua.
Estrategias discursivas para la promoción de la equidad de género
Una vez descrito el contexto social, cultural y político actual y hechas las distinciones necesarias, tres consideraciones son aquí desarrolladas para comprender las estrategias discursivas que las distintas comunidades e instituciones están utilizando para una promoción equitativa de los géneros.
(1) El desdoblamiento de la forma masculina no marcada
La disputa por el lenguaje inclusivo se genera, en gran parte, por el uso de la forma “o” para designar no solo a individuos, sino para referirse a una clase o especie. El mecanismo de uso no marcado es frecuente en las lenguas en pos de la economía lingüística y la construcción de efectos de sentido particulares. En español, entonces, en la oración “Los ciudadanos quieren una democracia plena”, la elección del sustantivo ciudadanos como opción no marcada puede referir a personas del sexo masculino y femenino.
Figura 1: Opción no marcada
En cambio, en la oración “Las ciudadanas quieren una democracia plena”, el sustantivo ciudadanas solo refiere a personas del sexo femenino.
Figura 2: Género gramatical femenino
Sin embargo, muchos sectores y colectivos consideran que la opción no marcada del masculino genérico no visibiliza a la mujer y, por lo tanto, no es una estrategia que promueva la equidad de género. De ahí la propuesta del desdoblamiento.
Figura 3: Estrategia de desdoblamiento
En la actualidad, con frecuencia, participamos en la apertura de eventos en que llaman la atención a “señores y señoras”, “académicos y académicas” para visibilizar a las mujeres en esos espacios públicos institucionales.
Si bien la estrategia del desdoblamiento explicita en las oraciones la presencia de las mujeres, no favorece la economía del lenguaje; lleva a que los textos se vuelvan extensos y, en ocasiones, pierdan su efectividad comunicativa.
(2) La elección de léxico genérico
Otra estrategia que los hablantes han comenzado a usar para promover la inclusión es optar por formas léxicas genéricas en las que no se cristalizan las diferencias según sexo.
Figura 4: Estrategia de léxico genérico
Esta ha sido una de las estrategias más extendidas a nivel institucional. En los últimos años, organismos gubernamentales, instituciones educativas y organizaciones culturales han elaborado manuales de orientaciones para el uso de un lenguaje inclusivo, no sexista. Si bien esta estrategia tiene una amplia aceptación en los contextos de comunicación institucional formal, no siempre los sujetos hablantes pueden optar por formas genéricas, ya que algunas de estas poseen un mayor nivel de abstracción. Por ejemplo, si queremos referirnos de manera específica a un docente, resulta enrevesado e intricado la elección de una forma genérica: “La persona que ejerce el rol de docente es …” vs. “El docente es…”.
(3) El uso de la forma “-e”
Sin duda, la forma “e” es el símbolo de las disputas por un lenguaje inclusivo y es usada como acto de resistencia y subversión frente a la normatividad establecida. Para algunos grupos la “-e” representa una forma neutra, usada en la modalidad oral y escrita —“niñes”, “todes”, “compañeres”— y que provee de materialidad para la comunicación oral que los signos gráficos @, x, - no poseen. Para otros, en cambio, la forma “-e” amplía el paradigma del género gramatical y propone una forma que representa a los géneros que no quedan representados en lo masculino y lo femenino. Por lo tanto, estos grupos proponen triplicar la denominación de las personas: “niños”,