Facundo Quiroga. Ramón Torres Molina
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La declaración prestada por Quiroga en el sumario instruido por Monteagudo, quien se encontraba confinado en San Luis, es la siguiente:
Enseguida compareció el capitán de milicias don Facundo Quiroga, a quién previo juramento de estilo, que lo hizo conforme a ordenanza, se le examinó a tenor de las preguntas siguientes:
Preguntado– Si se acuerda o sabe que el capitán prisionero don Francisco María González, el de la misma clase don Antonio Arriola y el sub-teniente don Juan Caballo, se los vio el lunes a la mañana tomar parte en la conjuración de los Godos; si estaban armados y con qué armas, –Dijo: Que no los conoce por sus nombres, ni sabe que hubiesen quedado algunos de los que estaban el en cuartel sin tomar armas. Y responde:
Preguntado: Si poniéndole delante los que han quedado vivos, conocerá si algunos de ellos estaban armados en la refriega,- Dijo: Que sí. Y responde.
En este acto, mandó el señor Juez comparecer a los oficiales prisioneros que se hallan presos, y puestos delante de él, le interrogó, si alguno de ellos estaba armado en la refriega, y con qué arma. –Dijo: Que de todos los que se le han puesto a la vista, solo reconoce al alférez don José María Riesco, a quién vio en el patio con un hacha y un cuchillo ensangrentado en la mano; que está cierto que de todos los que entraron al cuartel, solo uno pasó a la cuadra en que estaba el declarante, con un cuchillo en la mano, quedando todos los demás hacia la puerta, que al que se acercó a la misma puerta de la cuadra salió el declarante a correrle con un asta en la mano, y le hizo huir a las otras cuadras, que no conoce a éste, pero el soldado José Manuel Guzmán, que estaba allí de centinela, podrá acordarse de él. –Y responde:
En este estado, y no teniendo más que añadir, mandó el señor Juez cerrar esta diligencia; y leída que le fue su declaración, se afirmó y ratificó en ella; que es de edad de treinta y un años, firmándola con dicho señor, de lo que doy fe.
Monteagudo. Juan Facundo Quiroga, Ante mí– José Gregorio Ximenez.
Acto continuo mandó el señor Juez comparecer al sub-teniente don José María Riesco, a efectos de carearle con el testigo que antecede; nuevamente descubiertos y reencargada a ambos la verdad, fueron interrogados; el testigo, si el hombre que tiene a la vista es el mismo por quién ha declarado y si se ratifica en ello. –Dijo: Que si, que es el mismo por quién ha declarado, y que lo vio armado en los términos que dijo. –Y reconvenido el reo con esta nueva deposición, que corrobora las anteriores, de que ya se le ha formulado cargos. –Dijo que se ratifica en su confesión, y que no ha tenido él en la refriega con hacha ni arma alguna. –Y de no quedar conformes, testigo y acusado, la firmaron con dicho señor de que dio fe.
Monteagudo. José María Riesco. Juan Facundo Quiroga.
Ante mí- José Gregorio Ximenez.89
En la documentación publicada por Gez se incorporan los testimonios de dos personas que estaban en San Luis al producirse la sublevación, que mencionan a Quiroga, pero ninguno de ellos estaba próximo a él. Manuel Álvarez, en un testimonio escrito que lleva fecha del 1° de septiembre de 1869, cincuenta años después de los hechos, dice que Quiroga se encontraba preso en el cuartel, que permanecía en libertad durante el día y que era jefe de los montoneros presos en la cárcel del cabildo.90 Juan Ruíz Ordoñez, único oficial realista que sobrevivió, seguramente por su corta edad, en carta a Mariano Balcarce se refería a la opinión de Quiroga sobre San Martín:
Quiroga, uno de los hombres más sanguinarios que conocí en aquellos países, siempre lo recordaba con respeto y a pesar de su modo de pensar, contrario a toda política, decía; “al único que dejaría mandar si estuviese en el país sería a él porque todos los demás han sido unos traidores. Nadie ha trabajado por su felicidad como el general San Martín”- y eso que había sido castigado por el General en sus travesuras en La Rioja, y cuando los acontecimientos de San Luis, estaba en el calabozo donde me destinaron después de presenciar la ejecución de mis infelices compañeros; allí le conocí personalmente, y cuando estuvo ese día el señor General, lo puso también en libertad. Más tarde se hizo General como estará Ud. enterado. Sin embargo, que fue nuestra casa muy perseguida, pero como tenía relación con él tuve la suerte de que no me fusilara a pesar de no haber tomado armas en su contra, pues no era menester hacerlo para merecerlo, logrando calmarlo hasta cierto punto, con las visitas y manifestaciones que le hacía, con lo que pude salvar los pocos intereses de casa que aún quedaban.91
La declaración de Ruiz Ordoñez, cuando se refiere a que compartió el calabozo con Quiroga después del fusilamiento de los prisioneros sublevados no es verosímil. Recoge la versión de la familia de Pringles, de quien era cuñado, muerto años después por las tropas de Quiroga. No resulta verosímil que Quiroga, que se destacó en derrotar la sublevación, fuese recluido en un calabozo. No se condice tampoco con la correspondencia que intercambió con el gobernador Dupuy. Ruiz Ordoñez dice que San Martín llegó a San Luis a los seis días y fue llevado a su presencia.92 San Martín se encontraba el 17 de febrero en Curimón, Chile, dirigiéndose a Mendoza93 por lo que recién pudo estar en San Luis a principios de marzo cuando ya Quiroga había abandonado la ciudad. Lejos estaba el general de poder ocuparse de alguna travesura ocurrida en La Rioja. No dispuso la libertad de Quiroga a quien no llegó a conocer.
El estudio del sumario instruido por Monteagudo con motivo de la sublevación, demuestra que Quiroga se encontraba en el cuartel y no en la cárcel. Que había en la cárcel montoneros y desertores presos, remitidos desde Córdoba que seguramente pertenecían a las fuerzas de Estanislao López y que muchos testimonios publicados por Gez dicen erróneamente que su jefe era Quiroga. Esa denominación, montoneros, no era utilizada para designar en esa época a las milicias de Quiroga; se designaba así a las fuerzas del Litoral y a las de José Miguel Carrera. Demuestra también el sumario que uno de los objetivos de los sublevados era ponerlos en libertad para que los apoyen.94 El reconocimiento al grado de Quiroga, capitán de milicias, indicaría que no estaba preso, aunque si en una condición especial ya que no tenía armas en su poder y debió recurrir a un asta para repeler la agresión de los sublevados.
En el Archivo de Quiroga no hay documentos que permitan determinar qué hacía Quiroga en San Luis; si efectivamente cumplía alguna comisión ordenada por el gobierno como sostiene Gaffarot o alguna otra misión. El último registro documental es la firma de un expediente el 28 de septiembre en Los Llanos95 y el siguiente es del 17 de abril de 1819.96 Es decir que durante casi siete meses no hay registros históricos sobre la actividad de Quiroga en La Rioja. En el Archivo Histórico de San Luis hay un documento en el que consta que, a Quiroga, al momento de producirse la sublevación, se le habían retenido bajo inventario las pertenencias y dinero que llevaba. No se explican las razones.97 El día 12 de febrero se le hizo entrega de todas sus pertenencias y seguramente dejó, ese día, la ciudad de San Luis.98 Como no existe constancia de que estuviese acompañado por alguna tropa, todo indicaría que se encontraba atendiendo alguna actividad privada cuando fue retenido en San Luis.99 En el lenguaje y reglamentaciones de la época diríamos que al arribar a San Luis no se le otorgó pasaporte para continuar moviéndose libremente. ¿Qué pudo haber motivado esa actitud del gobierno de San Luis? En el Archivo