Facundo Quiroga. Ramón Torres Molina
Ortiz de Ocampo registraba la desconfianza de Quiroga con relación a la presencia del batallón en la provincia de La Rioja, proponiendo distintas medidas de prevención:
Poner en movimiento las Milicias y que giren en observación a la retaguardia de aquellas tropas es dar a entender que se duda de la buena fe del Gobierno de San Juan y de las mismas tropas y esta imputación puede causar peores males que los que Ud. recela. A mí me complacen en sumo grado sus advertencias y su malicia que obran sobre el pie de los conocimientos que le suministran sus relaciones con San Juan, pero siendo necesario el pulso en materia de tanta trascendencia he tomado la providencia que le incluyo para que las Milicias estén prontas sin que las tropas lo sientan hasta que pasen, aunque yo voy con Ud. en que no han de venir por la tardanza hasta ahora.114
Durante julio y agosto siguió sin definirse la situación del batallón sanjuanino. En los últimos días de agosto ingresó en La Rioja y se enfrentó con las fuerzas del gobernador Ortiz de Ocampo quien fue derrotado en la Posta de los Colorados, firmando posteriormente una capitulación que no alcanzó a definir la situación. Quedaron así justificadas las advertencias de Quiroga. No hay constancias documentales sobre la posible participación de Quiroga en el combate de la Posta de los Colorados, aunque así lo sostienen algunos autores que siguen lo que escribió en 1900 Marcelino Reyes citando a Sarmiento. Las diferencias ya manifestadas entre los hermanos Ortiz de Ocampo y Quiroga indicarían que no lo hizo. Decía Reyes:
Corro y Aldao, bajo cuyo comando se encontraron los sublevados en el combate de “Los Colorados”, entraron triunfantes a la ciudad de La Rioja, que fue por varios días saqueada, pues el gobernador y los moradores habían emigrado a diferentes puntos. Solo el comandante Quiroga es el único que está dotado de vida propia, que no espera órdenes de nadie para hostilizar al enemigo, tiroteándolo, matando o haciendo prisioneros a los rezagados.115
Esta versión la repiten David Peña,116 Elías Ocampo117 y Pedro De Paoli.118 En el Archivo de Quiroga no hay ninguna referencia sobre la participación de Quiroga en el combate. La última comunicación que recibió Quiroga de Domingo Ortiz de Ocampo fue el 25 de julio, casi un mes antes del combate, no existiendo con posterioridad ninguna mención al combate de Posta de los Colorados del 20 de agosto de 1820. Francisco Ortiz de Ocampo retomó su contacto con Quiroga el 7 de septiembre.119 Si se tienen en cuenta las diferencias entre Quiroga y los hermanos Ortiz de Ocampo referidas a las medidas de seguridad que había que tomar antes del ingreso del batallón sanjuanino a la provincia de La Rioja y con relación a la recolección de ganado para su apoyo logístico, diferencias que también se manifestaron entre los oficiales de Quiroga y quienes respondían directamente a Domingo Ortiz de Ocampo, resulta muy poco probable su participación.
Un Manifiesto del gobernador Nicolás Dávila, que sucedió a Ortiz de Ocampo relata así los hechos:
…Una división respetable al mando del Comandante Don Francisco Solano del Corro, se dirige desde San Juan, a engrosar el Ejército de observación. Su tránsito es indispensable por el territorio riojano. Ocampo entra en el imprudente empeño de atajarle el paso, pone en movimiento su milicia y le arrostra una fuerza de ochocientos hombres. Es visto que este grupo era ineficaz para el intento; en vano Corro protesta al mismo Gobierno sus buenas intenciones. Este no le cree o afecta no creerle y determina encontrarle en la Posta de Colorados. La fuga de toda la milicia sucedió inmediatamente a la primera descarga que hizo una partida de la caballería de Corro. A la prudencia de este Comandante se debe que el campo no haya quedado sembrado de cadáveres, sin embargo que algunas víctimas se sacrificaron.
La división del citado Comandante sigue sus marchas, sin más oposición, y ocupa el pueblo. Por una orden anticipada del gobierno los vecinos habían desalojado sus casas y retirado a los campos y travesías. Corro hace alto por espacio de veinte días en los cuales son indetallables los robos, los saqueos, los desórdenes que se experimentaron así en el pueblo como en la campaña. Los oficiales milicianos se apoderaron de los bienes del vecindario para hacerlos servir a la obcecación del jefe, que había hecho punto de unión en Patquía. Las familias refugiadas en los montes estaban entregadas a la voracidad del hambre y a todos los rigores de la estación, al paso que sus casas eran saqueadas y sus granos servían de alimento a la caballería del vencedor. Se puede asegurar que la vida del pueblo tocaba ya a su triste ocaso. El Gobierno viene por fin a concluir una capitulación por la cual concede al Comandante Corro los auxilios que anteriormente le negaba con resignación.120
Durante el mes de septiembre el coronel Domingo Ortiz de Ocampo continuó dando instrucciones a Quiroga y a oficiales de la milicia exigiéndoles la reunión de ganado para apoyar los movimientos de las fuerzas de otras provincias que se encontraban en La Rioja, en particular la que se encontraba a órdenes de Aldao, con quien se acordó que volvería a Mendoza a poner a disposición del gobierno la fuerza que comandaba.121 El 21 de septiembre Quiroga informó desde San Antonio que la división de Aldao había llegado en perfecto orden.122 Quiroga, con la colaboración del capitán Araya, separó del mando a sus jefes destruyendo así lo que era considerado una fuerza armada independiente. Ordenó también la detención del coronel Ortiz de Ocampo y depuso al Gobierno de la Provincia.123
Años después Baltasar Agüero, quien había sido gobernador de la Provincia, resumía así esta etapa histórica:
Era fresca la sangre de estas víctimas, cuando se sufrió el tercero, al pasar el Regimiento N° 1 de los Andes por La Rioja al Perú comandado por el Coronel Corro. El Sr. Ocampo le negó el tránsito, saliéndole al encuentro con 800 hombres en los Colorados 25 leguas distante de la ciudad el 20 de agosto del mismo año 820. El Sr. Corro lo cargó, dispersó, y entró triunfante en el pueblo, que, estando yermo por orden del gobierno, y sus moradores emigrados a diversos puntos, fue saqueado, a salvo por 20 días, más o menos, de lo que resultó una extorsión tan grave a los intereses que no fue fácil calcular. A este tiempo a virtud que el Sr. Corro y su Comandante D. Francisco Aldao, se habían ocupado de opiniones contrarias, el primero siguió su ruta al Perú, y el segundo contramarchó a hostilizar a las Provincias de Cuyo y de paso se estacionó dos meses en Los Llanos, Departamento del Comandante Quiroga, quién, con 50 hombres de éstos y algunos milicianos se presentó en la ciudad, depuso al Gob. Ocampo, y fue colocado en su lugar el Coronel D. Nicolás Dávila. En seguida el expresado Comandante Quiroga llegó a Los Llanos, desarmó al Comandante Aldao, dio baja a la mayor parte de su tropa, y la restante quedó acampada en la Ciénaga por orden del Gobierno. No tardaron estas fuerzas en sublevarse contra su comandante Araya y fueron sofocadas por el comandante D. Tomás Brizuela. Entonces el general la rebajó toda como perjudicial a la provincia, y en su poder quedaron estas armas, las mismas que sirvieron en la campaña contra el caudillo Carreras.124
Estos hechos tuvieron vasta repercusión en las provincias de Cuyo y del Noroeste. Los gobernadores reconocieron la importancia de las acciones de Quiroga125 y Güemes escribió a Quiroga la siguiente carta:
Estimado paisano y amigo:
Con noticia de que la división Aldao ha sido desarmada y desecha por los bravos riojanos, escribo con esta fecha a ese Señor Gobernador, suplicándole me facilite las armas que se han tomado y alguna tropa, para engrosar mi ejército y abrir la campaña del Perú que tanto exigen las circunstancias. Con este motivo