Facundo Quiroga. Ramón Torres Molina
de 1976, lo había transformado en una discriminación al revés.
La disolución nacional había sido analizada por Sarmiento como proveniente de la barbarie, esa imagen encerrada en el atraso por su imposibilidad de acceder al pensamiento. Pero para la dictadura, el peligro de la disolución nacional era la posibilidad de pensar. ¿Qué había pasado?10
Era la época en la que la civilización quemaba libros, suprimía carreras universitarias, prohibía canciones y películas.
Ya en 1844, antes de la publicación de Aldao, Sarmiento había expresado con toda crudeza, la antinomia civilización y barbarie, el sentido de la dirección de la historia y sus concepciones racistas:
Porque seamos justos con los españoles. Al exterminar a un pueblo salvaje cuyo territorio iban a ocupar, hacían simplemente lo que todos los pueblos civilizados hacen con los salvajes, lo que la colonia efectúa deliberada o indeliberadamente con los indígenas, absorbe, destruye, extermina. Si este procedimiento terrible de la civilización es bárbaro y cruel a los ojos de la justicia y la razón es, como la guerra misma, como la conquista, uno de los medios de que la providencia ha armado a las diversas razas humanas y entre éstas a las más poderosas y adelantadas para sustituirse en lugar de aquellas que por su debilidad orgánica o su atraso en la carrera de la civilización no pueden alcanzar los grandes destinos del hombre en la tierra. Puede ser muy injusto exterminar salvajes, sofocar civilizaciones nacientes, conquistar pueblos que están en posesión de un terreno privilegiado, pero gracias a esa injusticia la América en lugar de permanecer abandonada a los salvajes incapaces de progreso está hoy ocupada por la raza caucásica, la más perfecta, la más inteligente, la más bella y la más progresista de todas las que pueblan la tierra. Así pues, la población del mundo está sujeta a revoluciones que reconocen leyes inmutables; las razas fuertes exterminan a las débiles, los pueblos civilizados suplantan en la posesión de la tierra a los salvajes…11
El febrero de 1845 Sarmiento publicó Aldao,12 texto en el que exhibía los hábitos violentos del caudillo mendocino, divulgando, en pocos párrafos, sus ideas sobre la civilización y la barbarie que el mismo año sistematizó en el Facundo.
Decía Sarmiento:
¿Qué nos pedirían para saber si éramos nación?... ¿Instituciones, luchas de ideas y de principios, de civilización y de barbarie, de libertad y de despotismo?13
Y también:
La barbarie de las masas elevó el Dictador, y la pobreza y la ignorancia de las provincias lo sostienen contra todos los ataques.14
Noé Jitrik recordaba, en el Prólogo a la edición del Facundo de la Biblioteca Ayacucho15, las obras de las que Sarmiento habría tomado sus ideas:
...En esta vía, podemos señalar (lo que muchos han señalado) que, por ejemplo, la idea de “civilización y barbarie” resulta de la simbiosis de dos conceptos previos, el primero sacado del novelista norteamericano James Fenimore Cooper, comentador de la conquista `civilizadora´ del Oeste, el segundo de las tesis sobre `guerra social´ formuladas por Victor Cousin en su Introducción a la Historia de la Filosofía; en cuanto al `grande hombre´ y su papel en la historia la idea procede de Hegel (Enciclopedia –1817– Filosofía del Derecho –1821– y Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal –1837–) a través de la tesis de Víctor Cousin sobre la génesis y función social del hombre representativo o el `grande hombre´ (1828) que integra su introducción a la Filosofía de la Historia; sobre la influencia del medio en el hombre, la fuente es Herder, conocidas después de las adaptaciones de Víctor Cousin, Quinet y Jouffroy, y apoyadas en las observaciones de Humboldt, de quien Sarmiento cita los Cuadros de la Naturaleza; en cuanto a las otras ideas beben su forma en las mismas o complementarias fuentes.16
El propio Sarmiento, en el Facundo, reconoció la influencia de esos autores. Sobre Cooper, a quien cita varias veces en el capítulo II, escribió:
El único romancista norteamericano que haya logrado hacerse un hombre europeo, es Fenimore Cooper, y eso porque transportó la escena de sus descripciones fuera del círculo ocupado por los plantadores al límite entre la vida bárbara y la civilizada, al teatro de la guerra en que las razas indígenas y la raza sajona están combatiendo por la posesión del terreno.17
Sin embargo, con anterioridad, durante el bloqueo francés, era común la utilización de ese antagonismo para justificar la agresión contra la Confederación Argentina por parte de las fuerzas francesas y sus aliados unitarios. En varias de las notas que se publicaban en la Revue des Deux Mondes, de difusión en los países hispanoamericanos, se equiparaba a los unitarios con la civilización.18 Es que justificar una alianza con una de las grandes potencias de la época contra el propio país –la alianza unitario-francesa– exigía una elaboración teórica que presentara la contienda como una cruzada por la civilización o por la humanidad. Los opositores a Rosas, durante la guerra colonial francesa, fundamentaron esa posición y simultáneamente los colonialistas franceses en la Revue…la difundieron bajo la antinomia entre civilización y barbarie.19 Durante el bloqueo anglo francés Félix Frías lo expresaba así:
Se ha dicho muchas veces y es preciso repetirlo porque es la verdad. En la contienda argentina están en presencia dos principios del todo opuestos y contradictorios; la civilización y la barbarie, el despotismo y la libertad. El partido de Rosas es el de la contrarrevolución; el que le resiste, el partido europeo como propiamente lo ha llamado M. Guizot.
Natural era que los hombres educados a la luz de la ciencia europea, y opuestos al atraso americano, se felicitaran de su aparición a su lado de la nación que más extiende la influencia de sus ideas en este mundo; y que venía a reivindicar los mismos derechos, de que los emigrados argentinos habían sido despojados. Esta alianza, lejos de dañar el crédito del partido que la aceptó, es, a mis ojos un bello antecedente; y ojalá que los futuros tuvieran siempre que lidiar en América no solo contra su naciente civilización, sino con la poderosa del viejo continente.20
En los debates en la Cámara francesa sobre la intervención en el Río de la Plata, Thiers sintetizaba la oposición civilización-ciudad y campaña-barbarie en los mismos términos que un año después tomó Sarmiento:
Sabéis que hay en los países poblaciones hostiles y rivales: es la población de las ciudades compuesta de gente civilizada, y la población de los campos compuesta de hombres que viven a caballo y conducen sus ganados. Y bien. Estas dos poblaciones desde que la América es independiente, se ha hecho una guerra interior de influencia, cuando no se ha hecho la guerra civil.21
Tal era la difusión de la idea que Tomás Brizuela, gobernador de La Rioja y sucesor de Quiroga como caudillo de los sectores populares de la provincia decía, al pronunciarse contra Rosas en 1840: …el infrascripto y el Pueblo Riojano nacieron argentinos, pertenecen a la civilización.22