Cuerpo. María Eugenia Restrepo Ramírez

Cuerpo - María Eugenia Restrepo Ramírez


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posible expresar un determinado modo de ser en circunstancias específicas mientras deviene otro. Esta conexión permite configurar al individuo tridimensional (potencia, modo y relación) en el rizoma, porque es allí donde se esboza la ética relacional.

      Deleuze (2005) plantea los géneros de conocimiento como maneras de vivir, dado que implican cierto grado de conciencia sobre lo que el cuerpo puede. Es posible vivir sin saber por qué nos afectan otros cuerpos de una manera y no de otra; así, se reacciona al devenir de la vida sin comprender las razones por las que surgen resultados determinados de los encuentros, ubicados en el primer género: el conocimiento de los efectos que otros cuerpos producen en el propio cuerpo.

      Un segundo género de conocimiento permite hacer conciencia sobre las causas de los efectos que producen otros cuerpos en el propio y ello ofrece un conocimiento sobre la potencia, es decir, lo que efectivamente puede hacer y padecer el cuerpo en circunstancias específicas. El tercer género de conocimiento permite conocer en un instante todo lo que se es capaz de ser, la expresión plena de la potencia. Cada género implica una manera de afrontar la vida; por su parte, las líneas tienen que ver con las seguridades que nos sustentan (líneas duras) y las inseguridades con las que estas líneas duras se cruzan a cada instante (líneas moleculares), deviniendo unas en otras como un flujo de intensidades; además de los cambios sin vuelta atrás (líneas de fuga) que sacan a relucir toda la potencia.

      La ética relacional evidencia la cercanía entre estas líneas y las dimensiones del individuo (potencia, modo y relación) de la misma manera en que Deleuze vincula los géneros de conocimiento con estas dimensiones. Esta cercanía será clara al comprender las dimensiones que confluyen simultáneamente en el individuo. La potencia de ser y hacer implica un flujo inversamente proporcional entre la potencia de actuar y la de padecer, de modo que la potencia es siempre la misma, pero, en ocasiones, las circunstancias permiten que se exprese, que actúe afectando a otros cuerpos, o que se inhiba para padecer el efecto de ellos. El modo tiene que ver con la manera en que es posible expresar esa potencia; hay infinidad de posibilidades que varían entre la expresión plena de la potencia, evidenciada en una línea de fuga, y la inhibición plena de la misma, la cual podría implicar la destrucción del cuerpo. Esta variación se observa en los diferentes ámbitos en los cuales puede expresarse la potencia. La relación tiene que ver con la manera en que se consolidan esos términos heterogéneos para componer la totalidad significante que configura al individuo, de forma tal que es la relación que aglutina las partes de un modo particular la que marca la diferencia entre cuerpos, igual que un hombre se diferencia de otro.

      Nos parece que la filosofía de Deleuze, en lo que tiene de propio, culmina en la invención de una nueva ética que se calificará por su objeto de ­diversas maneras, ética del deseo, de las multiplicidades, del acontecimiento, de los devenires, del nomadismo, etc., pero lo importante es alcanzar el hilo que mantiene juntos estos diferentes aspectos y sobre todo comprender que ella se sitúa al costado de lo político y de la historia. (p. 139)

      Situarse al costado de la política y la historia significa, según Mengue (2008), una plena ética de la creación contra el poder de la opinión y de los ­diferentes consensos, contra las opiniones mayoritarias. En ello concuerda la ética ­relacional, en cuanto creativa, porque no se conforma con lo establecido. No podría hacerlo porque toda ética construida a partir del sistema deleuziano será para el hombre el pleno devenir, un hombre que es cada vez siempre otro y cuya posibilidad de expresión de su potencia depende del contexto, de su ­naturaleza y de las circunstancias en las cuales deviene a cada instante. Este hombre requiere una ética creativa y, como propone Mengue con ­base en ­Deleuze, “una ética de la vida viviente e inventiva, de la vida liberada y ­múltiple, de la liberación de la vida” (p. 139).

      ¿Por qué partir de Deleuze? Porque ofrece un replanteamiento filosófico del mundo que aventura a un horizonte particular en el cual la tradición deviene “otra cosa” al hacer rizoma con el mundo. Para Deleuze: “Pensar no tiene otro sentido que inventar nuevas posibilidades de vida, es decir, nuevas formas de pensar y sentir” (Mengue, 2008, p. 40). Por ello, su sistema filosófico crea conceptos que oponen resistencia; traza mapas que dibujan nuevas formas de pensar, sentir y vivir. Y esa comunidad entre la filosofía y la vida conduce hasta Deleuze. De su mano se alcanza una noción de cuerpo que se ocupa de presentarse a otros cuerpos de manera compositiva. Con Deleuze, el cuerpo comprende lo que puede para relacionarse con otros cuerpos de maneras que fomenten la expresión de todo lo que puede ser y hacer. Un hombre enfocado en incrementar su potencia de actuar no se enfrasca en competencias inútiles, comprende que al potenciar su propio cuerpo se potencia la sociedad y todos ganan. Por tanto, usa el mapa que revela el modo en que le afectan otros ­cuerpos como guía hacia una “vida afortunada”.

      1 Los cuerpos son multiplicidades, flujos de intensidades que se individualizan, por eso se habla sin distinción de cuerpos o individuos. Como indican Deleuze y Parnet (2004), los cuerpos hacen relación a un grupo o a una persona. En cualquier caso, constituyen un agenciamiento de sus partes, una multiplicidad que se relaciona en el rizoma con otras multiplicidades.

      2 En Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), Deleuze (2007) aclara que el deseo es un proceso, no una estructura; un afecto, no un sentimiento. El proceso por el cual una cosa deviene otra. Como un hombre y su mascota, el deseo hace devenir mascota al hombre y hombre a la mascota, de modo que se configura una línea hombre-mascota, una relación que les hace posible, por ejemplo, expresar el modo de ser mascota de la mascota.

       Capítulo 1 El cuerpo como potencia de conectividad

      La idea cobra amplitud cuando se entiende que Deleuze (1975) plantea el cuerpo como una triada expresiva que se presenta como: “La esencia como grado de potencia; la relación característica en la que se expresa; las partes extensivas subsumidas en esta relación, y que componen la existencia del modo” (p. 208). Las partes extensivas, —términos heterogéneos—, que componen un cuerpo y constituyen el modo particular en que la naturaleza se expresa en ese individuo permanecen unidas gracias a la relación que establecen entre ellas. Esta relación caracteriza a cada individuo de forma tal que el conjunto de partes extensivas se vincula de una manera única; además, la relación expresa su grado de potencia, es decir, su capacidad de ser afectado de múltiples maneras, lo cual implica la potencialidad de experimentar encuentros y la capacidad de sentir


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