El arte obra en el mundo. Doris Sommer

El arte obra en el mundo - Doris  Sommer


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tráfico. (El tráfico de drogas y la violencia urbana mostraban la misma asimetría entre la intolerancia legal, la ambivalencia moral y la aceptación cultural). Pero tanto los mimos que se burlaban de los infractores como las estrellas conmemorativas de muertes violentas que interceptaban a los peatones incautos lograron desfamiliarizar las prácticas cotidianas, aumentar el respeto por las leyes de tránsito y disminuir el prestigio cultural que antes suscitaba ignorar la ley. Así, estos tres códigos se alinearon cada vez más.

      Figura 1.3. «Súper-Cívico». Fuente: Archivos de El Tiempo, Bogotá, Colombia.

      Los programas de los gobiernos tienden inevitablemente a encasillar la creatividad en formas armónicas, y por esta razón las concepciones oficiales se acercan a la censura. Se entiende por qué los artistas se niegan muchas veces a aceptar las prioridades impuestas y defienden su libertad de disentir o de ignorar de entrada los intereses oficiales45. Entre estos artistas estaba Víctor Laignelet, distinguido pintor colombiano quien había mantenido su distancia frente a las propuestas del gobierno, hasta que Antanas Mockus lo hizo pensar al respecto: «Me pregunté qué se ganaría y qué se perdería si trabajaba con el nuevo alcalde en una ciudad que estaba al borde de la desesperación. Mi conclusión fue que valía la pena apostar por Antanas. Porque él no instrumentaliza el arte con un fin predeterminado, como la mayoría de los políticos, sino que promueve el debate y la interpretación polisémica a través del arte. En todo caso, la total libertad artística tiene poco sentido en una sociedad violenta que carece de libertad de movimiento y le pone límites a la exploración»46.

      El mismo Mockus cuestionaba la ilusión de una libertad sin restricciones en un país tan caótico como Colombia. «En los Estados Unidos o en Canadá yo sería tal vez un anarquista. Mi ambición es que mis nietos tengan en Colombia la opción de ser anarquistas en el futuro, porque hoy en día y en el corto plazo nadie se daría cuenta si lo fueran». Desde esta condición límite de la ausencia de legalidad, Mockus interrogó a Jean-François Lyotard cuando el filósofo francés visitó Bogotá en 1995. El filósofo local le preguntó al invitado por su opinión respecto a las prioridades para Colombia: la obediencia a la ley o el uso del propio albedrío con el fin de preservar la flexibilidad política. La acuciosa pregunta hecha desde la sede de la alcaldía representaba un riesgo para la campaña de Mockus contra los «atajos» que se tomaban tanto para cruzar la calle como para comprar votos. Es que el libro de Lyotard La condición postmoderna, que era una defensa apasionada a favor del escepticismo contemporáneo que estuvo mucho tiempo de moda, recomendaba un método científico flexible y pragmático para poner a prueba hipótesis que solo son válidas mientras sean útiles. Lyotard sostenía que los científicos no deben establecer leyes fijas y que nadie más debía hacerlo. Pero allí, en ese momento en Colombia, cuando Mockus le pidió su opinión sobre aquella situación límite, Lyotard se pronunció de manera sorprendente, para algunos, a favor de la obediencia frente a la ley47. El mismo espíritu de pragmatismo lo llevó a modificar su postura.

      Riesgos y resultados

      Si se le pregunta a Antanas Mockus cómo llegó a concebir la idea de utilizar el arte para la educación ciudadana, es posible que humildemente se olvide de mencionar la tesis que escribió cuando estudió filosofía, en la que rastrea el poder de la representación artística (art-ifical) para mediar entre la percepción personal y la comunicación interpersonal. Publicada en 1988, la tesis describe un trayecto que va desde los logros de Descartes en el uso de artificios y representaciones lingüísticas para alcanzar la claridad conceptual, hasta las invitaciones de Habermas a la acción comunicativa. Habermas sostiene que a través de la representación del juego de las posiciones en conflicto se puede llegar a construir principios universalmente válidos48 (Augusto Boal trataba toda representación como teatro, es decir, actuar y saber que se está actuando49).

      Sea que mencione o no su significativa contribución a la filosofía, Mockus no se olvida de atribuirle sus primeros contactos con el arte a su madre, una escultora y ceramista que crió sola a dos hijos, gracias a su fuerza y su talento, después de la temprana muerte de su marido. Nijole Šivickas Mockus es una inmigrante lituana de delicadas proporciones físicas y una sólida determinación, quien continúa trabajando en inmensas y dinámicas esculturas en cerámica, aunque ya transita los ochenta años de edad. Antanas fue el asistente de su madre desde muy joven. Ella le pediría, por ejemplo, que incrementara el tamaño de una pieza que estaba trabajando en un 10%. Años después, Mockus lanzó una campaña llamada «110% por Bogotá», en la que animaba a los ciudadanos a pagar un poco más de los impuestos que debían para aumentar el recaudo municipal. Mockus le explicó a los votantes en su primera campaña electoral que la ciudad necesitaba más dinero para desbloquearse y reconstruirse. Prometió, sin amenazas, que aumentaría los impuestos con el fin de financiar las obras públicas urgentes, pero el intransigente Consejo Municipal se negó a aceptar el aumento. Mockus respondió con un chiste irresistible en forma de una consigna contradictoria: «Impuestos voluntarios». De manera casi increíble, en una ciudad en la que la corrupción administrativa había convencido a los ciudadanos de la inutilidad de pagar impuestos, más de 63.000 familias pagaron más de lo que debían, agregando un 10% para financiar proyectos específicos, como parques, hospitales, transporte y otros. Estos ciudadanos tenían confianza en que su alcalde no iba a robarse el dinero.

      Figura 1.4. Baja en las cifras de homicidios. Gráfico realizado por Sumona Chakravarty.

      Desde el momento en el que se encargó de la alcaldía hasta el final de su segundo periodo, la recaudación de impuestos en Bogotá aumentó de manera astronómica, en casi un 300%. Durante el mismo periodo se produjo una baja abrupta en el número de homicidios (67%) y en las muertes causadas por accidentes de tránsito (51%). En 1995 fue fundado el Observatorio de la Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Bogotá, con el fin de recolectar y analizar encuestas relacionadas con las actitudes y el comportamiento de los ciudadanos. Sus datos fueron corroborados por estudios independientes50. Los programas adelantados por la alcaldía se diseñaron tomando en cuenta los resultados específicos de las encuestas y, a partir de allí, se utilizaron nuevas encuestas para decidir si los programas debían continuar, cambiar o descontinuarse51. Los resultados de estas evaluaciones se daban a conocer al público continuamente, lo que producía a su vez un efecto de retroalimentación que hacía que los ciudadanos participaran cada vez más al darse cuenta de que su opinión se estaba midiendo52. Además de los análisis cualitativos preparados por sociólogos, antropólogos y politólogos, los economistas y especialistas en estadística del observatorio presentaron informes cuantitativos que alcanzaron a curar mi alergia humanística a las estadísticas. Los números son tal vez la evidencia más elocuente de los efectos estéticos que produjo la administración de Mockus53.

      Figura 1.5. Aumento en la recaudación de impuestos. Gráfico realizado por Sumona Chakravarty.

      Los resultados bien documentados de la cultura ciudadana prueban que el cambio positivo es posible, incluso en las condiciones más difíciles. Mockus mostró estos argumentos con aplomo y modestia durante un momento inolvidable del curso de «Ficciones fundacionales» que enseñamos juntos. Habíamos invitado a Homi Bhabha a hablar sobre Frantz Fanon, un autor sobre quien Bhabha había escrito de manera brillante. En la charla se hizo referencia a Antonio Gramsci, quien pensaba que las oportunidades de cambio aparecían en los márgenes del gobierno, bajo su radar oficial, en las grietas y las contradicciones que existen entre el gobierno y las fuerzas opositoras. Esta era una imagen que funcionaba muy bien dentro de la teoría gramsciana de la «guerra de posiciones» que se lleva a cabo en condiciones históricas «ricas en contradicciones» culturales54. Mockus escuchó a Bhabha atentamente, como escucha a todo el mundo, y luego hizo un solo comentario: «También dentro del gobierno hay grietas y contradicciones en las que es posible llevar a cabo una guerra de posiciones a través de la persuasión cultural y de prácticas alternativas». Mockus era aquí un observador participante, con suficiente experiencia e imaginación para aterrizar las intuiciones de Gramsci en una política reformista


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