Adoles(seres). Guillermo López
que apacigua su urgencia, lo que lo fuerza a analizarse”, (58) “es que puede hacer con sus casos de urgencia, el par”. (59)
La clínica psicoanalítica entonces no parte de una interrogación que se hace desde afuera de la experiencia, sino que emerge de la más íntima experiencia del analista en tanto es o fue analizante. Para estar a la altura de la clínica de la orientación a lo real, es necesario haber pasado por la propia experiencia de lo imposible de soportar, no solo localizando y estableciendo la lógica significante del síntoma, sino extrayendo lo que él conserva de trauma, como goce imposible, y a su vez encontrar un modo de arreglo, sinthomático, que resuelva la urgencia.
Esta investigación parte entonces de las consultas de adolescentes frente a un imposible de soportar, una urgencia del cuerpo o del pensamiento, cuya especificidad localizamos en el despertar a lo real, despertar al trauma sexual, que pone a prueba las respuestas que el sujeto ya tenía. Respuestas que muchas veces ya no son óptimas para los nuevos desafíos, con lo cual debe recrearlas, reconstruirlas. O bien, inventar respuestas nuevas, cuando no las tiene.
Esta investigación es una transmisión de los resultados del psicoanálisis aplicado a casos de jóvenes que consultaron en forma privada, al dispositivo de Pausa, o a servicios de atención hospitalaria de adolescentes.
Estos jóvenes son sus propios clínicos en tanto el despertar sexual vivido como trauma, tuvo consecuencias en sus cuerpos o en sus pensamientos, que experimentaron como insoportables y que los llevaron a consultar. Tal como señala Miller: “El síntoma toma la forma de la clínica cuando resulta imposible de soportar y si esto no sucede uno se las arregla, lo que no significa que no tenga esos síntomas”. (60)
La pubertad en tanto pone en juego a flor de piel lo que no marcha entre los hombres y las mujeres, el no hay relación sexual, es un momento especial, en que el sujeto verificará si se las puede seguir arreglando con lo que tiene para afrontar el encuentro sexual. O tendrá que recrear sus propios fantasmas o bien inventar síntomas, usando el objeto dúctil del psicoanalista como par. En ese sentido la pubertad vivida como trauma sexual, pone a prueba el anudamiento de un joven, provocando muchas veces la eclosión de una neurosis o el desencadenamiento o desenganche de una psicosis, que hasta ese momento se sostenían sintomáticamente. Se podría afirmar que la pubertad pone a prueba la estructura de un sujeto –si lo pensamos en términos de la clínica estructural–; o bien la consistencia del nudo RSI –si tomamos la clínica del síntoma o clínica de los nudos–.
7. Clínica de la orientación a lo real en la adolescencia
La orientación por lo real en la clínica de adolescentes no es la orientación por lo simbólico. Esta preocupación de Lacan está desde sus orígenes, al interrogar la práctica analítica apuntando a prescindir del Otro del Otro, es decir la figura del padre que introduce Freud con el Edipo.
En un texto reciente Amadeo de Freda plantea: “Freud se ocupó particularmente de los adolescentes, con el fin de poner de relieve los avatares del Edipo y sus consecuencias (…) a esta etapa de la vida la caracteriza como un momento de pasaje que se manifiesta en un cierto rechazo a la figura del padre, acompañado a un deseo de separarse de él. Dicha separación se inscribió dentro de lo que Freud consideró un homenaje al padre, que es aquello de lo que el adolescente quiere deshacerse. Se trata de una rebeldía dentro del Edipo una rebeldía orientada”. (61)
Amadeo afirma que lo que observamos en la clínica actual del adolescente es “una rebeldía dentro de la desorientación”, una rebeldía fuera del Otro, y agrega que el adolescente lacaniano como adolescente de hoy a diferencia del adolescente freudiano, no quiere sacarse al padre de encima, ya que tal vez no hay un Otro consistente sino más bien
“el tiene que hacerse un padre a la altura misma de su fracaso”. (62)
Atento a este texto, del cual Miller escribió su prólogo, plantea unos días antes en su Intervención en las Jornadas del niño: “es sobre los adolescentes que se hacen sentir con mayor intensidad los efectos del orden simbólico en mutación y ante todo la decadencia del patriarcado”, y agrega: “El padre se volvió una de las formas del síntoma, uno de los operadores susceptibles de efectuar un nudo de tres registros. Dicho de otro modo, la función que le era eminente es degradada conforme las limitaciones naturales son rotas por el discurso de la ciencia. Ese discurso, que nos ha llevado a las manipulaciones de la procreación, ha producido también que, vía los gadgets de comunicación, la transmisión del saber y las maneras de hacer, de un modo general, escapen a la voz del padre. Los registros tradicionales que enseñaban lo que conviene ser y hacer para ser un hombre, para ser una mujer, retroceden. Intimidados ante el dispositivo social de la comunicación, son destituidos”. Miller agrega que el hundimiento del Nombre del Padre, no su desaparición, tiene efectos de desorientación que afectan a los adolescentes de hoy. (63)
Este es el estado de situación. Podemos sintetizarlo con la afirmación de que en la clínica actual y específicamente en la clínica de los adolescentes de hoy no podemos valernos de supuestos suplementarios como los del Nombre del Padre o el Edipo, en tanto muchas veces no contamos con dichas herramientas simbólicas.
En tanto el psicoanálisis es un lazo social entre dos, analizante y analizado, la clínica de lo real debe estar a al altura de la subjetividad de la época.
El Nombre del padre fue una forma de la cultura que en tanto artificio permitió atemperar lo real como imposible de soportar. En esa dirección Miller señala en “Una fantasía”, que la moral civilizada erigida en el Nombre del padre daba al sujeto una brújula, un punto de apoyo a los desorientados, “para hacer existir la relación sexual, había que frenar, inhibir, reprimir el goce”. (64)
En la sociedad de hoy ya no contamos con la brújula de la ley del padre, sino que lo que la rige es la ley del mercado sostenida en los objetos de consumo. La propuesta de Miller es que lo que pasó a comandar la sociedad actual, con el discurso hipermoderno es el objeto a, en tanto gadget, objeto de consumo. Los objetos tecnológicos que la sociedad capitalista de hoy produce y renueva incesantemente, invitan a un empuje constante de satisfacción. Esta dictadura del plus de gozar, nuevo malestar de la civilización, desgasta la naturaleza, hace desfallecer al matrimonio dispersando las familias.
Frente a este estado de situación, en esa conferencia, Miller señala que uno de los peligros del psicoanálisis es replegarse en una clínica que intente reactivar el discurso del amo, volver a poner al amo en su lugar, ironizando dice: “Y quizás mañana tengamos un psicoanálisis cuyo objetivo sea reconstruir el inconsciente de antaño (…) veremos psicoanalistas tratando de reconstruir el inconsciente de papá, el inconsciente de ayer…”. (65)
Llegados a este punto: ¿qué orienta en la clínica de los adolescentes de hoy? ¿cuáles son las bases para una práctica que se oriente por lo real?
En su Intervención en el Teatro Sorano, a nuestro modo de ver, Miller propone que la vía de desembarazarse del padre en la clínica, es la orientación que nos brinda el fantasma. Apelando a Una semana de vacaciones de Angot y al tratamiento que Lacan hace de Shakespeare en el Seminario 6, plantea que el padre en sí mismo enferma, y que la única brújula de orientación del deseo no es la del padre. (66)
Lacan decíamos intenta desembarazarse del padre para orientarse por los imposibles intrínsecos al psicoanálisis mismo, imposibles que puso en juego el final del análisis: fantasma y sinthome. Afirmamos anteriormente que la clínica de la orientación a lo real se articula en tanto práctica (psicoanálisis aplicado) a la experiencia del psicoanálisis mismo (psicoanálisis puro), en tanto toma de este los imposibles que la orientan. Imposibles que no funcionan al modo de límites sino de imposibles demostrados.
Se tomará entonces estos dos imposibles fantasma y sinthome para pensar el psicoanálisis orientado a lo real en la clínica psicoanalítica con adolescentes.
Respecto al fantasma, y la forma que toma en la actualidad: su vacilación generalizada, hablaremos con detenimiento en el segundo capitulo. La hipótesis, es que la perpetuación de la adolescencia, está vinculada a la dificultad en los adolescentes de hoy de contar con