Adoles(seres). Guillermo López
cargado de conflicto, más bien pasaban de golpe de la infancia a responsabilidades adultas. En las tribus antiguas, los jóvenes no se hacían hombres por sí mismos, existía todo un artificio social, para ese pasaje o transición, los ritos de iniciación. (50) Estos ritos son un conjunto de enseñanzas orales que tienen como finalidad la modificación radical de la condición no solo sexual, sino también religiosa y social del púber. Estas enseñanzas eran transmitidas en general por miembros elegidos de la tribu como maestros. Mircea Eliade en Iniciaciones místicas plantea que en todo rito, los actos humanos tienen un modelo de legitimación religiosa o cultural proveniente de los antepasados. El rito de esta manera perpetúa y legitima los fundamentos religiosos y culturales de la tribu. (51)
A grandes rasgos las ceremonias de iniciación de la pubertad constaban de tres pasos: 1) separación de los niños de sus madres; 2) aislamiento en un campo para ser adoctrinados; 3) se somete al joven a operaciones en el cuerpo, las más frecuentes son: la circuncisión, la extracción de un diente o mechones de pelo, las incisiones o escarificaciones. También en ocasiones se les imponen actos de riesgo como saltos o salidas de caza. Luego de atravesar las pruebas, el joven se reintegra a la comunidad como un adulto, con un nombre nuevo y algún tipo de marca para ser reconocido como tal por la tribu.
Los ritos de iniciación en tanto artificios sociales constituyeron durante mucho tiempo una orientación simbólica y como tales permitían un anudamiento del cuerpo al orden social. Los ritos hacían nudo de lo simbólico, lo imaginario y lo real. El rito brindaba un saber seguro, consensuado y operatorio, que permitía a los jóvenes el pasaje de los más íntimo –la cuestión sexual– a lo público.
En las sociedades modernas el Orden simbólico se mantuvo vigente, con la constitución de la familia nuclear este pasaje a través de actos rituales comenzó a depender de la familia en sí, y del padre, como agente de una función, la castración. Era la época de una moral civilizada, en que primaba una ética del sacrificio y de la renuncia pulsional del individuo en pos del bien común. En esta época el padre encarnaba el lugar de agente que brindaba los S1 de la tradición que organizaban y ordenaban la familia, los grupos y las comunidades. (52)
La sociedad actual posmoderna, no brinda artificios simbólicos, no hay ritos que permitan hacer ese pasaje sin dudas o conflictos a la adultez. Más bien la época actual parece promover una adolescencia sin fin. La adolescencia hoy parece extenderse como un tiempo para comprender, que no alcanza nunca su punto de capitón. En la época del Otro que no existe, ningún acontecimiento simbólico socialmente marcado, brinda al joven la certidumbre de haber abandonado su adolescencia y de haberse convertido en hombre o en mujer. Ningún S1 parece tener relevancia como para oficiar de marca simbólica que de entrada al mundo adulto. Todos los S1 aparecen juntos y se licúan unos con otros: títulos secundarios desvalorizados, ceremonias religiosas indiferentes, primeros trabajos precarizados, servicio militar inexistente, hablan de una pulverización de las marcas simbólicas.
Por otro lado en la era del hiperconsumo el padre ya no es más lo que era, por dos causas: a) el avance del discurso de la ciencia que reduce al padre a lo meramente biológico (hoy no es necesario un hombre ni un padre para tener un hijo y constituir una familia) y b) el discurso capitalista, que produjo una sustitución de la ley del padre por la ley del mercado. Lo que regula las relaciones entre los hombres hoy no es la autoridad del padre o de la ley, sino el imperativo de goce, bajo la ley del mercado.
Tal como señala Miller en “Una fantasía” lo que rige a la sociedad de hoy es el discurso hipermoderno, cuya brújula es el objeto a, plus de gozar, empujando a todos al goce sin inhibiciones, desarmando la familia, desintegrando las parejas, desestabilizando todos los semblantes sociales.
Los jóvenes de hoy ya no acuden al Otro del saber al que no respetan, sino a lo que tienen en su bolsillo, sus pequeños –falsos– objetos a, los gadgets, objetos prediseñados que la sociedad capitalista ofrece. Es en Internet, a través de las redes sociales, en constante renovación –para esquivar la mirada indiscreta adulta–, donde los jóvenes canalizan su malestar, las dudas sobre su identidad, donde hacen evaluar su imagen, sus looks o sus gustos, haciéndose reconocer o rechazar, por sus semejantes, en una sociabilidad algunas veces solo virtual e imaginaria.
6. Hacia una clínica de la orientación a lo real con adolescentes
En principio habría que interrogarse porqué usar el término clínica para dar cuenta de esta investigación. Utilizamos este término siguiendo a J.-A. Miller y J. Lacan, tanto por razones políticas como epistémicas.
RAZONES POLÍTICAS
Miller formó un grupo en el año 1973, en torno a las Presentaciones de Enfermos de Lacan en el Hospital de Henri Rousselle, al que llamó Círculo de Clínica Psicoanalítica. Las presentaciones de enfermos se realizaban cada quince días, y el grupo también se daba cita alternadamente para comentar esas presentaciones. Ese grupo fue el preanuncio de la Sección Clínica de París, que fue creada por Miller y su grupo el 5 de enero de 1977, en el Departamento de Psicoanálisis de la Universidad de París VIII. (53) La Sección Clínica representó a los jóvenes que vinieron a renovar a la Escuela Freudiana de París.
Con la disolución de la EFP, Lacan encomendó a ese grupo de jóvenes que cambiaron el psicoanálisis lacaniano y que se reunían en torno al significante “clínica”, la creación de la Escuela de la Causa Freudiana. Tal como señala Graciela
Brodsky: “El significante clínica fue la bandera, incluso la solución que esa generación encontró para hacerse un lugar entre los psicoanalistas establecidos, que tenían dificultades para orientarse una vez que Lacan se distanció del estructuralismo y de la función y el campo de la palabra y el lenguaje”. (54)
Siguiendo esta línea de renovación de la Escuela y en función de una orientación por la última enseñanza de Lacan, es que escogemos este significante clínica, de la orientación a lo real, como brújula para pensar la especificidad de lo real en el psicoanálisis con adolescentes.
RAZONES EPISTÉMICAS
Lacan no hace coincidir la experiencia de un análisis con su práctica y tampoco con la clínica psicoanalítica. La formación central de un analista pasa por la experiencia de su análisis. Lacan señala en Televisión que la práctica no tiene necesidad de ser esclarecida para operar. Ambas experiencia y práctica pueden permanecer en la obscuridad del consultorio, o pueden ser interrogadas e iluminadas por la clínica respetando la opacidad de lo real. Lacan afirma en la Apertura a la Sección Clínica de París, “la clínica psicoanalítica debe consistir no solo en interrogar el análisis, sino en interrogar a los analistas, a fin de que den cuenta de aquello que su práctica tiene de azarosa, que justifique a Freud haber existido”. (55)
Lacan hizo de la interrogación sobre la experiencia de un análisis lo propio de su enseñanza, al crear el dispositivo del pase. Por su intermedio y a través de él se interroga al analizante (no al analista) acerca los impasses de la experiencia de un análisis, que llega hasta el final.
Lacan conmina a los analistas a que den razones de su práctica, los invita a una enunciación sostenida en un saber precario, saber inconsciente, saber que hizo valer Freud como certeza de lo real en los bordes del olvido.
La clínica psicoanalítica en términos de Lacan debe interrogar a la experiencia de un análisis, es decir al psicoanálisis puro a través del dispositivo del pase y a la práctica del analista, o sea al psicoanálisis aplicado a la terapéutica.
Pero nos interesa resaltar una definición de la clínica que da Lacan en el anuncio de la Creación de la Sección Clínica de París: “La clínica es lo imposible de soportar. El inconsciente es la huella y a la vez el camino por el saber que constituye: haciéndose un deber repudiar todo lo que implica la idea de conocimiento”. (56)
La clínica como imposible de soportar, es la que pone en juego aquel que nos consulta o nos llama (en el caso de los adolescentes muchas veces los padres o familiares), tal como dice Brodsky “aquel que llamamos impropiamente el paciente, puesto que para él lo imposible de soportar se presenta como urgencia, como desborde del cuerpo o del pensamiento”.