ONG en dictadura. Cristina Moyano
debates sobre la transición a la democracia, centró su atención en “reaprender la democracia” y, al mismo tiempo, en torno a la necesidad de generar consenso con relación a los cambios que se deberían producir en democracia en el sistema educativo nacional.
Todos los casos que se abordan en este libro fundamentan que en el contexto dictatorial y la lucha por la recuperación de la democracia se produjo un proceso de revinculación entre la figura del intelectual, su rol en la sociedad civil y su compromiso militante. En ese plano, muchos actores del período abandonaron sus tiendas político-partidarias y, aunque mantuvieron algunas de sus redes, articularon identidades opositoras más laxas, que se tensionaron cuando el retorno de los partidos se hizo evidente y la transición se definió de manera pactada y con forma de democracia protegida.
Los debates sobre el rol del intelectual en una sociedad democrática orientaron horizontes de expectativas. Desde la autonomía y el pensamiento crítico a la colaboración tecnocrática mostraron que la identidad opositora y la consolidación de prácticas políticas renovadoras no tuvieron una sola posibilidad. Las posturas más pragmáticas, “coincidentes con el cambio de sensibilidad del país”44, que enarbolaban el “fracaso que producía la estrategia de movilización social, la que generaba cada vez más escenarios de corte abiertamente insurreccional, optaron por enfriar el carácter ideológico opositor” y “convencer a los políticos de aceptar el itinerario transicional impuesto por la dictadura, vale decir, la Constitución de 1980 y el plebiscito”45. Por otro lado, aquellos que planteaban la necesidad de consolidar la autonomía de los movimientos sociales, el fortalecimiento de la sociedad civil y reconstruir la cultura política popular incorporando componentes solidarios, emancipadores y soberanos, cuestionaron las formas que iba adquiriendo la transición y los contenidos sociales que fundamentarían la democracia recuperada46.
Con todo, los años ochenta fueron un momento particular en la producción intelectual y en la reconfiguración de un campo que no logró sobrevivir durante la transición a la democracia. Las razones son múltiples y van desde los problemas para conseguir financiamiento, hasta la incapacidad por instalar un espacio donde la función intelectual-académica pudiera extenderse y justificarse más allá de la lucha contra la dictadura. Otras razones exceden el espacio nacional y refieren a las transformaciones en las maneras de producir conocimiento, en las que la disputa por recursos y las dinámicas de producción en revistas indexadas internacionales, la posgraduación y la consolidación de una mercantilización globalizante del saber reubicaron el espacio académico en las universidades, desdibujando a los actores que permanecieron en la sociedad civil.
Así, aunque “visibilidad y actividad no garantizan influencia”47, las ONG y sus intelectuales posibilitaron la restauración de la crítica, la opinión pública y revincularon a la ciencia social con la sociedad, le entregaron un sentido político a la construcción de saber y a la reconquista democrática. Análisis sociales que se escribían para posibilitar cambios, para construir argumentos, para ayudar a la reconstrucción de la asociatividad popular, para fundamentar decisiones políticas o para articular sentidos comunes en una futura democracia, fueron lo corriente y lo deseado en estos años. Revisitar ese momento, ese campo y a esos actores es una invitación para reflexionar sobre el sentido de producir ciencia social e historia en estos años.
1 Doctora en Historia, Académica del Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile.
2 Doctor en Historia, Académico del Departamento de Historia de la Universidad de Santiago de Chile.
3 Gilman, C. (2003). Entre la pluma y el fusil. Debates y dilemas del escritor revolucionario en América Latina. Buenos Aires: Editorial Siglo XXI, p. 16.
4 Ibid., p. 17.
5 Brunner, J., y Barrios, A. (1987). Inquisición, mercado y filantropía. Ciencias Sociales y autoritarismo en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. Santiago: Editorial Flacso, pp. 20 y 78.
6 Ibid., pp. 16-17.
7 Ibid., pp. 27, 28 y 29.
8 Gilman, op. cit., p. 72.
9 Brunner, op. cit., p. 80.
10 Entrevista a Thelma Gálvez, 2015.
11 Puryear, J. (2016). Pensando la política: intelectuales y democracia en Chile, 1973-1988. Santiago: Cieplan, p. 26.
12 Brunner, op. cit., p. 49.
13 Ibid., p. 46.
14 Puryear, op. cit., p. 26.
15 Ibid., p. 55.
16 Ibid., p. 56.
17 Nombre con el que se conoció al grupo al que Pinochet encargó la tarea de elaborar una nueva Constitución.
18 Puryear, op. cit., p. 59.
19 Salazar, G. (2000). Labradores, peones y proletarios. Santiago: Lom Ediciones, p. 8 (Primera edición, SUR Profesionales, 1985).
20 Salazar, G. (2003). Historiografía y dictadura en Chile: búsqueda, dispersión, identidad. En La historia desde abajo y desde dentro. Santiago: Facultad de Artes Universidad de Chile, pp. 81-94.
21 Agurto, I. (1988). Las organizaciones no gubernamentales de promoción y desarrollo urbano en Chile. Una propuesta de investigación. Material de Discusión núm. 110. Santiago: Flacso, p. 15.
22 Puryear, op. cit., p. 64.
23 Brunner, op. cit., p. 91.
24 Agurto, op. cit., pp. 9-10.
25 Puryear, op. cit., p. 78.
26 Ibid., p. 69.
27 Brunner, op. cit., p. 91.
28 Por ejemplo, el trabajo en torno a la problemática de los pobladores fue realizado por sociólogos, economistas, trabajadores sociales, historiadores y antropólogos que convivían en espacios organizacionales para abordar desde diferentes perspectivas las complejidades de un actor cuya definición y características estaba en discusión. Pobreza, juventud, género, política e historia se articulaban