ONG en dictadura. Cristina Moyano
un verdadero cesarismo presidencial, minimiza al Parlamento, transforma al Tribunal Constitucional en un organismo burocrático carente de representatividad popular y más poderoso que el Congreso, otorga un poder ilimitado a las FF.AA., subordina la vigencia de los derechos humanos fundamentales al arbitrio del gobierno y se identifica, en lo económico, con el capitalismo individualista de libre mercado”38.
En las críticas hechas por el grupo se grafica de buena forma la construcción de una arquitectura jurídica que sustentaba su accionar y lo consagraba de forma directa en la figura de Augusto Pinochet, teniendo una autoridad sin contrapeso dentro del esquema propuesto. Al respecto, desde el grupo señalaban: “La nueva Carta no establece la democracia, ni conduce gradualmente a ella. Por el contrario, cierra las puertas a la democracia. Impide cualquier evolución política, económica y social profunda dentro de sus marcos. Hace prácticamente imposible un cambio de la institucionalidad por los medios que ella prescribe para reformarla”39. Más aún, es posible revisar dentro de las revistas de la época que el propio grupo estableció ocho pilares básicos necesarios y fundamentales para garantizar una transición hacia la democracia que a su juicio no contemplaba el proyecto dictatorial: un Estado de derecho; separación de los poderes públicos; generación periódica de los gobernantes y legisladores; participación activa y organizada del pueblo en la vida política, social, económica y cultural de la nación; existencia de partidos políticos; gobernantes responsables; red de organizaciones intermedias, y justicia económico-social. Por este motivo, lanzan un documento, dos días antes del plebiscito de septiembre de 1980, en el que llamaban abiertamente a todos los chilenos a contraer un “compromiso por la democracia”, donde se entendiera este como un imperativo moral de saneamiento cívico que defendiera las libertades humanas y denunciase cualquier tipo de arbitrariedad frente a la justicia40.
Así, se encargaban de especificar qué entendían por democracia y las características que esta debía tener: “El Grupo de Estudios Constitucionales hace un llamado a todos los chilenos libres a contraer un solemne COMPROMISO POR LA DEMOCRACIA, entendida como el único régimen compatible con los valores de libertad, igualdad y participación, que se funda en el derecho del pueblo a gobernarse por sí mismo y que asegura la efectiva vigencia de los derechos humanos”41. De esta manera, la democracia entendida por el grupo se aferraba a un tipo de organización sociopolítica que se fundaba en el derecho del pueblo a gobernarse a sí mismo y en el que se aseguraba el respeto a los derechos humanos, pero también sería una democracia en que las mayorías gobernaran y las minorías pudieran expresarse libremente y disputar espacios para llegar a gobernar42.
El Grupo de los 24 daba cuenta de una democracia sin apellidos y sin protecciones, principalmente fundada en la libertad, participación y sobre todo en el respeto por los derechos humanos, valores y principios que a la fecha habían sido violentamente atropellados por una dictadura que buscaba imponer su propia concepción de democracia, una “democracia protegida”.
Comentarios finales
El Grupo de los 24 desempeñó una labor política, pública y pedagógica fundamental a la hora de mostrar otra forma de resistencia y oposición a la dictadura que encabezó Augusto Pinochet. Así también se transformó en un espacio de encuentro donde se produjo un tipo específico de saber respecto a la democracia anhelada. Sus integrantes plantearon la posibilidad de una salida institucional alternativa que pudiera hacerse cargo del manejo político del país en el contexto dictatorial radicalmente violento vivido hasta ese momento. Era la forma de generar una respuesta a la legitimación institucional creada por la dictadura, buscando intervenir intelectualmente para incidir en la esfera política. Lo cierto es que el papel de hombres públicos, con importantes niveles de prestigio por su labor como académicos, juristas muchos de ellos, contribuyó para que su proyecto se convirtiera en una alternativa al planteado por la junta militar. Aunque su impacto fue reducido y el grupo se haya dividido tempranamente, fue una de las primeras experiencias político-académicas en las que se hizo oposición pública a la dictadura. Más allá de las posibilidades reales de construir esa alternativa, el grupo representa una experiencia de crítica que sistematizó las formas en que se pensaba la democracia. Sus planteamientos sobre Asamblea Constituyente y alternativa transicional, aunque no fructificaron, nos permiten pensar en que las posibilidades de transición fueron bastante más amplias y diversas que la que terminaron siendo.
Si bien es cierto que la opción del grupo no fue tomada como proyecto definitivo, es imposible negar su valor conceptual, principalmente por la recuperación de valores democráticos para los chilenos y chilenas, a la vez que significó un primer esfuerzo de trabajo transversal y pluralista que logró convocar a diferentes sectores políticos que pensaron en la democracia como el único camino válido para Chile. En ese terreno, la formación del grupo como uno de los primeros espacios de sociabilidad política y productor de conocimiento tiene un valor inmenso, especialmente cuando los derechos a reunión, a hacer política y expresarse públicamente estaban fuertemente restringidos.
El esfuerzo de los protagonistas de esta historia no se termina en las proposiciones dejadas de lado; más bien es un recordatorio para los chilenos y chilenas que piensan que otro tipo de sociedad era factible. ¿Sería posible hoy retomar aquel esfuerzo? ¿Podemos pensar más allá de la construcción hegemónica de la dictadura? Al igual que el momento vivido por el Grupo de los 24, parece oportuno y necesario repensar los cimientos trastocados de nuestra institucionalidad creada bajo cuatro paredes, pensando que el propio grupo configuró una alternativa constituyente legítima al garantizar la participación efectiva de todos los chilenos.
1 Doctor en Historia. Académico en el Departamento de Historia, Universidad de Concepción. Coinvestigador del proyecto.
2 Magíster en Investigación Social y Desarrollo. Ayudante y técnico del proyecto.
3 Para una mayor claridad sobre la Comisión Ortúzar, revisar las actas pertenecientes al Tomo I. Recuperado de https://www.bcn.cl/lc/cpolitica/actas_oficiales-r.
4 Para conocer en detalle el contenido del “Discurso en Cerro Chacarillas con ocasión del Día de la Juventud, el 9 de julio de 1977”, ver “Nueva institucionalidad en Chile: discursos de S.E. el presidente de la república general de Ejército D. Augusto Pinochet Ugarte, 1977”.
5 Altamirano, C. (2013). Intelectuales. Notas de investigación sobre una tribu inquieta. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, p. 11.
6 Valle, L. (2009). Capítulo I. Fundamentos históricos y formación de la Concertación. En C. Bascuñán (Ed.), Más acá de los sueños, más allá de lo posible. La Concertación en Chile. (33). Santiago: Lom Ediciones.
7 Aylwin, P., Briones, C., Bulnes, F., Correa, P., Cumplido, F., Diez, S., y Silva, E. (1998). El reencuentro de los demócratas: del golpe al triunfo del no. Santiago: Ediciones B.
8 Yocelevzky, R. (2002). Chile: partidos políticos. Democracia y dictadura 1970-1990. Santiago: Fondo de Cultura Económica, p. 192.
9 La composición completa del grupo fue la siguiente:
1) Edgardo Boeninger (ex rector Universidad de Chile)
2) Ignacio González Ginouvés (ex rector Universidad de Concepción)
3) Fernando Castillo Velasco (ex rector Universidad Católica)
4) René Abeliux (abogado)
5) Héctor Correa Letelier (ex vicepresidente de la Cámara de Diputados)