El sueño de las palabras. Reflexión y práctica pedagógica de la literatura infantil. Denice Barrionuevo Balseca
triste es que hay familias que se regocijan por ello. En este nivel educativo todavía existen dudas, por parte de las docentes, acerca de varios aspectos relativos a la lectura, al poema, a la selección de libros, a su calidad, por mencionar solo algunos. Todavía son comunes varias preguntas: ¿Es pertinente abordar la literatura en la Educación Inicial si los niños no saben leer? ¿Para qué hacerlo? ¿Y cómo? Trataremos, entonces, de arrojar un poco de luz sobre estos asuntos de manera que los niños ingresen por la puerta grande hacia el mundo de la palabra hecha arte.
La literatura infantil
“No vamos a confundir libro y literatura” dice Ana María Machado (Premio Andersen de literatura infantil 2000), autora brasileña de varias novelas para adultos y de cientos de cuentos para niños. En su experiencia como librera dice:
[…] muchos de los libros que se ofrecen a las niñas y niños no tienen nada que ver con literatura, son tan solo juguetes, objetos divertidos y desechables, o si no vecinos de los compendios escolares pero más atractivos y sofisticados: una forma de transmisión de información, de traer respuestas a las preguntas infantiles (2003, p. 93).
Y agrega que la literatura podría participar de algunas de las características anotadas, siempre y cuando no pierda de vista lo esencial: el arte de la palabra. Para completar esta idea, la misma escritora añade que lo importante es el sustantivo literatura y no el adjetivo infantil (Machado, 1998, p. 26); por lo tanto no cabría diferenciación entre literatura y literatura infantil en particular, puesto que el arte de la palabra es común a las dos; en esa medida, la literatura es una sola. A lo dicho, Juan Cervera añade que en la literatura infantil: “[…] se integran todas las manifestaciones y actividades que tienen como base la palabra con finalidad artística o lúdica que interesan al niño” (1992, p. 11). Este autor hace hincapié en una característica fundamental constituida por el placer que producen en los infantes los juegos de palabras, la eufonía y el ritmo.
Algunos teóricos consideran que el destinatario podría ser considerado como un factor diferenciador entre la literatura para adultos y la concebida pensando en el niño. En oposición, otros sostienen que, si bien los destinatarios de los libros infantiles son ellos, los niños, el receptor puede ser cualquier persona de cualquier edad. Los adultos, dicen, gozan por igual al leer textos literarios dirigidos a los pequeños y son capaces de sentir el mismo placer estético que ellos. Colomer anota: “Si una historia de niños solo gusta a niños, es mala historia”. (Colomer, 1998, p. 100).
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