Cómo construir matrimonios felices. Mario Pereyra
El desprecio (Madrid: RBA Editores, 1994).
7 Ibíd., p. 14.
8 Ibíd., p. 40.
9 Ibíd., p. 48.
10 Ibíd., pp. 48, 49.
11 M. Seligman, La auténtica felicidad (Barcelona: Javier Vergara editor, 2003).
Capítulo 2
El terror detrás de la puerta: la violencia doméstica
Cuando irrumpe la violencia
“Cuando se tropezaba con su mirada,
sentía la presencia de una fuerza salvaje,
impávida, pronta a golpear sin piedad”.
Máximo Gorki
América González hace un esfuerzo para levantarse a la mañana. Tiene adolorido todo el cuerpo y la cara llena de moretones. La noche pasada, Correa, su amante, se puso furioso y le propinó una nueva paliza. Mirándose al espejo, coloca gran cantidad de maquillaje sobre los hematomas y las zonas inflamadas, y cambia la raya del pelo para cubrir el ojo amoratado, a fin de mostrar una imagen más presentable para cumplir sus tareas como mucama en el hotel donde trabaja.
Viviana fue abusada sexualmente cuando tenía seis años. Durante su infancia, vivió aterrorizada con el pensamiento de que nunca tendría hijos. Hizo una crisis al llegar a la pubertad y retrasarse la menstruación. Ahora, a los treinta años, con mucha angustia y fuertes deseos suicidas, está convencida de que ese episodio infantil fue el responsable por su vida desgraciada.
Cuando José, un alcohólico crónico, llega a casa ebrio, los hijos temen lo peor. Por eso huyen por la ventana y quedan escondidos afuera, a la intemperie, escuchando los gritos, las peleas y los golpes. Cuando finalmente se apagan las voces desaforadas y la luz del dormitorio se oscurece, los niños se dan cuenta de que el padre se ha dormido y el peligro ha pasado; entonces dejan el escondite y regresan al lecho.
Escenas como estas y otras peores publicadas en las crónicas policiales se repiten por millones en todo el mundo actual. La violencia se ha instalado en el hogar en forma oprobiosa y brutalmente destructiva.
De acuerdo con las estadísticas de la Oficina de Violencia Doméstica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Argentina,12 solo en el primer trimestre del año 2017 se produjeron 3.461 denuncias de violencia, el 75% de las cuales estuvo relacionado con mujeres y niñas, especialmente entre 30 y 39 años, y entre 20 y 29 años (ver Figura 1).
Gráfico 1 – Estadísticas de violencia doméstica en la Argentina, primer trimestre de 2017. Fuente: http://www.ovd.gov.ar
Este es un fenómeno mundial. Por ejemplo, en México, se estima que una tercera parte de las mujeres va a ser físicamente abusada por su pareja entre los 25 y los 45 años. “De acuerdo con datos proporcionados por la directora de Atención y Prevención de la Violencia Familiar del Gobierno del Distrito Federal (México), Susana Tenreyra, el fenómeno se presenta en uno de cada tres hogares de esta capital. Ello implicaría a más de siete millones y medio de viviendas”.13
¿Cómo es posible que el golpe y la barbarie aparezcan en el contexto del amor y de los sentimientos filiales? ¿De qué manera entender el dicho “Porque te quiero, te aporreo”, que algunos hombres declaran con cinismo? ¿Qué produce tales salvajismos? ¿Cómo entender esos actos de crueldad en las relaciones conyugales?
Tipos de relaciones
Para considerar cómo opera la violencia en los vínculos conyugales y cuáles son las formas más adecuadas de intervención, es necesario conocer los distintos tipos de relaciones existentes. Los especialistas distinguen dos tipos básicos, a saber: las relaciones simétricas y las complementarias. La relación simétrica es cuando ambos hacen lo mismo, responden de la misma manera; la complementaria es cuando hacen lo opuesto. Un ejemplo de simetría en una pareja es cuando él demuestra cortesía y ella responde con actitudes cariñosas, o él grita y ella reacciona gritando, a su vez. En la forma complementaria, él grita y ella se calla, o viceversa. La primera se basa en la igualdad; la otra, en la diferencia. En la simetría hay reciprocidad e imitación, tanto en comportamientos fuertes como en débiles, en la bondad o en el maltrato; actúan a semejanza de la imagen reflejada en un espejo, en que el uno reproduce lo que hace el otro. En las relaciones complementarias, uno de los participantes complementa al otro: alguien asume una posición superior y el otro la inferior, como son las relaciones madre-hijo, médico-paciente, o maestro-alumno. En las interrelaciones simétricas, los dos suelen tener personalidades semejantes, a diferencia de las complementarias, en la que los dos son “polos opuestos”.
La simetría o la complementariedad no son en sí mismas “buenas” o “malas”, “normales” o “anormales”: son dos modalidades diferentes de darse los intercambios comunicacionales. Ambas cumplen funciones útiles en la relación, según las situaciones y las circunstancias del caso. Por eso, en los vínculos sanos, ambos estilos deben estar presentes, en alternancia mutua o funcionando en sus áreas de competencia. Por ejemplo, quizás en temas gastronómicos la esposa sea la experta y el esposo asuma el rol complementario de someterse a su opinión, a diferencia de los temas políticos, en los que, quizás, el esposo sea la autoridad y entonces la esposa acate su dictamen.
El problema aparece cuando las relaciones entran en “escalada simétrica” o en “complementariedad rígida”. Estas son las formas disfuncionales de las interrelaciones. La escalada simétrica es cuando se compite, disputa o lucha por doblegar al otro. Así, por ejemplo, en los conflictos matrimoniales los cónyuges en escalada pelean con agresiones mutuas, sin que ninguno ceda, aumentando las hostilidades hasta el agotamiento o hasta que la violencia genera actos que los detienen. Hacen “más de lo mismo”, como esa célebre película protagonizada por Michael Douglas y Kathleen Turner, La guerra de los Rose, que representan un matrimonio en divorcio, que discute por los bienes, entrando en una espiral de violencia, con insultos, amenazas, agresiones, abusos hasta buscar sádicamente destruir al otro, destruyendo la casa y terminando los dos muertos. Este tipo de violencia simétrica se denomina “violencia-agresión”. “Se genera en situaciones de desafío en el que uno trata de imponerse al otro; la mujer es la que suele llevar los golpes, pero no se somete, se las arregla para continuar la lucha. La agresión es abierta”.14
Por otra parte, la complementariedad rígida es cuando ambas partes conservan sus roles de superior e inferior sin cambios, de modo que uno siempre manda y el otro siempre obedece, uno decide y el otro acata. Cuando se impone la violencia, se perpetúa la desigualdad, por la cual uno siempre castiga y el otro es la víctima. Se cree en el derecho de castigar al débil. Es la modalidad de la “violencia-castigo”. Aquí los riesgos son muy altos para la víctima. Por lo tanto, en estos casos, hay que presentar la denuncia para salvaguardar a la parte desfavorecida y más vulnerable.
¿Cuáles son las intervenciones que deben realizarse en situaciones de violencia? La fórmula más simple es: en las relaciones simétricas, introducir algo de complementariedad; y en las relaciones complementarias, algo de simetría. Esto significa que en las confrontaciones simétricas haya que instruir a los contendientes para que una de las partes renuncie a su posición,