Entre barricadas. Máximo Hernán Mena

Entre barricadas - Máximo Hernán Mena


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Se recibió de abogado por la Universidad de Buenos Aires en 1967. Tiene numerosos escritos sobre antropología social. Vivió en Ecuador y México, y durante su permanencia en este último país trabajó en el Instituto Nacional Indigenista, donde conoció a Juan Rulfo. De sus viajes por el Amazonas y el África surgen imágenes y personajes que quedarán plasmados en sus obras. Entre otros reconocimientos, recibió el premio del Consejo Provincial de Difusión Cultural en 1966, el primer premio del concurso bienal de novela del noroeste argentino en 1972, el premio regional de literatura en 1993 y el Konex en 1994. En simultáneo con su extensa producción en el área de la antropología, publicó poesía (Lugar del viento, 1968), cuentos (El ropaje de la gloria, 1997; Un carancho muy devoto, 1997) y novelas (Siete para la eternidad, 1966; Caranday de las muertes, 1972; Los días imposibles, 1972; El oficio de militante, 1974; Viejo camino del maíz, 1979; Sol que regresa, 1981; Portal del paraíso, 1984; Territorio final, 1987; Karaí, el héroe, 1988; Sacrificio, 1991; La gran noche, 1993; Tierra incógnita, 1994; La estirpe de Kedoc, 2004; Las montañas azules, 2006; El desierto permanece, 2006; El exilio de Scherezade, 2009; El callejón del silencio, 2011; La vida no basta, 2011; La eternidad, 2016; La marea de la sombra, 2019).

      En Siete para la eternidad, libro que reúne tres relatos, se anticipan los cruces entre sueño y realidad y las pujas entre memoria, olvido y eternidad que recorrerán su obra. Con Caranday de las muertes se inaugura el ciclo de San José del Talar, lugar imaginario localizado en el territorio cordobés, que continuará en Los días imposibles y El oficio de militante. Se narra allí la historia del pueblo fundado en el siglo XVIII por Robustiano Suárez, quien inicia una dinastía que luego continuará Javier en la siguiente novela. La familia se sostiene en los relatos, en los recuerdos que van cambiando. Se construye una geografía circular, en la que todo regresa y coexiste: incendios, pestes, sequías, lluvias, apocalipsis, infancias, las imágenes de las casas en ruinas. En El oficio de militante el aire se ha llenado de polvo, de caranchos que traen el olor de la muerte, mientras la tierra está habitada por soldados y miedo. El Buenos Aires de Javier Suárez está rodeado de detenciones, interrogatorios y torturas. De allí escapa para reconocer el poder del lugar donde todo comenzó: regresa para morir y ser enterrado en San José del Talar. Por otra parte, el ciclo de Tucumán está compuesto por las novelas Portal del paraíso, Territorio final y Sacrificio. En este territorio ubicado en la zona de Santa Lucía, en el suroeste tucumano, y que se parece al paraíso o al infierno, el tiempo simula estar abolido, allí se entremezclan lo real y lo imaginado. Para Esteban, el paraíso a recuperar es el tiempo y el espacio de la infancia. Los protagonistas de las novelas son Esteban, Gabriela y el hijo de ella, Diego. Entre Esteban y Gabriela se diluye una triste historia de amor sostenida por remembranzas, la correspondencia y la distancia. Tucumán se transforma en un Territorio final, donde el espacio definitivamente ya no tiene tiempo posible. Adquiere más relieve el mundo de la zafra, con sus huelgas, familiares, rebeliones, obreros golondrinas. Se anuncia la carcoma del tiempo sobre las cosas y los apocalipsis inevitables. En Sacrificio, Diego intenta “bruñir” el pasado para recuperar las ínfimas marcas en los sucesos y las ruinas. Camina por la ciudad agitada por los gritos y las barricadas de los tucumanazos. Lo absorbe la “luminosidad del presente” pero presiente el quiebre de una época que se cierra como una herida. Ha comenzado la década de desapariciones, torturas, cadáveres en las calles y olvidos. En similares territorios devastados transcurrirá el relato de Sol que regresa, pero esta vez el grito desgarrado de rebeldía que escuchará Santiago Álvarez nace de los mineros de Potosí. El vuelo de la muerte sobre el lago Titicaca terminará en el eclipse de la desaparición. Junto con la última novela mencionada, Colombres ubica Viejo camino del maíz y Karaí el héroe en el ciclo del mito, mientras que La gran noche y Tierra incógnita integrarían el ciclo de los mundos lejanos.

      4.9. Tomás Eloy Martínez: Tucumán como principio de una historia53

      Los personajes de Tomás Eloy Martínez caminan entre calles caóticas y rostros barnizados de una sacralidad falsa e impostada. En la ciudad de huelgas y barricadas, a comienzos de la década de 1960, se anuncian las huellas de conflagraciones y apocalipsis futuros.

      En Sagrado la historia se centra en las vidas de tres protagonistas: Bío, Andrés y Boni. En Tucumán comienza una historia a partir de la acción y la decisión de contar, de hablar para los otros que escuchan. Pero la voz está atravesada siempre por la desconfianza en las palabras. A pesar de los destellos de una sacralidad “epidérmica” y falsa, la ciudad termina por ver los rostros de hambre, pobreza y miseria en los obreros que levantan barricadas y queman las calles frente a la Casa de Gobierno. La mano del amo es un artificio en contra del fuego que se lleva la escritura. Allí nuevamente se intenta imaginar la ciudad, rodeada por montañas amarillas, caña de azúcar, generales, guerrilleros, campesinos golondrinas y sospechas. Ambas obras de Tomás Eloy Martínez están habitadas por imágenes paradójicas (“estaba lleno de vacío”, “las imágenes de las historias se me adelantan”, “era como si su cuerpo anduviese por un lado y él por otro”) que exponen la dificultad por encontrar una voz/relato posible, también presentes en los cuentos de Tinieblas para mirar.

      4.10. Juan José Hernández: las ciudades de la huida y del peronismo55

      La única novela de Hernández traza un contrapunto entre los recuerdos de Tucumán y los sueños que habitan Buenos Aires. Cuando Matilde consigue llegar a la capital lo hace durante el ascenso del peronismo y asume que ambas son ciudades desoladoras en las que una mujer deberá sobrevivir.

      Juan José Hernández nació en Tucumán el 17 de octubre de 1932 y se marchó a Buenos Aires en 1957. Allí se desempeñó como periodista del diario La Prensa y colaboró con La Gaceta Literaria y La Nación. Tradujo del francés a autores como Paul Verlaine y Jean Cassou. Recibió el primer premio municipal de narrativa en 1965, la beca Guggenheim en 1969 y el premio Konex en 1984. Publicó libros de poesía (Negada permanencia y La siesta y la naranja, 1952; Claridad vencida, 1957; Elegía, naturaleza y la garza y Otro verano, 1966), cuentos (El inocente, 1965; La favorita, 1977; La señorita estrella, 1992; Así es mamá, 1996), ensayos (Escritos irreberentes, 2003), y una única novela (La ciudad de los sueños, 1971). Murió en Buenos Aires el 21 de marzo de 2007.

      Se


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