Estados traumatizado y no traumatizado de la personalidad. Rafael E. López Corvo
inclino a privilegiar la importancia de los “traumas psíquicos” y parodiando a Bion, referirme a la dicotomía entre un estado “traumatizado y otro no-traumatizado de la personalidad” en lugar de “psicótico y no-psicótico”.
En El Aleph, Jorge Luis Borges (1945) representa la existencia de un “pequeño espacio, probablemente un poco más grande que una pulgada”, localizado bajo las escaleras de una boardilla y donde se despliega como una película en movimiento, todo el infinito, todos los hechos presentes que pudiesen imaginarse como existentes en el universo, tanto los pasados como los futuros. Borges utilizó muy pertinentemente como epigrama de esta historia a un pasaje de Shakespeare en el acto II de Hamlet: “¡Oh, Dios! Podría estar encerrado dentro de una nuez y considerarme un rey del espacio infinito...”. He pensado en este maravilloso y breve relato porque estuve tentado, mientras escribía este libro, por la posibilidad de plantear en “pocas palabras”, el espíritu y fundamental naturaleza del significado y ubicuidad absoluta de los traumas pre-conceptuales. Tentativamente he conjeturado la siguiente sinopsis:
Los traumas pre-conceptuales están estructurados diacrónicamente como una narrativa de presencias ausentes en conjunción constante; representan “parásitos emocionales” altamente tóxicos que habitan el inconsciente desde muy temprano, que se alimentan de tiempo y espacio, e inhiben los procesos de simbolización; son proyectados en todas partes y se reproducen a sí mismos continuamente, determinando de esta manera no solo todas las formas de psicopatología, sino también la idiosincrasia de cada individuo.
Finalmente, deseo ofrecer una disculpa al lector por el pecado inevitable de repetirme a mí mismo, por lo cual quisiera endosar una excusa, utilizando algo que Whitman ha expresado en uno de sus bien conocidos poemas y que quisiera ahora reproducir, con la salvedad de una pequeña torcedura: “Muy bien, entonces yo… [me repito] a mí mismo, soy grueso y contengo multitudes”.
1 Pienso que sería más preciso utilizar el término de “estados de la personalidad” en lugar de “partes de la personalidad” como lo expresó originalmente Bion, ya que ‘parte’ corresponde a algo más estático que lo que el término ‘estado’ determina. El Diccionario de la Real Academia define ‘parte’ como “una porción determinada de las muchas unidades parecidas de las que algo se encuentra compuesto”; mientras ‘estado’ lo define como: “modo o situación de ser (estar preparado), una condición mental o temperamento”.
2 Ser amado incondicionalmente sólo es proporcionado por dos personas: por la madre durante los dos primeros años de la vida y posteriormente por uno mismo, similar a como Obermann lo llegó a expresar: “Para los otros no seré nadie, pero para mí lo soy todo” (citado por Unamuno, M., 1954, p. 47).
Introducción
Consideraciones teóricas acerca de los traumas pre-conceptuales y los estados traumatizados y no-traumatizados de la personalidad
Una noche un viejo indio Cherokee le relató a su nieto sobre la batalla que ocurre dentro de la gente. Así le dijo: “Hijo mío, Existe una batalla entre dos lobos en el interior de todos nosotros. Uno es malvado, lleno de rabia, celos, envidia, necesidad, dolor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, mentiras. El otro es bueno, feliz, tranquilo, es amor, esperanza, serenidad, verdad y compasivo”. El nieto pensó por un momento y luego preguntó al abuelo: “¿Y cuál lobo gana?” Y el viejo indio contestó: “¡El que tú alimentes!”.
Tomado de Internet, de autor desconocido
La verdad nace como un hereje y
muere como un dogma
Humberto Eco
Psicoanalistas y psicoterapeutas enfrentan la necesidad de crear, para su propio uso, un modelo comprensivo y multidimensional del funcionamiento mental. Así como los marineros requieren coordenadas numeradas, conocidas como latitudes y longitudes, que les sirvan de índices referenciales para encontrar su rumbo en la desconocida inmensidad del mar, los psicoanalistas podrían sentirse presionados a crear un instrumento similar que los ayude a encontrar su camino en la inmensidad del desconocido y siempre cambiante mar de abstracciones y poder así navegar con facilidad por todos los rincones de la mente. Algo así debió haber inspirado a Bion para concebir La Tabla y lo que Grotstein (2007) ha bautizado como “ensamblajes de los sueños”. Los analistas se posicionan continuamente allí, en el lugar donde la transferencia golpea y la contratransferencia emerge, asumiendo muchos roles y a la misma vez no siendo ninguno, siempre tratando de permanecer invisible, como el instructor de judo, de quien un discípulo alguna vez dijo: “Pelear con él es como pelear contra un gi1 vacío”. ¡Una vez que se “consigue” al analista, el análisis concluye! Este libro es un intento de proveer, usando el esclarecedor legado de Bion, un instrumento práctico, útil y eficiente para navegar por la psique con un rumbo y sin perderse.
Durante las décadas de los 60 y 70, los psicoanalistas estuvieron muy influenciados por las novedosas contribuciones de Klein acerca del concepto de las “posiciones” y del “fenómeno esquizoide”. El psicoanálisis era considerado en ese entonces la terapia de elección para el manejo de pacientes esquizofrénicos y estuvieron de moda algunas técnicas regresivas con orientación psicoanalítica. Desde el punto de vista teórico las contribuciones de Rosenfeld (1952), acerca de la transferencia en pacientes catatónicos, fueron un paradigma. La nueva técnica sobre “psicoanálisis directo” de John Rosen (Morris, 1959), se puso de moda. Rosen comparaba la psicosis con un sueño en continuo desarrollo, que requería una intervención violenta por parte del terapeuta para así despertar al paciente y sacarlo de la pesadilla. Durante los siguientes 40 y 50 años, las limitaciones del psicoanálisis en el manejo de pacientes psicóticos, así como el progreso de la psicofarmacología, al generar drogas mucho más efectivas, llevó al psicoanálisis a alejarse de las psicosis y a asentarse cómodamente en los confines de la psicopatología borderline y las neurosis.
De su trabajo con pacientes esquizofrénicos Bion2, por esta misma época, produjo varios artículos que fueron recopilados en su libro Volviendo a pensar (1967). Entre éstos es crucial la contribución que se refiere a la “diferenciación de las personalidades psicóticas de las no psicótica” (1957), haciendo referencia a disparidades fundamentales entre elementos internos dentro de un mismo individuo. Allí escribe entre otros factores, la existencia en pacientes psicóticos de una parte no psicótica siempre obscurecida por el odio hacia la realidad presente en la parte psicótica. El retiro de la realidad ha resultado ser más “una ilusión que un hecho”, porque estos pacientes siempre tienen una cierta conciencia de la realidad externa. Otro aspecto elaborado por Bion fue el ataque sistemático que estos pacientes realizan a la capacidad del Yo hacia los pensamientos verbales, a los que fragmentan en partículas diminutas y luego dispersan por todos lados con la ayuda de identificaciones proyectivas e introyectivas. Como resultado, el paciente se mueve en un mundo de objetos que ordinariamente representan un “mobiliario de sueños” (ibíd. p. 51).
El concepto de fragmentación y ubicuidad de los elementos proyectados desde el Superyó y del Yo descritos por Bion, resultan en algo similar a lo que Ferenczi (1933), previamente había hecho referencia como la atomización de las experiencias traumáticas. Esta coincidencia fue señalada por Chasseget–Smirgel (1987), quien encontró similitudes determinantes entre la concepción de trauma psíquico de Ferenczi, escrita en 1932 y algunas de las contribuciones de Bion sobre psicosis, escritas 23 años más tarde. Chasseguett–Smirgel se disculpa y espera no ser tomada por alguien que intentaba
[…] minimizar la gran originalidad del pensamiento de Bion. Es [más bien] señalar coincidencias que resultan fascinantes para cualquiera que tenga un interés en la historia de las ideas del psicoanalíticas [p. 58]
Obviamente, si Ferenczi en 1932 hubiese tomado una foto de la Torre Eiffel desde su lado Este y Bion, en 1955, la hubiese