Fundamentos psicojurídicos para el desarrollo de competencias ciudadanas en niños y niñas. Óscar Fernando Acevedo Arango
una criatura animal por su baja “racionalidad”.
Si bien estas nociones, que pueden parecer inadecuadas en la actualidad, no ofrecen una lectura objetiva de los procesos de desarrollo psíquico ni de subjetivación, tampoco de la estructuración de la identidad del niño, están asociadas a los avances jurídicos que crearon los marcos normativos para hacer posible la existencia de la diferencia del niño y del adolescente respecto del adulto. Vale anotar que la forma en que concebimos al niño influye directamente en la manera como lo tratamos, lo orientamos, y definimos las pedagogías adecuadas para su formación; si consideramos al niño desvalido —ya sea por altruismo o porque filogenéticamente parece que entre los recién nacidos de los mamíferos es el que requiere de la compañía de adultos por más tiempo, para luego sí poder sobrevivir de una forma independiente— determinamos cuidados y pedagogías centradas en la acción del padre, de la madre o del pedagogo; en caso contrario, cuando pensamos en el niño como un sujeto de acción capaz de aprendizajes complejos, encontramos que las estrategias de padres y de educadores se soportan sobre criterios de motivación y para responsabilizar al niño como sujeto de su propio desarrollo y aprendizaje.
Desde dicha perspectiva, el desarrollo de los enfoques cognoscitivos, psicoanalíticos, existenciales y jurídicos han puesto un acento para la comprensión del niño en la dinámica de sus procesos operacionales como marca estatutaria de su inteligencia, en hacerlo responsable sobre sus propias elecciones desde su deseo, y en la afirmación de la libertad y la creatividad como cualidades esenciales del ser humano desde sus primeros años, todo ello enmarcado en la protección de sus derechos. Esto inevitablemente aporta a construir una visión del niño como sujeto que interactúa con su entono, que en condiciones adecuadas establece vínculos con su familia, la escuela, los demás niños y con el mismo ámbito comunitario, convirtiéndose de paso en reflejo y signo de la situación y del contexto de su vida, de la calidad de la misma y del goce efectivo de sus derechos, gracias a los cuales puede trabajar en las esperadas competencias ciudadanas.
Definición de desarrollo infantil
Según Silva (1999), el niño es de entrada un sistema completo, en el sentido de poseer las mismas potencialidades latentes y activas de un adulto, pero requiere de un desarrollo mucho más intensivo que el adulto en tanto se busca un nivel de equilibrio de sus acciones que lo lleven filogenética y ontogenéticamente a estar a la par del desarrollo promedio de los adultos, o sea, al nivel de la mayoría de edad que convoca la autonomía racional y la ciudadanía política.
Para esto el niño está equipado con una serie de competencias1 biopsicológicas que le permiten interactuar y aprender por medio de estas en un nivel sensorial, perceptual, lingüístico, moral, comunicativo y afectivo. Con ello las competencias se convierten en el soporte de su propio desarrollo. Sin embargo, es necesario señalar que tener estas competencias no conducen a que el niño registre el mundo y sus interacciones de la misma forma que lo hace un adulto, ya que el bagaje de representaciones, el capital simbólico e intelectual, y los mecanismos de operación del lenguaje y de actuación se encuentran igualmente en vías o en proceso de desarrollo.
El punto de equilibración2 adecuado al que aspira el niño, entra en el registro de nivelación de la subjetivación frente al principio de realidad, el cual Sigmund Freud delimitó como la capacidad del sujeto para objetivar la realidad exterior, para diferenciar conscientemente su universo psíquico del mundo externo. Esta equilibración debe lograrse con el tránsito por las etapas del desarrollo moral y normativo, del egocentrismo a la heteronomía imitativa y de esta a la autonomía reflexiva.
Es importante señalar que crecimiento y desarrollo no son sinónimos, aunque en muchas oportunidades así se considere. El término crecimiento se aplica específicamente a la maduración biológica del niño, su estatura y peso —y es de especial protección por los derechos y normas que atienden la infancia—, y asimismo puede tener efectos en el desarrollo, el cual se concibe como el avance y logro de las cualidades psíquicas y competencias sociales del niño. Así, un crecimiento muy acelerado o muy lento puede traer dificultades para el niño, puesto que su madurez o inmadurez biológica puede conducir a abrir una brecha bastante amplia entre su organicidad y el desarrollo de sus competencias cognitivas, emocionales, morales y de socialización ciudadanas.
De esta manera, además de que las tallas y pesos de los niños son relativos —dependiendo de su cultura, etnia y herencia familiar—, afectan las exigencias comportamentales que hacen los pares de su tamaño, y así, por ejemplo, un niño con una retraso en su maduración biológica probablemente se enfrente a ciertas dificultades al tratársele con compasión y menor exigencia, pero estas situaciones pueden regularse siempre y cuando exista un acompañamiento adecuado por parte de los padres y de los educadores que orientan el cuidado y protección de los derechos de los niños.
Marco de aproximación y de articulación de los conocimientos abordados (constructivismo y construccionismo)
El desarrollo de la psicología está marcado por la aparición de múltiples enfoques teóricos sobre la comprensión, la intervención y el tratamiento de lo psíquico, y cada uno de ellos se ha diferenciado del otro para delimitar el estilo de sus técnicas y crear una forma particular de verdad sobre los fenómenos psicológicos. Así, en la disciplina psicológica los enfoques más frecuentes se corresponden con una de las tres escuelas tradicionales de la psicología: la escuela humanista, psicoanalítica o la escuela científica o experimental.
Escuela humanista
Parte de fundamentos filosófico-existenciales; se basa en la idea de que el hombre tiene la libertad de elegir gracias a su voluntad, y asume la experiencia del ser como una vivencia integral que se puede comprender en el sentido singular de quien la asume, pero no explicarse en su totalidad por la racionalidad o el lenguaje. En el trabajo clínico, las estrategias o las técnicas empleadas se basan en métodos comprensivos que buscan, entre otras cosas, brindar apoyo y acompañamiento al ser del otro para que potencie y despliegue en su singularización aquello que le es más propio, cercano y liberador.
Escuela psicoanalítica
La escuela psicoanalítica tiene un fundamento psicolingüístico; parte de la idea del hombre como un sujeto del lenguaje, que está determinado por las mismas inscripciones del lenguaje en su subjetividad, las cuales se dan en su historia personal, incluyendo dichos eventos en la corporalidad misma del sujeto. En ella se trabaja desde la lectura e interpretación del signo como síntoma del sujeto que refleja u oculta el deseo real de su ser. Además, busca depurar las mismas resistencias que se construyen desde el lenguaje a partir de la técnica de la asociación libre y de la interrogación del deseo.
Escuela científica o experimental
El enfoque de esta escuela es objetivo-descriptivo; parte de una observación de la conducta y de los comportamientos, asumiendo en algunos casos la existencia del pensamiento como medio procesador de las mismas conductas. Considera que el trabajo debe basarse en la modificación de los estímulos externos, en los marcos de sus relaciones, para que estos sean interpretados de otra forma por el individuo, como en la transformación de los mismos contenidos mentales: esquemas de pensamiento, de tal manera que se puedan generar otras actitudes, conductas y comportamientos frente a los eventos que precipitan estados emocionales incontrolables.
Estos tres enfoques de trabajo se pueden aplicar indistintamente a cualquiera de los campos de trabajo de la psicología: laboral, social, jurídico, deportivo y especialmente en el pedagógico. En nuestro caso, hemos trabajado sobre todo desde una metodología reflexiva con un enfoque psicojurídico.
Frente a este nuevo panorama, el enfoque reflexivo en sus niveles conceptuales y técnicos busca estar a la par de