Fundamentos psicojurídicos para el desarrollo de competencias ciudadanas en niños y niñas. Óscar Fernando Acevedo Arango
de edad el niño es situado y se sitúa él mismo dentro de su propia familia. En otros términos, se trata de saber cómo responden los padres ante el nuevo ser, cómo es recibido y cuidado en el seno de la relación familiar, y de qué manera se convierten en modelos de conducta para su hijo.
Conceptualización general
Freud, en su obra El yo y la psicología de las masas, presenta una expresión paradójica, según la cual no existe la psicología individual puesto que toda psicología es primero social. Con esto quiso señalar que para la estructuración del sujeto se necesita de la presencia del otro, y en este caso, que para la estructuración del niño se requiere de otros: los padres, el lenguaje, lo social, la ley y el Estado, por ejemplo.
Para dar cuenta sobre cómo es recibido un niño en el seno de su nueva familia, se busca indagar sobre el deseo de dicho hijo: ¿cómo sueñan a su hijo los padres; qué esperan de él? ¿Qué nombre le pondrán? ¿El hijo es fruto de un deseo consciente (planeado) o de un deseo inconsciente (olvido, sorpresa)? ¿Tiene un padre o este niega su paternidad? ¿Qué significa la ausencia de un padre? En otros términos, ¿la aparición del nuevo ser encubre o realiza el deseo de los padres? ¿Están los padres dispuestos a abrir un espacio al nuevo ser, a responsabilizarse de su desarrollo?
Para dar respuesta a estas preguntas Freud desarrolló la metáfora del complejo de Edipo, en la medida en que sirve para representar una situación en la cual se ven involucrados los deseos de la madre, del padre y del mismo hijo. Pero además de ello señala que el paso por el complejo determinará la estructura del sujeto, especialmente su sexualidad y su relación con la norma (deber ser, imposición o estar por fuera de la norma).
En el complejo de Edipo, inicialmente aparece la madre, que por su relación gestante desarrolla una vivencia de satisfacción plena con el hijo. A dicha situación se le denomina: completud de la madre, en la cual disfruta y goza de su hijo, es una con él, y el padre no tiene un lugar en la relación de la madre con el hijo. En un segundo momento aparece el padre o más precisamente la función paterna (que no necesariamente es realizada por el padre biológico, puede llevarla a cabo alguien que porta la misma autoridad), quien establece la prohibición fundamental para dicha relación: “Tú, madre, debes limitar el goce de tu hijo, y tú, hijo, debes enfrentar el mundo sin ella”. Esta es nombrada como la posición de la ley del padre, prohibidor y castrador, con el fin de hacer que ambos, tanto madre como hijo ingresen al mundo y respondan individualmente frente a sus exigencias.
Un tercer momento presenta la lucha psíquica del niño y del padre por el amor de la madre; en este, el padre le muestra que él también es amado por la madre. El hijo entonces rivaliza con él, se queja de él, siente rabia y odio hacia él —esta experiencia le enseña al niño a vivir y afrontar la frustración—; pero al reconocer en el proceso su temor, busca aliarse también con el padre y se ve en medio del deseo de la madre y del deseo del padre. Así, siente duda y no sabe hacia qué deseo inclinarse, y no sabrá a quién responder hasta que finalmente construya, por medio de dicho conflicto, una decisión individual sobre sus afectos y deseos, decisión que si bien queda sepultada en su historia, se convierte en el núcleo del desarrollo de las posteriores capas de su personalidad, las cuales le indican que sus decisiones y proyectos deben estar orientados a superar a su familia, a ir más allá, lo que equivale a convertirse en sujeto de la cultura y en ciudadano del Estado.
Hasta aquí vemos que existe un paso importante: reconocer cómo se estructuran los primeros deseos subjetivos como soporte de la personalidad del niño, los cuales ampliaremos más adelante, en especial cuando tratemos el tema de la sexualidad infantil. Por ahora, abordemos la otra perspectiva, que es complementaria a esta, desde el enfoque comportamental. ¿Están los padres dispuestos a abrir un espacio al nuevo ser, a responsabilizarse de su desarrollo, a ser garantes y protectores de sus derechos?
Ya se podrán imaginar que el deseo de la madre y del padre frente al hijo determinará igualmente su posición frente al cuidado y crianza de este. Un ejemplo de ello, en el que aparecen signos de que dicha actividad es exitosa o deficiente, es el aumento regular de peso y talla, es el indicador más confiable de que el niño goza de un buen estado general de salud y se desarrolla de forma adecuada. En esto los padres deben asumir que lo importante es el aumento de peso y talla de cada niño en particular. Para dicho seguimiento se sugiere hacer una revisión de peso y talla mensual, si hay estancamiento o sobredesarrollo puede ser señal de que existe algún problema biológico, pero igualmente hay que hacer un seguimiento a sus comportamientos psicomotores, y a la adquisición del lenguaje para asegurarse de que no existan deficiencias neuropsicológicas ni psicoafectivas. Así, un indicador que pareciera ser solo biológico es a la vez un indicador de la responsabilidad de los padres. Sin dicha responsabilidad no se pueden sembrar las bases de las competencias ciudadanas.
Estas son algunas de las señales psicomotrices y verbales del niño en su primer año de desarrollo:
• Al primer mes el niño tiene sus manos empuñadas y solo puede estar acostado boca arriba. Sigue los objetos con sus ojos y con el movimiento de la cabeza, llora con gran intensidad y responde de forma positiva a ciertas comodidades y satisfacciones (Gómez, 1998).
• En el tercer mes manifiesta emociones por las personas y va afirmando su sentido de seguridad al ser tratado con cariño.
• Aproximadamente al quinto mes mantiene su cabeza erguida y puede girar sobre sí mismo, de ahí que pueda llegar a caerse de la cama. Sigue con la vista los objetos que se mueven lentamente y mueve los brazos de forma activa ante objetos que quiere.
• Al llegar al séptimo mes se puede sentir apoyado y busca cambiar de juguetes.
• En el noveno mes se pone de pie con ayuda y produce sus primeros sonidos vocales, articulados con su capacidad de imitación, además, puede responder a su nombre.
• A los doce meses responde a las primeras indicaciones, coge objetos, gatea libremente y puede dar sus primeros pasos con ayuda.
Estos son algunos de los indicadores del desarrollo psicomotor y afectivo del niño en el primer año, pero en esta fase se requiere especialmente del acompañamiento de los padres, por medio de los tres estímulos psicológicos más recomendados: la comunicación de palabras, el afecto y el juego. Sobre esto hay que tener en cuenta que la ausencia de los padres crea secuelas psicoafectivas, determinantes para el adecuado desarrollo del niño.
Acercamiento personal (reflexión)
• ¿Qué sucede cuando una madre o un padre tienen un hijo que dicen no haber deseado?
• ¿Podría pensarse que el hecho de tenerlo habla ya de un deseo?
• ¿La expresión “no lo quería, fue un accidente” habla de un conflicto; de qué tipo de conflicto?
• ¿Quiénes y cómo pueden saber si el desarrollo del niño es el adecuado para su edad?
Actividades sugeridas
Búsquedas en Internet | • Encuentre páginas sobre el cuidado de los niños y realice una reseña o resumen sobre una de ellas (dé mayor importancia a lo que más le guste). |
Búsquedas de casos en prensa | • Recorte una noticia de la prensa que le llame la atención sobre la relación del padre o la madre con sus hijos y analícela a la luz de los conceptos trabajados y explorados: ¿el caso refleja cuidado y protección del hijo? |
Preguntas para debates grupales |
• ¿Por qué creen que se tiende a destacar más lo negativo que lo positivo de los padres?
• ¿Se dice que los hombre no dan leche (no amamantan), pero si trabajan y compran la leche para sus hijos, entonces los papás sí “dan leche”? ¿Qué piensan de esto?
• ¿Si los padres se han separado |