La cosecha. Eduardo C. Fernández
Algunos la ven solo como otra etiqueta que el grupo dominante ha dado a un grupo dominado3. Por esta razón, algunos prefieren emplear el término “latino”, que por lo menos políticamente comienza a ser más aceptable. Otra razón según otros es que lo latino se refiere a América Latina, una mezcla de razas, y parece por lo tanto más inclusivo de gente cuyos orígenes son amerindios, portugueses o africanos4. Allan Figueroa Deck, quien lleva más de tres décadas escribiendo acerca de los hispanos, dice sobre la distinción entre los términos “hispano” y “latino”:
No hay consenso entre las personas de origen latinoamericano que viven en Estados Unidos acerca del “término global” más apropiado. La Iglesia y las agencias gubernamentales tienden a emplear el término “hispano”. En las universidades norteamericanas del oeste, los profesionales y los líderes políticos prefieren el término “latino”. La simple verdad es que ningún término es adecuado5.
Deck usa los términos de manera intercambiable. Fernando Segovia, refiriéndose a un nuevo grupo de teólogos hispanos de Estados Unidos, los describe como “aquellas personas de descendencia hispana, asociadas de una u otra manera con las Américas, que ahora viven, por cualquier razón, permanentemente en los Estados Unidos”6. Lo más importante que se debe recordar en este momento es la gran diversidad religiosa, étnica y socioeconómica que caracteriza a estos pueblos. Los hispanos incluyen a católicos y no-católicos, a los recién llegados y a los que se han asimilado bien al patrón cultural norteamericano. Las generalizaciones a veces pueden ayudar, pero también pueden engañar. Mi opción personal, sintiendo la necesidad de ir más allá de las preferencias de cada uno sobre cómo designarnos, es emplear los términos “latino” e “hispano” indiferentemente7.
Metodología
Mi manera de proceder consiste en establecer un diálogo entre la teología y las ciencias sociales, usando las disciplinas de la historia, la antropología, la economía y la sociología. De esta manera, ambos contextos, el de los hispanos en Estados Unidos y el de algunas tendencias teológicas en la Iglesia universal, adquieren funciones formativas e integradoras. A pesar de sus propios prejuicios de percepción, la historia proporciona un contexto para la comprensión del pasado. La sociología y la antropología suministran una comprensión contextual del presente. La ventaja de la historia es la retrospección, que proporciona un tipo de análisis social.
El primer paso consistirá en ubicar la comunidad hispana en el ambiente cultural y eclesial de Estados Unidos: esta es la finalidad del primer capítulo, el más histórico y sociológico del libro. Su propósito es presentar los antecedentes generales que faciliten la consideración de los escritos de los teólogos hispanos emergentes en este país. El segundo capítulo proporciona una ojeada “a vista de pájaro” de la teología latina de Estados Unidos, destacando puntos salientes de lo que se ha escrito en los últimos 30 años por un grupo de catorce autores. Todos son teólogos profesionales, y los escogí con base en la cantidad de material que han publicado, relacionado con esta área. Una presuposición importante es que los hispanos ahora pueden ser descritos generalmente como protestantes y como católicos. El número creciente de latinos protestantes exige la incorporación del trabajo de varios teólogos protestantes en este capítulo. Los principales temas que sobresalen del trabajo de estos teólogos van mencionándose junto con algo de los antecedentes de cada uno. Finalmente, se subrayan ciertas tendencias generales del trabajo de cada uno.
Para proporcionar algún tipo de perspectiva más amplia, el capítulo tercero se sale del resumen breve de los escritos de estos teólogos latinos hacia una descripción de la tendencia general hacia la contextualización presente en la Iglesia actual. Surtiéndose del pensamiento de los misionólogos actuales y de los teólogos sistemáticos, este capítulo proporciona una estructura analítica, presentando algunos modelos actuales de reflexión teológica, que podrían ser aptos para un análisis de la teología hispana.
El cuarto capítulo combina los temas del segundo y el tercero, tomando las categorías examinadas en la presentación de los modelos y aplicándolas a ocho teólogos hispanos. De esta manera, especialmente mediante el uso de un marco común de referencia, es decir, los modelos formulados por Stephen Bevans, la contribución a la teología contextual y lo distintivo de cada autor se pueden evaluar más fácilmente. Finalmente, el quinto capítulo resume los resultados de estas comparaciones y aporta algunas observaciones globales con miras al futuro.
El presente estudio no está exento de limitaciones. Estudiar a catorce teólogos latinos en el transcurso de treinta años parece asumir una tarea gigantesca. Igualmente, la especialización típica de la teología actual parece recomendar un enfoque mucho más específico. Sin embargo, gran parte de estos escritos ha aparecido en años recientes, y como sugiere el título de nuestro trabajo, este libro sirve para introducir al lector en esta abundante cosecha.
Otra limitación que habría que reconocer, es que solamente se presenta a teólogos “profesionales”. Si, de hecho, la teología a menudo nace a nivel de las raíces del pueblo de Dios, entonces buena parte de la misma todavía no ha llegado al plano de las obras publicadas que caracterizan “la academia”. Por ejemplo, hay un considerable volumen de material sobre catequesis o, más recientemente, sobre cómo adaptar los varios aspectos de la vida parroquial al creciente número de feligreses hispanos. Dentro de este género están las incorporaciones de las costumbres latinas, como las de la religiosidad popular, a la vida litúrgica parroquial. Varios grupos religiosos también han empezado a dirigir sus publicaciones a los miembros de la población hispana, y también a presentarlos. La sociedad misionera americana de Maryknoll, por ejemplo, ahora publica una versión del Maryknoll Magazine en español. ¡Quién sabe cuánta “teología de panfletos” aguardan su sistematización!
Por otro lado, los escritos destacados en este trabajo demuestran a menudo que estos teólogos, lejos de ser intelectuales encerrados en una torre de marfil, están activamente comprometidos en el ministerio pastoral. En su mayoría, son inmigrantes hispanos en Estados Unidos, que por ende se hallan todavía muy cerca, por azar o por opción, a la cultura latinoamericana. De hecho, la mayoría consideran esta herencia viviente y la inserción pastoral como un elemento constitutivo de su teologizar.
El valor de este proyecto es que proporciona una estructura general o una visión desde lo alto de este tipo de teología contextual que actualmente se designa como “teología hispana o latina de Estados Unidos”8. La presente visión panorámica hace posible seguir las huellas de las corrientes generales y de los movimientos que se hallan dentro de esta teología naciente. La discusión sobre las semejanzas y las diferencias halladas en los escritos de varios autores proporciona una descripción más precisa de lo que esta teología está diciendo y qué forma está tomando. Lo siguiente es una descripción detallada acerca de los orígenes y hacia dónde parece estar encaminado este movimiento teológico, cuyo papel, finalmente, dentro de una descripción más amplia del ámbito teológico, revela contribuciones que van mucho más allá de lo que alguien ha denominado como “teología de defensa y promoción” (advocacy theology).
Notas:
1 U.S. Department of Commerce, US Census Bureau, The Hispanic Population in the United States: Population Characteristics, March 2000 [Vea www.census.gov. y www.usorg.com/USHisp/ushispdata.html para consultar datos detallados según los estados, edad, educación, etc.]. Estas cifras no incluyen a Puerto Rico. Nótese que este informe usa los términos “latino” e “hispano” de manera intercambiable.