La cosecha. Eduardo C. Fernández
3 Durante una charla en la conferencia organizada por los jesuitas sobre la presencia hispana en el sur, celebrada en Mobile (Alabama) en junio de 1992, Rosendo Urrabazo, entonces presidente del Mexican American Cultural Center de San Antonio (Texas), hizo un interesante comentario sobre el uso de categorías del grupo minoritario racial y étnico de parte del Buró del Censo de Estados Unidos. Su tesis era que, juntando todas las comunidades hispanas bajo un solo título, como se ha hecho con los grupos negros o asiáticos, el gobierno, al dar ayuda a un segmento particular de esta extensa categoría, aparenta que la ayuda ha sido concedida a todos los miembros de este grupo tan disparejo.
4 María Pilar Aquino, al tratar de las mujeres hispanas, prefiere el término “latina”, que le parece ser más inclusivo, especialmente al referirse a las mujeres negras e indígenas del continente latinoamericano y del Caribe. Cf. “The Challenge of Hispanic Women”, Missiology 20, núm. 2 (abril 1992), pp. 261-268.
5 Deck, Frontiers of Hispanic Theology in the United States. Maryknoll, N.Y.: Orbis, 1992, p. XXV, núm. 1.
6 Segovia, “A New Manifest Destiny: The Emerging Theological Voice of Hispanic Americans”. Religious Studies Review 17, núm. 2 (abril 1991), p. 102.
7 Nota de los traductores: Porque la naturaleza del español es un tanto diferente a la del inglés, cuando el autor habla en términos generales, los traductores y la editora han mantenido el lenguaje tradicional de incluir al hombre y a la mujer en el masculino plural. Cuando se quiere denotar específicamente la mujer o el hombre por separado, se indica como corresponde.
8 Como voy a demostrar posteriormente en este libro, algunos de estos teólogos hispanos no estuvieron de acuerdo en que designara su trabajo como “teología contextualizada”, mostrando con esto que prefieren su propia terminología para designar su trabajo.
I
Los hispanos en la cultura y en la Iglesia de Estados Unidos
Mucha de la teología que hoy se escribe está en diálogo con las ciencias sociales, y esto ocurre especialmente en el caso de la teología hispana de Estados Unidos. Siguiendo la exhortación del Concilio Vaticano II para que “[escrutemos] a fondo los signos de los tiempos”, el enfoque de este capítulo es proporcionar una visión fundamental, o un tipo de análisis social, para comprender el surgimiento de la teología hispana de Estados Unidos. Un significativo componente de este estudio es una breve ojeada de la historia de los hispanos en Estados Unidos. Dado que esa historia abarca varios siglos, nuestra síntesis comienza con algunos puntos sobresalientes de los inicios del periodo español.
Sin embargo, es importante tener presente que muchos hispanos, tal vez la mayoría, son inmigrantes relativamente recientes o hijos de inmigrantes. Este dato señala la gran diversidad que existe entre las comunidades latinas, ya que sus países de origen son múltiples. Al mismo tiempo, esta conexión aún fresca con América Latina sirve para explicar la textura común de muchos aspectos de la cultura latina en Estados Unidos. Dado este compartido manantial de cultura, especialmente desde el punto de vista religioso, ¿será posible examinar a los hispanos de Estados Unidos como entidad teológica? Es decir, ¿comparten los hispanos una historia teológica común que los coloque en una posición especial para contribuir significativamente a la empresa teológica actual? Los catorce teólogos latinos que he estudiado piensan definitivamente que sí. Por ahora, este capítulo utiliza la historia y la economía para esbozar un fondo contextual para comprender su trabajo. Los otros capítulos son más explícitamente teológicos.
A manera de prefacio, las secciones iniciales ofrecen una perspectiva hasta cierto punto revisionista del periodo colonial. Este acercamiento más inclusivo a la historia estudia no solamente la cronología de individuos con autoridad sino también el papel que los factores filosóficos, religiosos, geográficos, económicos y culturales han tenido comunalmente en la conquista y la evangelización inicial de las Américas.
En la última parte del capítulo, el enfoque es contemporáneo. Un perfil actualizado de los hispanos en Estados Unidos sirve como marco de referencia para evaluar los escritos de teólogos hispanos emergentes. A pesar de la persistencia de mucha pobreza, numerosos estudiosos de las ciencias sociales señalan varios índices de la calidad de vida, que son testimonio de la presencia de otro factor en acción. En otras palabras, dadas estas sombrías condiciones de vida, uno no esperaría hallar la capacidad de recuperación y estabilidad que en la actualidad muchas de estas comunidades demuestran. ¿Cuál será este elemento? El doctor David Hayes-Bautista, uno de los líderes de este movimiento, que aboga por un cambio de paradigma diferente al que considera a los latinos únicamente en términos de un modelo de clase marginada urbana, contesta enfáticamente: “¡Es su espiritualidad!”. De hecho, él mantiene que tanto la Iglesia institucional como la popular han proporcionado la base para la construcción social de acción que tenga sentido para los hispanos1.
En la actualidad el contexto no es el de la primera evangelización de las Américas, sino más bien el contexto de lo que algunos han llamado la “segunda” o, según las palabras del papa Juan Pablo II, la “evangelización nueva”. Varias perspectivas, entre ellas la sociológica, la económica y la política, se examinan en relación a la formulación de una nueva teología que dice caracterizarse por su énfasis en la praxis.
Algunas consideraciones históricas
El debate acerca del “descubrimiento”
Una de las celebraciones más controvertidas del siglo XX fue la que conmemoró la llegada de los europeos a las Américas. Lo que anteriormente había sido llamado el “descubrimiento” de América por Cristóbal Colón, ha sido reinterpretado por algunos que vieron más apropiado el nombre de un “encuentro” de dos mundos muy diferentes: el amerindio y el europeo. Entre los críticos de la celebración había un sector que exigía en cambio una conmemoración de un tipo muy específico: un duelo por la masacre histórica de tantos pueblos y culturas indígenas, acompañado por un llamado a la reivindicación de sus derechos en la actualidad.
Durante el debate que se desató a lo largo de las Américas y al otro lado del Atlántico, algunos políticos, teólogos y académicos aprovecharon la oportunidad para elogiar elocuentemente lo que a menudo ha sido considerado o como la mayor bendición de los últimos quinientos años, la “llegada de la fe a las Américas”, o la peor maldición, después de la caída de la humanidad en el jardín del Edén.
Algunos también intentaron integrar ambos aspectos de esta realidad: la llegada del Evangelio a las Américas y el pecado que acompañó su proclamación. Leonardo Boff y Virgilio Elizondo escribieron una introducción a una colección de reflexiones por parte de catorce teólogos, entre los cuales se encontraban los muy conocidos Gustavo Gutiérrez, Hans Küng y Johann Baptist Metz, con las siguientes palabras:
El 12 de octubre de 1492 fue el comienzo de un largo y sangriento Viernes Santo para América Latina y el Caribe. Todavía es Viernes Santo, y no hay signos de Pascua. Los relatos dominantes se escribieron desde los barcos que llegaron para conquistar y no por las víctimas que esperaban en las costas y que padecieron los efectos de la dominación. Las víctimas claman a gritos y su sufrimiento nos desafía2.
Esos dos teólogos ven el reto lanzado no solamente por las atrocidades del pasado, sino también por las del presente.
La invasión