Capacitados para restaurar. Jay E. Adams
puedes ofrecer al consejero información muy valiosa.
En tercer lugar, nota también que es a los que Dios ha colocado providencialmente en tu camino que se te manda restaurar. No se te llama a un ministerio en que busques casos potenciales para aconsejar (no hay necesidad de esto, en realidad; ¡el camino de Jericó está lleno de víctimas!). El miembro que vaya buscando problemas entre sus hermanos está pecando; se ha vuelto un entremetido (2.ª Tes. 3:11). Su tarea es hacer bien cuando aparece la oportunidad (Gál. 6:10); esto es, cuando Dios coloca a otro en su camino. Esta consideración importante significa que el miembro de la iglesia está llamado a un ministerio no oficial de aconsejar. El aconsejar sólo es una parte ocasional de la tarea de ser un cristiano. Por el hecho de tener el Espíritu, es capaz de hacer este aconsejar no oficial al que ha sido llamado en todo el curso de las actividades de su vida. Pero no es llamado a un ministerio en forma de aconsejar como una parte de su vocación en la vida. Esta tarea es designada para personas dotadas de modo especial, que han sido ordenadas (designadas) para la tarea como ancianos, dirigentes y administradores de los que se requiere que pastoreen la grey de Dios.
A estos consejeros oficiales de la iglesia, a los que Dios requiere que aconsejen como parte de su cargo (o trabajo), Dios les ha dado una carga más pesada y una autoridad más amplia para ejercerla. Como resultado, tienen que hacer lo que al lego se le prohíbe hacer; deben buscar los problemas entre los miembros de la iglesia, con miras a cortarlos de raíz. Como pastores, no se les requiere sólo que se hagan cargo de los problemas con los cuales tropiezan en su camino, sino que han de vigilar sobre las almas (vidas) de cada miembro:
«Obedeced a vuestros pastores, y someteos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso» (Heb. 13:17).
La palabra griega en que este versículo dice «velan» significa «están despiertos», «están alerta» de los problemas que puedan aparecer.
Además, el miembro de una iglesia puede aconsejar hasta el segundo nivel del proceso de reconciliación/disciplina (Mat. 18:16), pero no hasta el tercero (Mat. 18:17-20; aunque pueden ser testigos a este nivel si han participado de un proceso de aconsejar en el segundo nivel). En este tercer nivel, las personas con cargos, representando a toda la iglesia, perdonan o excomunican usando las llaves para atar o desatar (vv. 18-20). Este tercer nivel, de tipo disciplinario del aconsejar, pertenece a los «dos o tres» ancianos que son llamados a administrarlo.
Si bien el aconsejar del cristiano está limitado a este alcance y a este tipo, con todo, es de gran valor; en realidad es, quizá, la mayor parte del aconsejar que se hace en la iglesia. Gran parte del aconsejar al tercer nivel en el que los ancianos se han de ocupar no sería necesaria si los miembros instruidos hubieran hecho una buena labor al reconocer su obligación a aconsejar y cumplirla. Muchos de los pasajes que hablan de «el uno al otro» en el Nuevo Testamento pertenecen en alguna forma a nuestro tipo de aconsejar.2
Debido al hecho de que los miembros que toman de modo serio las órdenes bíblicas de aconsejar tienen una responsabilidad tan extensa e importante, deberían estudiar la forma en que pueden hacerlo del modo más efectivo. Después de todo, el aconsejar bien, puede ayudar a otro de modo inmenso; el consejo pobre puede ser perjudicial. Las vidas de los hermanos están en juego, así como el bienestar de la Iglesia de Cristo y el honor de su Nombre. Por tanto, la orden de restaurar no puede tomarse a la ligera.
Para ayudar a aconsejar mejor, en una forma más bíblica, en el próximo capítulo daremos cuenta de los objetivos y actitudes propias que Dios dice han de acompañar al aconsejar cristiano.
1.Y, naturalmente, si uno que necesita consejo se niega a recibirlo, el que quería dárselo puede verse obligado a llamar a los ancianos para que intervengan.
2.Sería una buena idea como asignación a la clase el localizar, estudiar e informar sobre estos pasajes.
Capítulo 2
OBJETIVOS, ACTITUDES Y PELIGROS
El aconsejar no es fácil ni simple. Pero los problemas relacionados con él se pueden reducir a un mínimo si se observan cuidadosamente las directrices bíblicas. Los que fallan en hacerlo se perjudican a sí mismos y reducen sus posibilidades de ayudar a otros.
Como el aconsejar implica el bienestar de otros, la forma en que se hace es de vital importancia. Algunos, dándose cuenta de los peligros, se abstienen del todo y desobedecen la orden de «restaurar» a otros. Dios no permite hacer esto; Él te ha llamado a este ministerio como creyente. Como no puedes esquivar la responsabilidad de aconsejar, debes aprender a establecer tus objetivos y metas apropiados, la forma de desarrollar las actitudes convenientes y el modo de evitar los muchos peligros inherentes en la situación de aconsejar. En un sentido, todo el libro trata de ayudarte a hacer estas cosas, pero en este capítulo mencionaré uno o dos factores básicos que te pondrán en el buen camino desde el principio.
El objetivo último tras toda actividad cristiana, incluido el aconsejar, es glorificar a Dios (Col. 3:23). Los cristianos nunca adoptan una posición humanística; todo lo que hacen implica para ellos la dimensión vertical. Sin embargo, en cada esfuerzo hay un objetivo general que uno procura alcanzar, a fin de glorificar a Dios. Preguntemos, pues: «¿Cuál es este objetivo general del aconsejar por los miembros?» Ya hemos notado en el capítulo anterior que Pablo nos llama a restaurar a los hermanos que yerran a su lugar de utilidad a Cristo en su iglesia (Gál. 6:1). La restauración a la utilidad, pues, es el objetivo del aconsejar cristiano. Siempre que aconsejes a otro debes preguntar: «¿Cómo ha sido disminuida esta utilidad a Cristo por su problema?» Y no has de descansar hasta que se recobre la utilidad.1
El objetivo de la restauración debería guiar todas las actividades y actitudes de uno. El consejero aconseja no para castigar, o para exponer los fallos de otros, o divertirse a su costa, etc.; le aconseja para restaurarle a la utilidad. Además, con este objetivo constantemente presente, el consejero hará lo que hace, no sólo para ayudar al aconsejado (aunque esto sea importante), sino también para lograr otros objetivos. Es perfectamente correcto interesarse por el aconsejado y procurar su bienestar; aparte de este interés del consejero, por el cual puede «llorar con los que lloran y gozarse con los que se gozan», no es posible lograr ni el objetivo último (la gloria de Dios) ni el objetivo general (restauración). Sin embargo, los consejeros cristianos, a diferencia de los demás consejeros, no están meramente orientados hacia el aconsejado: quieren honrar a Cristo, y, como Él, se interesan también en su Cuerpo, la Iglesia. El bienestar de todo el cuerpo es afectado de modo adverso por el fallo de alguna parte. El aconsejar, pues, no sólo es la interacción entre un consejero y una o más personas en la sala para aconsejar; afecta en varias formas a todo el rebaño y a todas sus actividades. Cada consejero debe ver claramente que todo lo que hace en el aconsejar no sólo lo hace para el aconsejado sino también para Cristo y para su Iglesia.
El aconsejar es una actividad que el cristiano emprende no como un individuo particular, sino como un miembro del cuerpo. Como actividad del tipo «uno al otro» (cfr. Col. 3:16), es llevada a cabo entre aquellos que tienen obligaciones mutuas como miembros de la iglesia, no una actividad personal.2 El aconsejar por los miembros, pues, si bien no es oficial (esto es, no es conducido en el nombre de la iglesia por personas con cargos), sin embargo, está sometido a la dirección de la iglesia.
Los consejeros legos —o sea, miembros de iglesia—, meramente han de estar dispuestos a recibir instrucción de la iglesia para aconsejar, del mismo modo que estarían dispuestos a recibir instrucción sobre evangelismo o vida familiar. Por otra parte, como Dios requiere aconsejar