Ritmo historias : guía de aprendizaje mediante la improvisación musical. Héctor de Jesús Aguilar Farías

Ritmo historias : guía de aprendizaje mediante la improvisación musical - Héctor de Jesús Aguilar Farías


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capítulos de manera que puedas leerlos sin un orden específico. De este aspecto soterrado de la obra dio cuenta Fernando Escobar una vez que terminó de revisar el manuscrito. Efectivamente, al estructurar el libro hice un guiño con el pensamiento rizomático, ese que el poeta José Emilio Pacheco (2004: 144) ilustra al hablar del mar eterno: “Digamos que no tiene comienzo el mar: / empieza en donde lo hallas por vez primera / y te sale al encuentro por todas partes”.

      Es por ello que encontrarás ideas saltonas que, de un capítulo a otro, se integran al cuerpo del párrafo en cuestión, para reelaborarse desde otro ángulo, otra experiencia y otra mirada.

      Deseo que con las vivencias, juegos y procesos de aprendizaje aquí planteados, incentives una práctica en grupo a través de la cual encuentres un camino propio en la improvisación.

      Por extensión, este texto puede ser útil para cualquier estudiante o profesor de música que esté interesado en abordar el tema, y su contenido también puede aplicarse a cursos y talleres de creatividad.

      Si eres profesor de música, no busques recetas pedagógicas a lo largo de estas páginas: no las hay. Al realizar este material, mi sencilla pretensión es que puedas descubrir diversos recursos inspiradores que contribuyan a mejorar tu quehacer docente, desde la perspectiva del aprendizaje creativo.

      Al terminar el curso de percusión, Vania, estudiante de Ciencias de la Educación, me dijo: “Ahora creo muchísimo más en las improvisaciones como un desarrollo personal”. Esto me confirma que la educación musical es un medio que promueve la construcción de un mundo más humano en las capacidades comunicativas, cooperativas, en el pensamiento abstracto y creativo.

      Tengo la certeza de que el libro, sin importar su particularidad temática y disciplinar, puede resonar en cualquier persona que busca un conocimiento más profundo sobre la condición del ser creativo y su desarrollo en y con los demás.

      Es desde esa búsqueda, condición de estudiante perenne que nos identifica más allá del ausente cruce de nuestros rostros, que lanzo una serie de interrogantes para que en ti resuenen algunas inquietudes que me he atrevido explorar y describir a lo largo de estas páginas:

      • ¿Aprender consiste en repetir gestos y movimientos hasta la perfección a partir de un modelo único?

      • ¿Cómo inventar un arte exento de juego y emoción?

      • ¿Qué papel desempeña el error y la motivación en los procesos creativos?

      • ¿De qué manera el cuerpo y la voz humana, la imaginación, el lenguaje hablado y la poesía pueden convertirse en un motor que nos ayude a generar ritmos espontáneos?

      • ¿Qué tipo de dificultades experimentamos al realizar una improvisación?

      • Durante una actuación musical, ¿cómo se produce la alquimia que trasforma nuestra percepción de ver al público como juez, para después apreciarlo como el destinatario de un compartir dialógico? ¿Cuáles serían los criterios de calidad pertinentes para valorar el desempeño de una actuación musical, en la cual se abre el espacio a la improvisación?

      • ¿De qué manera se puede enseñar a improvisar? ¿es eso factible? Y, en última instancia, ¿cómo aprendemos a improvisar?

      Dejo este espacio en blanco para tus preguntas.

      1- Pessoa, Fernando. “El misterio de las cosas” (en Paz, 2010: 62).

      Querido lector, te propongo que en estas páginas escuches mis pensamientos con esa imaginación sonora que habita en los sueños; que aflora cuando lees poesía o recorres, con la escucha ocular, el territorio de una partitura.

      Deseo que resuenen en ti las ideas generadoras y fundamentales que me permitieron organizar y estructurar este libro; ese conocimiento educativo útil que construyo desde mi experiencia como profesor de música. Conocimiento útil, digo, porque he podido corroborar su eficiencia en diferentes contextos educativos, fuera y dentro de un aula de música, con una misma constante: esa atmósfera llena de inquietas manos que, a tambor batiente, deseosas están por expresar.

      LA IMPROVISACIÓN MUSICAL

      Encausar mi energía y mis reflexiones al tema de la improvisación musical es, en el fondo, una manera de retribuir toda la satisfacción y plenitud humana que este arte me sigue dando hasta hoy, pues nada disfruto más que contar historias sonoras sin necesidad de palabras; conmoverme y conmover. Eso es lo que para mí representa el arte de improvisar: la posibilidad de generar música repentina desde un modelo, estructura o consigna musical, en interacción dinámica con el ser, la intuición, un instrumento musical, los compañeros músicos y la audiencia que retroalimenta —como círculo virtuoso en espiral— este proceso creativo.

      LA PREGUNTA

      Patrick Süskind, en el monólogo teatral El contrabajo, escribe: “Yo rechazo el jazz, así como el rock y otras cosas similares porque, como artista educado en el sentido clásico de lo bello, lo bueno y lo verdadero, nada me ofende más que la anarquía de la improvisación libre” (2005: 9).

      Noticia: en el campo de los estudios musicales y la cultura de la música académica, se mantiene el supuesto de que la improvisación es un oficio pero no un arte y, además, un proceso que no puede ser explicado o analizado, según explican Bruno Nettl y Melinda Russell (2004: 19).

      De manera propositiva me opongo a tal creencia y, reiteradamente a lo largo de este libro, lanzo la misma pregunta inicial, aquélla que gestó una gran búsqueda en mí —sobra decir que en esa pregunta me mantengo—: ¿cómo se aprende a improvisar?

      EL APRENDER

      Dice Eusebio Ruvalcaba que aprender música es recordar. Si intento poner en práctica lo expresado por este poeta, entonces debo partir de una concepción particular de lo que es aprender, así como de una concepción acerca de la persona que aprende. Aprender es ensayar, buscar respuestas propias y descubrir nuevas preguntas.

      EL PROFESOR

      No recuerdo cuándo se instauró en mí el deseo genuino de ser profesor de música; deseo que entiendo como la voluntad de construir con el otro, a través de un saber compartir limitado tanto en tiempo como en forma, un camino al desarrollo humano. Erich Fromm considera que “la misión más importante que tiene el ser humano en la vida es contribuir a su propio nacimiento y llegar a ser lo que potencialmente es” (en Funk, 2003: 25). Considero que el profesor acompaña a un segundo o tercer nacimiento. En tal sentido, realizo mi tarea como educador bajo la convicción de que el estudiante enseña cuando duda, busca, sufre, goza, piensa y actúa.

      En el plano de la educación musical, la pedagoga Violeta Hemsy afirma que “el sentido rítmico es orgánico en el hombre, pues el niño que respira, camina, habla, es naturalmente rítmico” (1977: 18). En seguida, comenta acerca de la función de un maestro consciente de ello, pues su labor no consiste en enseñar: “sino en preservar y ejercitar el sentido rítmico natural del estudiante, en mantener siempre viva la posibilidad de conectarse con las distintas fuentes de ritmo viviente (de la naturaleza y del hombre) evitando el monopolio de los ritmos provenientes de la métrica” (1977: 18).

      ¿QUÉ TAN MUSICAL ES EL SER HUMANO?

      “No soy capaz de inventar un ritmo”, expresa un estudiante ante la realización de un acto creativo de improvisación musical. Late el supuesto de que el talento para crear es un don, de que solo las personas con dotes naturales pueden realizar verdaderos actos creativos como artistas, inventores etcétera. Pero también de acuerdo con Hemsy, “el músico que se siente íntimamente frustrado considera que la verdadera música es una experiencia única a la que únicamente tienen acceso los elegidos a través de una especie de visión mística” (1977: 8). Sin duda, tales creencias depositadas en la mente de los alumnos dificultan mi intento de potenciar su destreza improvisadora.

      El


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