Evangélicos en la nueva era de la comunicación. Daniel Hofkamp
a nuestros televidentes que nos manden fotos del bonito amanecer que vieron esta mañana. Así, hemos pasado de un receptor pasivo a un consumidor-emisor que no solo opina, sino que crea contenido. Pero al hacerlo, este receptor apenas usa filtros profesionales, como el contraste o la precisión.
Así que las redes sociales y los servicios de mensajería directa se han convertido, por derecho propio, en un espacio de comunicación fundamental. Lo han entendido bien las grandes empresas, que cada vez invierten más dinero en vendernos sus productos a través de estos canales. Incluso lo han captado quienes quieren vendernos ideas, sobre todo desde el campo de la política, sumamente preocupados por cuidar su actividad en las redes.
Sin embargo, las redes sociales no se pueden entender como un nuevo entorno de medio de comunicación de masas. En Facebook estás leyendo dos frases de un artículo sobre política internacional mientras, justo debajo, puedes apreciar la foto de tus sobrinos. Una frase ingeniosa escrita por un escritor al que admiras te genera un “Me gusta”. Cuatro o cinco segundos después, estás reaccionando con la carita de “Me entristece” ante la foto de duelo de un amigo que acaba de perder a su padre.
Así las redes sociales son un entorno marcado fundamentalmente por las emociones. En Estados Unidos, Facebook es desde hace varios años la plataforma donde más personas se informan sobre política. ¿Nos ayuda esto a entender que los políticos afinen sus discursos para apelar a emociones primarias? Pero no solo ellos: todos los usuarios, aun sin ser conscientes, lo experimentamos. Sabemos que, si la plataforma nos ofrece posibilidades de fingir, exagerar, extremar el discurso, es probable que lo hagamos. Porque ese “Me gusta” no solo satisface bolsillos o intereses de grandes corporaciones: ¿a quién no le satisface sentir que un mensaje ha llegado a decenas, cientos o miles de personas? La tentación de generar una respuesta que infle el ego está en el origen de muchas de las manipulaciones informativas que vemos hoy.
Burbuja
Otra de las consecuencias recientes de la evolución tecnológica es la creación de burbujas ideológicas en nuestro acceso a la información. Las redes sociales no son plataformas neutrales, sino negocios lucrativos. Viven de la gestión de datos personales y de la inversión publicitaria. Facebook, Twitter e Instagram quieren que el usuario pase en su plataforma cuanto más tiempo, mejor. Sus algoritmos nos estudian y aprenden qué mostrarnos, a qué hora, y qué reacción nos provoca aquello que vemos.
Es por eso por lo que, con nuestro uso cotidiano, las redes van conociendo cada vez mejor nuestro perfil ideológico y, en consecuencia, ofreciéndonos contenidos que se ajusten a aquello que más nos satisface. El periodista Tony Watkins describe este proceso: “Todos tenemos una fuerte tendencia psicológica a aferrarnos a información que confirma nuestras ideas previas […] Tendemos a evitar o rechazar cualquier cosa que nos cuestione. O sea que fácilmente creemos cualquier cosa que encaje con nuestra cosmovisión o valores preexistentes, y descartamos cualquier cosa que sea una amenaza para los mismos”. 1
Si solo nos informamos a través de las redes sociales corremos el riesgo de estar exponiéndonos informativamente a aquello que tenga el sesgo que más nos agrada. La virtud de consultar diversas fuentes para acercarnos más a la verdad de los hechos exige una implicación que las redes sociales no nos ponen nada fácil. En cambio, solemos creer que estamos bien informados. Como dice el periodista José de Segovia “vivimos en la edad de la globalización de la información, por lo que nos creemos libres, cuando somos más esclavos que nunca”. 2
¿Qué efectos puede tener esta situación a medio o largo plazo? El divulgador Ranga Yogeshwar decía en una entrevista que “si te rodeas todo el tiempo de gente que piensa como tú, te encierras en una burbuja y eso también modela la personalidad. Me pregunto si acabaremos en una sociedad muy diferente, que no se parece nada a la idea de sociedad cohesionada que teníamos hasta ahora, sino una en la que se formen islas con unas reglas elementales para relacionarnos”. 3
Posverdad y fake news
El Diccionario Oxford (2016) define la posverdad como el “efecto o circunstancia en la que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que las apelaciones a las emociones”. Las fake news o “noticias falsas” son aquellas noticias que se construyen para desacreditar o acreditar una posición ideológica previa.
No es casualidad que la posverdad prospere en el ámbito del impacto emocional y la burbuja, y que las noticias falsas se expandan en este entorno de acceso y producción informativa democráticos.
¿Cuáles son las consecuencias? Todavía están por verse, aunque ya percibimos cómo ciertos movimientos políticos han aprovechado este nuevo escenario informativo para crecer. La apelación emocional se utiliza sin demasiados escrúpulos para conseguir un apoyo que no entienda de razones.
Cómo responder
Los cristianos tenemos el reto de ser sal y luz en medio del mundo. Si aplicamos los principios bíblicos y del evangelio a nuestra forma de comunicarnos y relacionarnos con la información, estaremos cumpliendo con ese llamamiento de Jesús. Algunos de los principios son:
1 La verdad existe. Conocer la verdad es posible. Por los medios que dispongamos, tenemos que esforzarnos por encontrar esta verdad. No caigamos en la trampa del relativismo creyendo que todas las perspectivas tienen el mismo valor. En la esencia del periodismo está ese afán de búsqueda de lo cierto. Sabemos que será una búsqueda imperfecta o limitada, pero eso no impide que nuestro esfuerzo sea como el del evangelista Lucas: “Habiendo investigado todo esto con esmero desde su origen, he decidido escribírtelo ordenadamente”. Investigación precisa y orden son dos características que debemos buscar en la información de la que nos nutrimos y también de la que difundimos.
Pero, ¿de qué forma podemos buscar la verdad? Lo primero sería que ante una noticia no nos quedemos con la versión de un medio, sino que procuremos acceder a varias fuentes. En segundo lugar, respetemos el oficio periodístico. Incluso en sus horas bajas, es posible encontrar a quienes siguen principios de honestidad y veracidad dentro de la profesión. Internet nos ha facilitado el acceso a medios y periodistas de todo el mundo. Es fácil tener incluso acceso a medios independientes que no están sometidos a grandes poderes ideológicos o económicos. Podemos acceder a un menú variado de información e ideas que nos ayuden a configurar nuestra percepción de la realidad. “Examinadlo todo, retened lo bueno” es un principio que nos puede ayudar en la elección de nuestras fuentes de información.
1 Apliquemos filtros en el consumo de información. Pongamos los hechos por encima de las opiniones y las emociones. Muchos se obsesionan con la construcción del relato, es decir, que no importa tanto lo que haya pasado, sino cómo te lo hayan contado. Según comentamos anteriormente, esto se debe a ese anclaje emocional y de relativismo del que podemos contagiarnos. La vacuna es buscar los hechos y que sean estos los que hablen primero. “Por sus frutos los conoceréis”, dijo en más de una ocasión Jesús. Esa es la mejor forma de acercarnos a la información para identificar si está siendo interesada o manipulada. Si vemos que un medio abunda en el sensacionalismo, podemos descartarlo como fuente primaria informativa. Algo que también nos puede ayudar es conocer cuáles son las tendencias ideológicas del medio en cuestión, así podremos saber a priori qué partes de la información podrían estar quedando opacadas por esa tendencia.
1 Rompamos la burbuja. El efecto de aislamiento ideológico inherente al funcionamiento de la mayoría de las redes sociales nos debe llevar a buscar la información por otros canales que no solo sean Facebook o WhatsApp. Tenemos que procurar romper nuestra burbuja personal. Basta con prestar atención al menos a las portadas de periódicos que no sean afines a nosotros. Jesús dijo que no podíamos pretender quitar la astilla del ojo ajeno si antes no nos hemos quitado nuestra viga. Así que seamos intencionales al buscar informarnos.
1 Vigilemos el primer impulso. Al circular tal cantidad de información con carga emocional, es habitual que reaccionemos de forma impulsiva. Incluso esta reacción es utilizada por entidades de todo tipo, ya sea para pedir dinero, firmas o la extensión del mensaje. Pero, como cristianos deberíamos actuar con