Epistemología y Psicoanálisis Vol. II. Gregorio Klimovsky
parece dar cuenta, también, del proceso de validación de las interpretaciones, cosa que ya, de alguna manera, habían señalado John O. Wisdom y otros epistemólogos.
Puesto que hemos hablado de la vaguedad de las teorías psicoanalíticas como una especie de etapa por la cual, razonablemente, hay que transitar durante las primeras etapas del desarrollo de toda teoría, conviene señalar una significativa indicación de Freud. En Introducción al narcisismo, plantea el problema de si es o no conveniente que una teoría científica sea nítida, o más exactamente si los términos introducidos por la propia teoría para poder enunciar sus hipótesis han de ser precisos desde un comienzo o se podrá admitir en ellos una cierta dosis de vaguedad. Los epistemólogos y científicos de temperamento formalista dirían que sí, pues esto haría ociosa una serie de discusiones y otorgaría claridad al tópico y a los alcances de lo que se discute. Ahora bien, Freud piensa exactamente lo contrario. Nos dice que, si los términos fuesen muy nítidos desde un comienzo, la probabilidad de que la teoría describa exactamente los estados de cosas tal como ocurren se hace muy reducida; es muy probable que la teoría esté equivocada y haya que corregirla y ajustarla. Preferible es, dice Freud, que aparezcan con una cierta dosis de vaguedad que les permita acomodarse progresivamente, a través de la propia práctica científica, a los hechos y observaciones. La claridad surgirá luego, a medida que la disciplina se desarrolle y esto es conveniente, agrega Freud, por cuanto la observación es la piedra de toque que otorga validez y alcance a las teorías y a las actividades científicas. Es importante aclarar este punto porque los antiempiristas del campo de la psicología contemporánea parecen ser víctimas de una enfermedad que podría denominarse “fobia observacional”, responsable de la antipatía que profesan ante los reclamos de quienes, como el autor de este libro, sostienen que una disciplina científica debe vincular aspectos informativos con observacionales. Quienes padecen tal enfermedad tratan de reforzar, desde una posición racionalista, los aspectos asertivos, de pensamiento y de significación que hay en una teoría, y suelen anteponerlos a los aspectos empíricos. En todo caso, el control de la teoría quedaría en manos de la práctica, a la que ellos, en general, desvinculan un tanto de la observación. Freud, por el contrario, se hallaba convencido, como todo buen hipotético deductivista, del papel central que tiene la observación en la formulación, desarrollo y cambio de las teorías científicas.
Nada de lo dicho significa que el rigor sea un recurso al que no convenga apelar. Si una teoría es rigurosa desde un comienzo, presentará ventajas en cuanto a la comprensión del tipo de conocimiento que brinda y ofrecerá también mayores posibilidades de contrastarla de manera drástica. Si no lo está, se admitirá que brinde un conocimiento un tanto vago de inicio, pero no se debe perder de vista el objetivo de que adquiera, a través de su propia aplicación científica, mayor nitidez y mejores formulaciones. Actualmente somos víctimas de una moda que sostiene que la búsqueda del rigor nos hace perder el contacto con la realidad, porque esta tendría una indefinición, una vaguedad y una complejidad que convertirían en una pedantería inadmisible nuestros propósitos de construir una ciencia exacta acerca de ella. Si se tomase esta tesis al pie de la letra, tendríamos que admitir que, cuanto más general y vaga es una aseveración, tiene menor riesgo de ser errónea, más probabilidad de ofrecer conocimiento y será, por tanto, filosóficamente más trascendente. Todo lo cual llevaría a edificar una suerte de “ciencia light”, anunciada ya como la ciencia del futuro, que permitiría democráticamente a todos los ciudadanos por igual reunirse en fiestas, cafés u ocasiones amables y hacer profundas consideraciones teóricas acerca de lo complicada que es la vida, de lo incómodas que son las crisis sociales, de cuán intrincada es la naturaleza del hombre o de la eficacia de la meditación trascendental para la salvación individual. Nada de ello puede compararse con el enorme conocimiento y la notable seguridad práctica que nos ha brindado la ciencia, cuyos beneficios sociales —y aquí solo bastaría mencionar los aportes de la medicina— son y serán indiscutibles.
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.