Creando una mente psicoanalítica. Fred Busch
de salida. En el caso de Max, es posible ver que su actitud inicial de aprestarse a defenderse de un ataque pasó de ser un modo simple de estímulo-respuesta a una estructura más compleja que impide la reacción inmediata.
El conocimiento del proceso
El conocimiento del proceso es distinto y da lugar a una diferencia entre el modo en que pensamos y aquello en lo que pensamos. Al comienzo de un análisis, los pacientes piensan en concreto.10 Piensan, pero no pueden pensar sobre su pensar. Sumidos en los conflictos, los pacientes a menudo piensan en sus pensamientos como realidades. En tales momentos, un hombre que relata una discusión con su esposa no se pregunta por qué su mente piensa en eso. No puede observar sus pensamientos como tales y mucho menos reflexionar o jugar con ellos. Después de un tiempo, determinados métodos de trabajo –junto con la focalización en el proceso– provocan un cambio en la capacidad del analizando, que se convierte en el tipo de pensador con habilidad autoanalítica. Éste es el método que suele inducir al autoanálisis y no la identificación con el analista, que ha sido considerada el factor principal en las hipótesis sobre el desarrollo del autoanálisis. Resumiendo, el conocimiento del proceso opera de manera diferente al conocimiento del estado. El conocimiento del proceso lleva a una valoración de los métodos necesarios para adquirir el conocimiento del estado. El conocimiento del proceso no es silencioso. Es el resultado de una actividad mental en acción, aunque no dirigida. A menudo parece una ensoñación, pero a diferencia de ésta, en la que el soñante se deleita con sus pensamientos, el pensar los procesos incluye la capacidad de un Yo observador y la habilidad de jugar con los pensamientos en pro del autoconocimiento.
En síntesis, el conocimiento del proceso encierra la capacidad de pensar en nuestros pensamientos como hechos de la mente. Esta capacidad, aparentemente sencilla, es un logro difícil para todo paciente en análisis. Sin embargo, sus beneficios son enormes, en tanto permite potencialmente al paciente dar un paso atrás y reflexionar en lugar de actuar. Presento acá un ejemplo típico.
Eric
Eric, un paciente que se encontraba cerca del fin de análisis, comenzó una sesión de manera enrevesada. No mencionaba personas ni lugares, sus asociaciones se disparaban en muchas direcciones, omitía las preposiciones y no terminaba las oraciones. Pasado un rato, pudo observar que hablaba igual que al inicio del tratamiento.
En ese momento, entendimos que su modo de hablar expresaba su deseo de que yo limpiara su suciedad, con el significado de que su síntoma giraba entre la gratificación narcisista y la hostilidad.11
Cuando Eric puede retroceder un paso y observar aquello de lo que estaba hablando (un gran logro del análisis), sus asociaciones se dirigieron al día anterior en su lugar de trabajo. Al volver a su escritorio con una taza de café, notó que el café que no había bebido de la taza anterior se había derramado, dejando un reguero que iba desde su escritorio hasta la máquina de café. Por un instante pensó en dejarlo para que se hiciera cargo la mujer de la limpieza pero como la huella delatora lo identificaba sin duda alguna como el culpable, decidió limpiar él mismo. Lo irritaba tener que hacerlo pero mientras limpiaba le empezó a divertir “esa larga línea de suciedad marrón delineando mis movimientos”. Eric se encontró pensando acerca de su estado de ánimo antes de ir a buscar el café y se dio cuenta de que había estado molesto. Preguntándose por qué, rió cuando le vino a la mente que “había pasado la última hora limpiando la suciedad de los demás”. Luego, su estado de ánimo mejoró y sus pensamientos viraron hacia una interpretación mía del día anterior. Pensó mucho en ella pero no terminaba de comprenderla.
Eric dijo que no se había dado cuenta hasta ahora cuán molesto estaba por mi comentario, al que sentía “enrevesado”.
Si bien hay mucho para explorar en esta rica interacción analítica, quiero destacar la capacidad de Eric para ver su manera de hablar como un hecho de la mente. Una vez que lo hace, tiene acceso a una gran cantidad de recuerdos, sentimientos y pensamientos, mientras que su estado de ánimo cambia. Sus asociaciones nos permiten ver cómo la transferencia del inicio de sesión (“Quiero que resuelva usted mis desbarajustes”) fue estimulada por cómo había reaccionado a mi interpretación del día anterior, algo que creía era una verdadera suciedad que debía “limpiar”. Otro paciente, sin esta capacidad, podría haber pasado la sesión sintiéndose molesto por todo lo que tenía que hacer por los demás. Veo esto como el ejemplo típico de un paciente que ha desarrollado la capacidad de autoobservarse mediante la valoración del conocimiento del proceso. Las fantasías nucleares inconscientes no cambian; permanecen intactas y prontas a ser estimuladas (aunque mucho menos catectizadas). Lo que cambia es la capacidad del paciente para reflexionar sobre sus pensamientos y sentimientos, considerándolos hechos de la mente. Así, puede acceder a sus pensamientos y verlos como productos del inconsciente. Notamos, además, la habilidad de Eric para reflexionar sobre sus pensamientos y reímos por lo bajo de un sentimiento que, en un tiempo anterior del análisis, habría inspirado temor. Y éste es otro logro importante del análisis.12
El concepto de conocimiento del proceso se ha tomado de muy diversas maneras. Lo vemos en Green (2005), cuando dice que “el propósito de la interpretación no es producir un insight directo sino facilitar la operación psíquica que probablemente contribuirá al insight” (p. 5). Sugarman (2003), desde la perspectiva del análisis infantil y luego pensando en el análisis de adultos, destaca lo que llama “capacidad de insight”, un concepto que se focaliza en el modo en que ayudamos a que nuestros pacientes desarrollen una teoría de la mente. Los trabajos de Fonagy y Target (Fonagy y Target, 1996, 2000; Target y Fonagy, 1996) sobre la mentalización y concientización se refieren a conceptos similares, aunque la definición de estos términos y los métodos utilizados para arribar a estos estados son diferentes. La obra de Gray (1982, 1990, 1994) acerca de liberar la mente para realizar el trabajo analítico inspiró muchos artículos sobre la atención al proceso, si bien él abordaba más precisamente el rol de las resistencias inconscientes. Paniagua (2001, 2008) se ha focalizado en cómo nuestra técnica ha puesto mayor énfasis sobre el conocimiento del estado con base en el modelo topográfico.
Técnicas para analizar el proceso13
Esta técnica se centra en la importancia de utilizar determinados métodos analíticos. Intento demostrar que, al escuchar lo que está en la mente del paciente, nos enteramos de todo lo que necesitamos saber. En términos generales, significa trabajar de manera insaturada (Ferro, 1996), mientras se analizan las resistencias para ayudar a liberar la mente del paciente, dirigiendo nuestras intervenciones a lo que se encuentra disponible en el preconsciente. La utilización de estos métodos lleva a que la fuente del insight se sitúe en la mente del analizando y no en la del analista. Si bien la comprensión y empatía del analista resultan fundamentales para la eficacia del método, lo central para esta manera de analizar es la focalización continua en la información psicoanalítica que el paciente proporciona a través de la asociación libre o de las resistencias al proceso.
A. Interpretaciones insaturadas dirigidas al preconsciente
A menudo comienzo una interpretación diciendo: “Me pregunto si ha notado usted” para luego traer una serie de asociaciones o un cambio en el afecto, o “A partir de lo que usted dice, me pregunto si está sugiriendo” y sintetizo el tema en las asociaciones. En realidad, lo que no ceso de destacar es que, si seguimos el proceso escuchando atentamente lo que sucede en la mente del paciente, podemos enterarnos de lo que causa sus dificultades. Si bien esto suena a lo que los analistas hacemos siempre, existen diferencias. En primer lugar, lo más típico de nuestra modalidad de trabajo consiste en escuchar las asociaciones del paciente y decir algo como “Usted se siente perdido cuando yo guardo silencio”. Así, es el analista quien sintetiza lo que el paciente dice, diciéndole lo que tiene en mente en vez de ayudarlo a ver lo que sus asociaciones muestran que está dentro de su mente.
Describo una metodología de trabajo en la cual intervenciones menos saturadas