La compasión en la antropología teológica.. Iván Fernando Mejía Correa
temático entre tanta literatura de consumo y moda (o simples trabajos academicistas), al reivindicar un teólogo tan comprometido y coherente como fray Jesús Espeja Pardo, a quien yo también admiro profundamente.
SANTIAGO MARÍA BORDA-MALO ECHEVERRI,
Ph. D. en Filosofía USTA-Bogotá
y diácono parresiasta del Movimiento “Diaconía y Parresía”.
Tunja, Domingo de la Ascensión del Señor y recordando
a san Juan XXIII, ‘el papa Bueno Conciliar’,
2-3 de junio de 2019, en camino hacia un Nuevo Pentecostés.
INTRODUCCIÓN
En el presente libro se abordará la categoría compasión a la luz de la teología de Jesús Espeja Pardo, que busca profundizar en la antropología teológica a partir de los conceptos de imagen y semejanza, mostrando cómo este tópico dinamiza estos conceptos y posibilita un diálogo iluminador en el interior del discurso teológico. Seguimos el método genético evolutivo o progresivo, identificando, analizando y sistematizando esta categoría del autor, con miras a encontrar los posibles hilos conductores que ayuden a profundizar la antropología teológica, sabiendo que la compasión se constituye en una realidad sustancial poliédrica que permea toda la teología y de la cual se desprenden implicaciones en todos los ámbitos de la teología.
Generalmente, la categoría compasión ha sido tratada en su plano netamente teológico, es decir, como atributo o prerrogativa divina. Desde allí, se suele dar el salto al ámbito moral, como acciones compasivas. Por mucho tiempo, la compasión fue subestimada, vista solamente en muchas ocasiones como accesoria desde una perspectiva sentimental y piadosa. Al respecto, esta investigación, basándose en la teología de Jesús Espeja Pardo y la tradición dominicana, busca situar la compasión desde la esfera de la antropología teológica y no solamente como virtud sustancial en Dios, sino que también se revela como categoría fundante en el hombre y se muestra además como categoría poliédrica que informa todas las categorías antropológicas que afectan a la teología en sus disciplinas.
Esta investigación se enmarca dentro de la tradición de la Orden de Predicadores. Esta es una de las órdenes más importantes y antiguas de la Iglesia. Frailes ilustres componen sus 800 años de historia. Basta dar una mirada al pasado para reconocer que el Espíritu Santo ha derramado sus dones de manera irrestricta en los hijos de Santo Domingo de Guzmán. Uno de sus frutos ha sido una profusa y variada teología, que ha sabido responder a las circunstancias históricas más diversas. Dentro de todas las corrientes y modos en que se ha expresado la teología dominicana, una ha resultado relevante en la experiencia cristiana de fe: la compasión. Se remonta ella a los orígenes de la Orden de Predicadores y no ha dejado de desarrollarse desde entonces. Así aparece como característica de Santo Domingo de Guzmán, es esbozada por Santo Tomás de Aquino, pilar inspirador de la reflexión de la Escuela de Salamanca, que también la desarrolla, y, en los tiempos actuales, es inspiradora de la teología de la liberación.
Uno de los portaestandartes de la categoría compasión en la teología es el dominico español Jesús Espeja Pardo, quien ha sido el responsable de continuar pensando la compasión dentro del amplio horizonte de la espiritualidad dominicana. Pero decir que Espeja es solo un continuador sería no hacer justicia a un don que a toda vista la Providencia le ha otorgado de manera especial, esto es, saber leer los signos de los tiempos y mantener el carácter salvífico del cristianismo ante los más bruscos cambios epocales. Al hacer esto, Espeja ha mostrado la posición fundamental de la compasión que, relegada a un papel secundario y con frecuencia desposeída de su vitalidad divina, ha venido a ser un tema secundario de la reflexión teológica.
Por medio de esta investigación, he tratado de mostrar la riqueza teológica que subyace a la compasión a través de la obra de fray Jesús Espeja Pardo, O. P. Este trabajo se encuentra dividido en cuatro capítulos, a modo de cuatro fases. Estos responden en su conjunto al objetivo general, que se desglosa mediante el desarrollo de los objetivos específicos. En primer lugar, se describen los datos fundamentales de la teología, la filosofía y la Revelación, manifestados en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia, en relación con la compasión o misericordia. En segundo lugar, se presenta la obra teológica de Jesús Espeja Pardo en relación con la compasión, contexto en donde se descubre a ésta como clave hermenéutica de su lectura teológica. En la tercera parte se profundiza en las relaciones teológicas y las dimensiones consecuentes de la categoría compasión en Jesús Espeja, puntualizando las posibilidades de la compasión en la antropología teológica. Por último, como cuarta parte, se explicitan las implicaciones de la compasión en la antropología teológica y la teología en general.
CAPÍTULO 1
LA COMPASIÓN DESDE SUS FUNDAMENTOS BÍBLICO-TEOLÓGICOS
La compasión en la teología bíblica
¿Misericordia o compasión? (Deslinde y desglose de estos dos términos teológicos afines)
El Señor es compasivo y misericordioso (…)
Su misericordia es eterna.
(Salmos 103, 8; 25, 6)
Una de las constantes del Dios de Jesucristo es que es un Dios misericordioso, tierno, compasivo1. Para muchos tratadistas, estas actitudes son las constantes de Dios y no se pueden separar. Cuando se habla de misericordia, a la vez se está aludiendo a la compasión. Tanto así que en algunas traducciones nos encontramos con que a veces se traduce por compasión o misericordia2. Por ello, un autor como José Manuel Andueza afirma: “De entrada nos encontramos con que en el Antiguo Testamento hay diferentes palabras, pues —tal como nos indica Duerrwell—, para celebrar este cariño misericordioso la Biblia hebrea disponía de una gama de términos, cada uno de los cuales encierra a su vez múltiples armónicos”3. Podemos decir, con Xabier Pikaza y José Antonio Pagola, que la misericordia tiene nombres o notas características.
Es clave hermenéutica entender que la palabra compasión entraña un horizonte semántico amplio, variado, sin que por ello se pierdan sus notas características. Así pues, indican estos autores:
La misericordia es una emoción, y en hebreo se dice rehem / rahamim, nombre vinculado a las entrañas o vísceras del hombre, en especial al útero materno, un sentimiento amoroso y creador que liga a las personas por lazos de sangre, matriz y corazón. Clemencia: Actitud de aquel que no juzga ni castiga con rigor, sino que, moderando la ira o empleándola con un fin medicinal, está siempre pronto al perdón. Compasión: Viene de con-padecer, compartir el sentimiento, solidaridad afectiva. En esa línea avanza el misericordioso, que no sólo se compadece, sino que ofrece un gesto positivo y gratuito de amor. Empatia: Como el término anterior (gr.: pathos, pasión), implica una comunión de sentimientos. La misericordia es empatía, pero implica también una acción puntual de ayuda. Piedad: Sentimiento de pena, dirigido a los que sufren un dolor, con el deseo de ayudarlos. La misericordia es sin duda piedad, pero implica también ayuda a los necesitados. Ternura / dulzura: Actitud cariñosa y protectora, dirigida en especial a los más débiles. La misericordia es ternura entrañable, pero con matices distintos, pues implica también un compromiso activo4.
Sin embargo, detrás de estas palabras subyacen vocablos que proceden del hebreo, tales como hesed, rahamim y hen. Sobre el primero, anota Andueza: “El segundo término hebreo (hesed), traducido ordinariamente en griego por una palabra que también significa misericordia (eleos), designa de suyo la piedad, relación que une a dos seres e implica fidelidad”5.
En segundo lugar, el mismo autor aclara:
El término hebreo rahamim expresa el apego instintivo de un ser a otro. Según los semitas, éste tiene su asiento en el seno materno (1 Re 3,26), en las entrañas; nosotros diríamos: el corazón de un padre (Jer 31,20; Sal 103,13), o de un hermano (Gen 43,30): es el cariño o la ternura; inmediatamente se traduce por actos: en compasión con ocasión de una situación trágica, o en perdón de las ofensas (Dan 9,9)6.
Miguel De Burgos Núñez, por su parte, identifica la