Cristianos y musulmanes en la España medieval. Ron Barkai

Cristianos y musulmanes en la España medieval - Ron Barkai


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de la «imagen del espejo» fue la guerra fría librada entre el bloque occidental y el bloque oriental. Este fenómeno en las relaciones internacionales sirvió de ejemplo vivo y apasionante para la confirmación de la teoría. De un modo más elaborado se puede hallar aplicada esa teoría en el análisis del sistema de concepciones recíprocas norteamericano-soviéticas en el artículo R. K. White, «Imagen in the Context of International Conflict» en Kelman, op. cit., pp. 238-276.

      [5] Desde que L. Festinger publicara sus investigaciones y su teoría sobre la disonancia cognoscitiva (A Theory of Cognitive Dissonance, Nueva York, 1957), éstas se han convertido en factores centrales para todo debate sobre concepciones, actitudes y sus respectivas modificaciones. A pesar de las objeciones formuladas por diversos estudiosos a una parte de las ideas de Festinger, la teoría de la disonancia cognoscitiva tiene gran importancia cuando se trata de abordar la estabilidad de las actitudes y sus modificaciones.

      [6] W. J. Brandt se refirió a la importancia de la crónica como fuente histórica en su libro: The Shape of Medieval History, Studies in Modes of Perceptions, New-Haven y Londres, 1966. En ese libro el autor analiza el desarrollo de las concepciones de la gente del Medievo, a partir de Isidoro de Sevilla, sobre todo lo que respecta al círculo aristocrático-clerical que tuvo su expresión en la escritura histórica. Examina particularmente las explicaciones de aquellas referentes al universo, la naturaleza, al curso de la historia y a la naturaleza del hombre. Hay un lugar especial a la evolución que se opera en las concepciones de la gente de esa época como resultado de la propagación de la influencia aristotélica en los siglos XII y XIII.

      PRIMERA PARTE

      I

      LOS «HIJOS DE SARA» Y LOS «HIJOS DE AGAR»

      1. Las primeras informaciones

      El «período formativo» —en el que se consolidaron los primeros moldes de las imágenes en la cronografía cristiana— se inició poco después de la conquista musulmana. De ese espacio de tiempo, que se ha delimitado desde mediados del siglo VIII a mediados del siglo XI, nos ha llegado una serie de escritos históricos que difieren entre sí, a veces, por su estructura y concepciones. Pero, a pesar de sus diferencias, esas crónicas determinaron la infraestructura de las tendencias que, en etapas posteriores, pasarían a ser las líneas básicas del sistema de imágenes cristiano-español.

      La identidad personal de los autores de ambas crónicas está envuelta en la vaguedad. Sin embargo, en la primera de ellas se nota que el autor ha sido influido por la tradición historiográfica bizantina, que habrá de echar raíces en España aun antes de la conquista musulmana y que al parecer se basaba también en fuentes musulmanas. La inclusión, a veces incontrolada, de fuentes musulmanas hizo que un número de investigadores modernos creyera que esa crónica fue escrita por un español convertido al islamismo después de la conquista.

      A pesar de que la crónica bizantino-árabe fue la fuente principal de la que se nutrió la mozárabe, destacan algunas diferencias importantes en lo que respecta a las informaciones suministradas:

      Primero, la crónica mozárabe profundiza el aspecto descriptivo e informativo de España y en especial de la conquista musulmana, pero restringe todo lo que se refiere a la descripción de los sucesos acaecidos en el mundo musulmán y romano, que constituyen el tema principal en la crónica bizantino-árabe.

      Tercero, la transcripción de los nombres —del árabe al latín— en la crónica mozárabe es exacta y corrige las inexactitudes contenidas en la crónica bizantino-árabe. Por ejemplo, si la primera habla de Habubeccar, la crónica mozárabe enmienda el error y escribe Abubacer. En la crónica abundan los ejemplos de este tipo.

      Cuarto, la crónica bizantino-árabe no distingue entre los diversos grupos comprendidos en el Islam y generalmente usa el nombre genérico de sarracenos o, con menos frecuencia, hismalitas. La crónica mozárabe distingue claramente entre los distintos grupos étnicos que componen la sociedad musulmana. Al transcribir de la primera crónica los datos referentes a los orígenes del Islam incluye el término sarraceni, pero agrega también el vocablo árabes. Es aún más importante la distinción que hace la crónica entre bereberes y árabes, tanto en España como en África del Norte. A los bereberes se los llama mauri, mientras que los árabes que se asentaron en España son llamados claramente árabes.

      Ninguna de las dos crónicas profundiza en el significado de la institución del califato en el Islam, que no diferencia entre la función religiosa y temporal. La crónica bizantino-árabe interpreta esta institución como un reino y contiene expresiones como Mohabia rex sarracenorum. En cambio, la crónica mozárabe no hace caso del título real y se conforma con definiciones como administratio, gubernacula, principatum. Las dos crónicas dedican mucho espacio a la descripción de la historia musulmana, tanto en el Oriente como en el Occidente. Este interés por la historia musulmana no se circunscribe a un árido informe de crónicas, no se conforma con el nombre del monarca y la fecha de su reinado, sino que agrega minuciosas descripciones de los principales acontecimientos producidos en el mundo musulmán, para lo que recurre a fuentes árabes. Uno de los ejemplos más destacados del interés y conocimiento del Islam puede verse en el modo de describir la rebelión de los bereberes en España. El cronista sabía que el sublevado jariŷí se había alejado del Islam y, por tanto, les endilga a los rebeldes bereberes el nombre de herejes.

      Frente a nosotros, dos cronistas que saben lo acaecido en el mundo musulmán, pero el autor mozárabe demuestra más interés por este aspecto y es casi seguro que dominaba el árabe. De ese modo se explica también la exactitud cronológica, la transcripción correcta de los nombres y el relato de los acontecimientos.


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