La música de lalengua. Ruth Gorenberg
ritual judío cuyo evocar, inspira a Lacan a la hora de proponer el objeto voz como objeto pulsional.
Gran parte de lo que el sujeto recibe del Otro a través del lenguaje, lo recibe en forma vocal, por lo cual observamos que la ligazón entre lenguaje y sonido es significativa. Así, la sonoridad tiñe de un modo singular el mundo imaginario. Nos planteamos si con el modelo de la esquizia –oposición entre el ojo y la mirada (Seminario 11)–, sería posible introducir una antinomia entre el oído y la voz.
Partimos entonces del problema que supone la articulación de la voz como función de la fonación con el objeto vocal en tanto objeto a, orientados por una pregunta: ¿cómo un analista podría ejercer su función si no es a partir de una radical transformación de su relación al objeto? En el caso de la voz del analista, instrumento insoslayable en una cura, cobra relevancia la noción de la voz como áfona, lo que nos conduce particularmente a explorar el estatuto del objeto, teniendo en cuenta que es aquello por medio de lo cual la pulsión se satisface, caracterizándose por su fijeza una vez que el programa de goce se ha escrito, aunque cabe destacar también su variabilidad.
En tal sentido, atendiendo al problema que nos planteamos, la voz del shofar, aislada por Lacan como resto, al indicar precisamente ese pasaje del dios del pacto, de la alianza, al dios oscuro cuyo resto vivo no se digiere, nos interrogará acerca de la noción de superyó, en tanto éste podría ser considerado como una de las formas del objeto a.
Anticiparemos en el cuarto capítulo, el pasaje desde el lenguaje hacia lalangue, que no es el lenguaje a nivel simbólico ni lingüístico. Así el laleo, sustrato gozante de la lengua como tal, forma parte fundamental de la experiencia analítica. De tal modo, interrogaremos si un análisis podría hacerse por escrito o si tiene que hacerse por la vía de la palabra hablada, incluyendo esa relación con la lengua en tanto materia fónica que atraviesa el cuerpo y que resuena en el cuerpo.
Nos proponemos como objetivos: distinguir el estatuto de la voz en tanto “resto mnémico de la palabra oída” (Freud) de su dimensión de “fonema” (Lacan). Introducir la noción de voz como objeto de la pulsión, en su vertiente áfona, para lo cual será necesario situar la noción de pulsión y su conexión con el término “objeto” en Freud, así como la fundamentación del objeto a lacaniano. Dar validez a la función de “fonemización” introducida por Lacan en su Seminario 10, para distinguirla del “soporte” del a. Aislar la vertiente enigmática del Otro a partir del objeto voz. Aislar lo singular que emerge a partir de concebir la alucinación como un hecho de lenguaje en confrontación con la definición de la psiquiatría acerca de la alucinación como percepción sin objeto. Dar validez a las incidencias clínicas del objeto voz y a la función del analista en tanto “soporte” del discurso analítico.
De acuerdo a nuestra hipótesis de trabajo, el objeto voz áfono presenta incidencias clínicas constatables, tanto en el marco de las neurosis (efectos de la voz del superyó) como en las psicosis (la voz en la alucinación).
En nuestro trabajo nos proponemos trazar un recorrido cuyo objetivo es la investigación sobre la voz como objeto de la pulsión y sus incidencias clínicas. Para ello, en el primer capítulo será necesario circunscribir el trayecto de Lacan en torno a la noción misma de pulsión, partiendo de comentar los movimientos conceptuales al respecto en la teoría freudiana. En tal sentido, el artículo de Freud “Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicógenas de la visión”, en su consideración del valor erógeno de la mirada, será tomado como antecedente del modelo lacaniano planteado en el Seminario 11 acerca de “la esquizia del ojo y de la mirada”, que servirá de orientación a la hora de nuestra investigación sobre la voz. Señalaremos como antecedente el hito que representa en la teoría freudiana el texto de 1923, “El yo y el ello”, punto de viraje desde el estatuto de la palabra como resto mnémico de la palabra oída hacia su dimensión de fonema. Por ello, aludiremos a los puntos de vista de la lingüística (desde la teoría saussureana) y de la fonética, para extraer de allí la definición de fonema, orientándonos con el trabajo de Dollar en Una voz y nada más.
Ahora bien, para responder a nuestra interrogación acerca del surgimiento del objeto voz, haremos necesaria, en el segundo capítulo, una aproximación a la noción del Padre en Freud y en la obra de Lacan, para así señalar el pasaje desde la metáfora paterna (referida al Padre simbólico, sede de la ley) hacia la declinación del Padre y sus consecuencias; de “salvar al padre” al cuestionamiento del padre.
Así, a partir de “La significación del falo” de 1958, nos referiremos a la idea allí expresada en cuanto a que la castración no procede del Padre sino del lenguaje, quedando el complejo de Edipo como una ficción: de la tragedia a la comedia. El “desmontaje del mito freudiano del Edipo” implicará el pasaje desde la respuesta, por vía de la identificación, a la respuesta con el ser de goce. En tal sentido, elucidaremos la perspectiva del mito a partir de aportes de Hans Blumenberg en su Trabajo sobre el mito, y de Arnoldo Siperman en su obra Pensamiento trágico y democracia.
Situaremos, entonces, el “gran secreto del psicoanálisis” en torno a la afirmación de Lacan en el Seminario 6: “No hay Otro del Otro”. En tal sentido, será necesario mencionar el che vuoi? en tanto trasunta la “relación de objeto” referida al fantasma y al deseo del Otro en un nivel aún imaginario. A los fines de nuestro trabajo, el bramido del espectro de El diablo enamorado (Cazotte) alude a la exigencia de reconocimiento por parte del Otro, que en el transcurrir del relato se transforma en una mujer apetecible que encierra al diablo mismo. Relacionar el bramido de El diablo enamorado con el bramido del shofar, cuyo sonido evoca la voz misma del Dios hebreo, dimensión real en el Otro enigmático, nos conducirá a captar la vertiente real del objeto tal como se introduce en el Seminario 6.
De la mano del clásico de Shakespeare, Hamlet, situaremos, más allá del mito edípico, otro modo posible de situar la castración en relación al deseo mismo de la madre y su goce. Destacaremos el estatuto del objeto voz al acentuar la “toxicidad del verbo” como objeto pulsional en la comunicación del padre al personaje de Hamlet (Philippe de Georges, 2014).
En el tercer capítulo, el shofar, tal como Lacan lo describe, indica de qué se trata el goce más allá de la palabra: la voz en su dimensión de goce. Por ello será necesario detenerse especialmente en lo que se conoce como la única clase del “Seminario Inexistente” para cernir la introducción del objeto voz ligada al Dios hebreo, que le habla a Moisés en la zarza ardiente. En efecto, en dicho contexto, la atribución a Dios del término causa sui, será confrontada con la definición del Dios hebreo como Ehyeh asher ehyeh. En ese sentido, será oportuno apreciar el paralelismo propuesto por Bloom entre Hamlet y el Dios hebreo, ambos personajes que desafían nuestra capacidad de conceptualizar.
Señalaremos el modo en que Lacan, siguiendo ciertos textos bíblicos, concluye acerca de la función del shofar en tanto el mismo es mencionado cada vez que se trata de renovar la alianza con Dios. Para ello, abrevaremos en el libro de Reik, El ritual. Estudio de los ritos religiosos, en el cual se desarrolla que el sonido del shofar pone de manifiesto la voz de Yahvé, la del propio Dios. Siguiendo a Lacan, en el Seminario de La angustia, el evocar del shofar, nos situará en relación al objeto a, de modo tal que el “soporte del a” deberá distinguirse bien de la “fonemización”. Así, exploraremos el modo en que se articula la voz en su función de fonación con el objeto vocal áfono, enlazándose ambos a nivel del deseo del sujeto, a su vez anudado a la angustia.
De tal modo, ilustraremos la forma en que el Nombre del Padre y la voz del Padre se encarnan en el sonido del cuerno del carnero, cuya resonancia evoca a su vez el recuerdo de su sonido y el pacto al que refiere: función de la repetición. El resonar del shofar evocará el bramido de un toro, sustituto totémico del Padre, en alusión al Otro en su vertiente de enigma.
De la misma forma, la escena mítica de “El becerro de oro” será analizada con los aportes de Karen Armstrong y Diana Sperling. La escena de la zarza ardiente ilustrará a un Dios que inspira terror en tanto su respuesta: Ehyeh asher ehyeh, implica que se trata de un “real sin concepto” al igual que el objeto a, lo que nos permite arribar a la dimensión del Padre como “enigma de lo real”.
Será válido mencionar, en tal sentido, la