DATUS Dispositivo Analítico para el tratamiento de Urgencias Subjetivas. Ines Sotelo
pegado a su propia angustia, a la inmediatez de su síntoma, a la ignorancia de su fantasma, o si está demasiado acomodado en su lugar de sujeto supuesto saber. Lo que implica que quien ha pasado por una experiencia analítica estará siempre en mejor posición para producir este tiempo subjetivo necesario para el tratamiento de la urgencia. En el caso del sujeto de una experiencia traumática, se trata especialmente de producir un bien decir sobre lo que era imposible de decir. Lo que, por otra parte, puede ser también una buena forma de decir qué es un final de análisis.
3. Dimensión política. La propuesta de Inés Sotelo alcanza aquí la consecuencia pragmática de las dos dimensiones anteriores: la creación de un dispositivo de atención y tratamiento de la urgencia subjetiva siguiendo la lógica y la enseñanza de la experiencia analítica. El lector encontrará no sólo una descripción detallada de lo que supone tal dispositivo sino también la exposición de la ética que orienta esta clínica. Se trata, en efecto, de una “política del síntoma” en el sentido que Jacques Lacan dio a este término. El síntoma no es en esta orientación un trastorno a eliminar en primer término y a cualquier precio sino un modo que el sujeto tiene de responder a lo más real en su vida. De hecho, encontramos ya en Freud este principio que ha fundado la política del psicoanálisis: el síntoma no es una inadaptación del sujeto a la realidad sino lo que éste ha tenido que inventar para intentar adaptarse a ella. Recibir al sujeto en la urgencia según este principio cambia muchos de los presupuestos que a veces se dan por demasiado sentados a la hora de diseñar una política de salud mental. En varios lugares de este libro se subraya la frecuente contradicción que aparece entre los fines de la institución, que tienden necesariamente hacia un “debe valer para todos”, y los medios que el practicante pone en marcha cuando se orienta en una clínica que sólo “vale uno por uno”. Es una tensión no sólo inevitable sino necesaria para localizar lo real en el que se funda toda empresa política, y especialmente en el campo de la llamada “salud mental”. Si los psicoanalistas toman este real como una brújula de su acción “fuera de sus consultas”, como se suele decir, es porque lo escuchan “dentro de sus consultas” en el nudo más íntimo del sufrimiento de cada sujeto.
Señalemos que en el marco de la Asociación Mundial de Psicoanálisis se han dado y se siguen dando muchas iniciativas de sus miembros en la creación de instituciones orientadas según estos principios. Y ello en diversos países y coyunturas, según modos distintos de intervención. Tal como indiqué al tomar a mi cargo en la presidencia de la AMP en abril de 2014, la vivacidad y la profusión de iniciativas de este tipo de sus miembros con la invención de nuevos dispositivos, asistenciales y clínicos, es muy bienvenida, especialmente en una coyuntura de crisis. Y son invenciones también necesarias para la experiencia de la Escuela. Son una suerte de laboratorio, un lugar de elaboración restringida, de experimentación incluso con los diversos elementos que nos vienen dados en la clínica. Un laboratorio debe servir para tomar pequeñas muestras de estos elementos y ver cómo operar con ellos en el crisol de la Escuela, ver qué enseñanzas podemos extraer de su análisis y de las combinaciones de sus elementos estructurales para comprender mejor cuál es la especificidad de la intervención del analista ante el nuevo real de la clínica de nuestro tiempo. Un laboratorio así supone también un trabajo en el gusto por el detalle clínico, en el estudio de los metales que se combinan en las nuevas aleaciones de la clínica actual.
En esta orientación no puedo más que felicitar la apuesta de la que este libro es tanto el testimonio como la sabia argumentación. El lector sabrá medir las consecuencias de uno y otra.
Miquel Bassols (*)
Abril de 2015
*- Miquel Bassols es psicoanalista, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Ecole de la Cause Freudienne. Docente de la Sección Clínica de Barcelona. Doctorado por el Departament de Psychanalyse de la Universite de Paris 8. Presidente de la Asociation Mondiale de Psychanalyse.
Introducción
Esta publicación contiene lo esencial de mi tesis de doctorado: “Aportes del psicoanálisis en el diseño de dispositivos para alojar urgencias subjetivas”, defendida en la Facultad de Psicología de la Universidad de Bs. As., en diciembre de 2012; en estas páginas se articularán también las elucidaciones posteriores alcanzadas por el equipo de investigación UBACyt a mi cargo. (3)
El psicoanálisis como praxis y como episteme me ha permitido arribar al diseño de un dispositivo al que llamé DATUS, Dispositivo Analítico para el Tratamiento de Urgencias Subjetivas, formalizando y elevando de este modo al estatuto de tesis diversas experiencias que se desprenden del paradigma psicoanalítico.
La tesis partió de la premisa de que las instituciones de salud están atravesadas por la época que exige pronta resolución de los fenómenos que emergen, siendo la urgencia una presentación clínica cada vez más frecuente. Los diseños, políticas e intervenciones sanitarias no están por fuera de esta exigencia.
Los dispositivos tradicionales, si bien resuelven la urgencia médica más ligada al riesgo, no siempre resuelven la urgencia subjetiva, por lo tanto considero necesario el diseño de dispositivos eficaces para alojar, diagnosticar y dar tratamiento a la urgencia. Este dispositivo deberá tener como propósito producir una torsión de la urgencia generalizada o generalizable a la subjetivación de la misma, del “para todos” al “uno por uno”, al leer el acontecimiento que se presenta como único y singular, no clasificable.
Las investigaciones PROINPSI Y UBACyt que dirijo desde 2007 abrieron múltiples preguntas y posibilitaron algunas respuestas sobre esta temática compleja, frecuente, múltiple y apasionante. Sin embargo, el interés y preocupación por la clínica hospitalaria son anteriores y han sido una constante en mi quehacer profesional en el hospital y en la Universidad. El interés por la clínica de la urgencia surgió desde mi lugar de Instructora de Residentes en el Hospital Piñero (1990-1995).
En el año 1990 se abría la Residencia de Psicólogos en cinco hospitales dependientes de la Municipalidad de la Ciudad de Bs. As. (hoy Gobierno de la Ciudad). Los psi- cólogos que accedieran a estos cargos deberían rotar por diferentes equipos del Servicio de Psicopatología del hospital, así como por Centros de Salud del Área Programática; el contrato incluía una guardia de 24 horas. En su mayoría egresados de la UBA, con una formación y un interés fundamentalmente ligado al psicoanálisis, cuestionaban firmemente su incorporación en un lugar eminentemente médico. La contingencia institucional condujo a ocupar dichos espacios en los que la urgencia aparecía en sus diversas modalidades clínicas.
Durante esos años fue necesario crear un lugar, capitalizar las experiencias de otros analistas en las guardias, diseñar controles y cursos específicos, pensar las tácticas pertinentes a la luz de una política distinta de la médica. Táctica, estrategia y política del analista en la coyuntura de emergencia que este dispositivo asistencial posibilitaría desplegar.
En las guardias también se verifica que las presentaciones clínicas se manifiestan a través de las formas sintomáticas de la época: el sufrimiento humano estructurado como un mensaje –como lo llama Eric Laurent (1999d)– la letra viva donde las modalidades más frecuentes son el acting-out, el pasaje al acto, las adicciones, anorexias, ruptura de los lazos.
Clínica entramada en la época, que desde el psicoanálisis se llama clínica de los desamarrados, de los inclasificables, presentaciones variadas que suelen manifestar una constante: la prisa, la urgencia, por parte no sólo de los pacientes, sino también del entorno, de las instancias judiciales, de los profesionales.
Estas nuevas formas, exigían nuevas respuestas. Mi práctica clínica y mi formación como psicoanalista me condujeron a investigar acerca de las respuestas actuales a la clínica de la urgencia, su eficacia, sus problemas, para finalmente arribar a esta formulación que aspira a ser un aporte a su tratamiento en el hospital público y en las instituciones asistenciales.
En la Universidad, como Profesora de la Cátedra “Práctica Profesional: Clínica de la Urgencia”, he trabajado intensamente, desde el año 1996, con el equipo docente a través de investigaciones, jornadas, seminarios