Despertar contemplativo. Carlos Samaniego

Despertar contemplativo - Carlos Samaniego


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con inspiraciones enseñándole el camino perfecto: de humildad y caridad. No a través de libros o cursos, en una mera ideología, sino en el trato cotidiano y obras concretas.

      La débil condición del hombre se eleva bajo el amoroso y resplandeciente árbol de la vida, solo por mudar su interés, por transportar el corazón a los cauces divinos. “Enséñame a orar”, le decía Santa Consolata a Jesús. “¿No sabes orar?”, dijo el Señor y le enseñó la siguiente jaculatoria: “Jesús, María, os amo, salvad almas”.

      Nada más simple que orar, que mudar los afectos a Dios para ser partícipe de su reino, para traer el cielo a la tierra.

      Jesús es el dueño de las almas, puede entrar y salir cuando se lo dispone por medio de Su Espíritu Santo. ¿No sucede que a veces no hacemos nada extraordinario y experimentamos cómo la dicha fluye con una beatitud y alegría indecibles? ¿No vendrá, pues, si le invitamos a que sea partícipe de nuestra efímera existencia? Una pequeña oración puede salvar almas, proteger a las familias, las ciudades y los que abandonaron su cuerpo. La oración tiene tal magnitud que si la humanidad tomase conciencia abandonaría toda nadería por un rato de oración.

      ¿Cómo orar? Si repetimos palabras mecánicamente, apurados o bombardeados por pensamientos, eso no es orar. Muchas veces el hombre se dispone a orar con sinceridad y es sabido que la mente se dispara por tareas u obligaciones pendientes; eso aún sucede porque no entramos plenamente en nosotros, conocemos el cuerpo y no la profundidad y extensión de su naturaleza. Hay gratificación en el reencontrarse, entrando en la morada interna, la llave por excelencia es la oración, si bien existen varios niveles en la casa y solo los santos alcanzan el alto grado de perfección; la persona humilde y despierta de su envoltura podrá beneficiarse de estos dones y acceder a la llamada “vida contemplativa”.

      Es difícil hablar de lo intangible, nuestro lenguaje carece de exactitud. Si para dos personas no tiene el mismo significado la misma palabra, aunque suenen igual en el vocablo para la mente y los sentidos que procesan tal información, para una evocará un sentimiento y para otra, otro dispar. No obstante, el hombre exige pruebas y visos de la verdad, ardua faena es darme a entender lo suficiente para que entres en tu casa. A la vida interior que es infinitamente superior y deliciosa que esta que conocemos.

       Solo en la inmensa oscuridad, quieres ver, seguir un destello de luz; pero no sabes hacia dónde ir, todo está oscuro... oscuro... oscuro. No entiendes dónde estás e igual te sientes seguro, es tu casa; tras esa oscuridad percibes un océano de pureza, de bondad, de beatitud... De pronto te encuentras, te oyes, no con palabras, sino con un susurro, un latido de corazón. Tu corazón habla el lenguaje sagrado, incendiando tu ser de calidez, transportándote hacia más oscuridad, hacia más silencio, hacia más amor.

       No te ves en tu nada... sabes que estás, eres, no oyes; percibes una melodía, entras en lo profundo de tu ser, empiezas a viajar, a fluir, la brisa suave aletea en tu interior, es el espíritu que resplandece en los reinos eternos... Estás a punto de dar el paso más importante, de abrir la puerta al infinito. Te relacionaste con todo el mundo anhelando la dicha, cuando en tu corazón yacía la llave maestra que abre todos los portales.

       Buscaste amor y por amores ibas y gemías cuando amor era tu corazón abierto, tú mismo eres todo amor... Te identificaste solo como hombre carnal y creaste un espacio cómodo en tu ambiente, sin darte cuenta te fragmentaste, separaste las gracias de la paz, la armonía y la abundancia. Ahora vuelves, recuerdas el camino a casa, a ese reino que no tiene espacio, tiempo, que no está en la mente, sino en tu interior.

      Un viaje necesario

      Lo que diferencia a un turista de un viajero es que el primero conoce su destino antes de emprender el viaje, el segundo no tiene rumbo fijo, se hace al andar su propio sendero. El turista tiene cierta noción de los pasos para seguir; de hecho, mediante fotografías u otro medio tecnológico tendrá un atisbo, un panorama más vívido de su periplo, pero en ello también trilla su belleza. Todo lo cuadra a su medida y disipa la magia de lo incierto, teme sorprenderse, pasar alguna experiencia no grata.

      El trayecto recorrido es lo que afianza, porque ya se conoce de antemano y no hay margen para extraviarse. Salir a oscuras es más osado, te puedes topar con bandidos, climas hostiles, contratiempos, pero todo eso será la suma de un nuevo aprendizaje. Un recorrido manso y de corazón siempre deja una huella inolvidable. Si nos deslumbramos al contemplar cerros y paisajes nunca vistos, si nos extasiamos al tratar a gentes de costumbres diferentes, si el corazón se estremece por oír una voz que evoca recuerdos o una mirada que acaricie el alma... Nada, te aseguro, se asemeja a lo que vive el ser en comunión con su esencia.

      Tomemos de ejemplo a esos mochileros llenos de entusiasmo y con ese brillo especial en sus ojos, ellos no imaginan con qué sorpresas se encontrarán al doblar la esquina; si reirán por pisar un charco de agua, ligarán un esguince al escalar una montaña; o en danzas contemplarán las estrellas del cielo, cuando todo es silencio, en éxtasis profundo.

      Todos los seres humanos tenemos ante nuestras manos estas dos posibilidades: la del típico turista al que lo mueven de aquí para allá y conoce una faceta del sublime paisaje, o bien, opta por convertirse en un aventurero, se arriesga y sale de sus fronteras. Las dos opciones son válidas, pero vivir al límite siempre te impulsa a más, convives con el miedo, pero el miedo más tarde es tu mejor aliado y puedes dominarlo todo, porque te conoces a fondo.

      El viaje lo realizamos a cada segundo, a cada instante tomamos decisiones que nos nutren como visionarios, tenaces y optimistas, o bien empañamos los ojos, con sueños sin soñar y doblemente marchitos. El que conduce el colectivo está viajando, el que lo coge para ir al trabajo y al final, sea cual fuere la situación, son todas acciones voluntarias, nadie podrá decir lo contrario: “No tuve opción”. “Es difícil”. “¿Para qué?”. Vivir de las excusas es lo más fácil, vivir sin rebelarse por encontrar el camino acertado es lo que hace la mayoría.

      El hombre que sale de su casa con los auriculares puestos escuchando música y entra en el subte, en el tren, y que jamás se desvía del camino, destruye el sentido de la vida; su monotonía la desfigura, ese estilo y elección lo anestesian, lo hacen previsible y deshumanizado. Él inconscientemente crea sistemas de defensas para no ser lacerado.

      La vida es muy hermosa para vivir con miedo, el miedo si no es dominado paraliza, no enjaules la vida porque el único que quedará prisionero serás tú. Rompe con esos viejos ciclos para obtener resultados grandiosos, para sentir espiritualmente la energía original que susurra en ti, la energía que crea mundos habita en ti. Si te encuentras cómodo, demasiado, que casi no vives, tan apático como para pasar el día entero en la cama y mirar la lluvia desde la ventana por no querer mojarte un poco, estarás dejando pasar esta gran oportunidad de vivir, y en la vida solo tienes que hacer eso: vivir entrando en ti.

      Este viaje a lo desconocido es para los valientes, para los intrépidos, para los que no se conforman con un mundo en decadencia. El camino contemplativo te exigirá romper el molde, de otro modo solo estarás traicionando tu alma, si no estás convencido solo perderás el tiempo. Tienes que estar dispuesto a pagar el precio, a convivir con la indiferencia, con el rechazo, con las críticas dañinas y los sarcasmos. Pero tu alma se forjará de tal manera que nunca estarás solo, te convertirás en fuego, en tu propósito.

      Si desconoces la magia espiritual, si jamás has entrado en ti o sostienes por ignorancia una falsa devoción, no debes atemorizarte, ni ser duro contigo. No descubrir los talentos que proporciona tu ser es igual a estar muerto, aunque no hayas vivido no significa que nunca lo hagas, que estés destinado a un sepulcro espiritual. Quizá solo vivas en la mente y en el cuerpo, en lo que aporta placer, un disfrute efímero y un falso sufrimiento. Es hora de transitar senderos diferentes, llenarte de nuevas experiencias, de vitalidad y sobre todo: de amar sin límites. En cuanto más amemos, más nos estaremos acercando a aquello para lo cual fuimos creados, porque cada uno de nosotros no está aquí más que para aprender del amor; de las miradas, las palabras, los gestos, que nos dan la posibilidad de enmendar cualquier error del pasado. El amor eleva y redime.

      El camino estrecho es el más difícil y el liviano es el que impone


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