La Argentina en banda de jazz. Edgardo Carrizo
la materia ha sido tomada con la correspondiente seriedad. Todo esto aparte de los sitios y blogs de Internet que, salvo excepciones, lo que generalmente aportan es desorientación.
Por eso mismo creo firmemente que ante una disyuntiva contradictoria, la comprensión de los hechos se registra dentro del muy humano contraste del disenso, posición a la que soy firme adherente porque sé que nadie, sobre todo quien esto escribe, es dueño de la verdad absoluta.
En un principio quise definir, previo de ingresar a este estudio, que es y que no es jazz. Pero llegué a la conclusión de que, si incluía ese tema antes de entrar en todo esto, la confusión -algo que intenté evitar permanentemente- no hubiera hecho demasiado clara lo que siguiera a ese introito.
Así que para evitarlo dejé todo para el ANEXO, pues evalué que, si quería evitar el enredo con el objetivo de aclarar determinadas situaciones, debía dejarlo aparte ya que la intención de ello fue la de tratar de dilucidar todo el embrollo que se destacó, especialmente desde la década de 1940 hasta entrados los 70´s, sobre la diferencia que existe entre una orquesta de jazz y “la Jazz”, como se definía a aquellas agrupaciones que de vez en cuando interpretaban, por ejemplo, un foxtrot.
Otro de los interrogantes que se me presentaron fue algo que estimé faltaba en los importantes pero dispersos y escasos relatos del jazz en la Argentina, ya que calculé que si no agregaba a ellos otros parámetros, la reseña no quedaría en forma más o menos completa tras considerar que una investigación referida a las causas que condujeron al auge del jazz en nuestro país no podía pasar por alto lo conectado con la parte social, geográfica y hasta demográfica, sumado todo esto a de qué manera y en qué entornos se fueron desarrollando los hechos.
Creo necesaria esta aclaración porque lo que se ha de exponer en estas páginas nació con el objetivo primario de narrar una historia, pero después se fue convirtiendo en un ensayo o, no sé hasta que punto, incluso en un estudio del tema que nos compete.
Esto sucedió debido a que apenas comencé a ahondar en la investigación, llegué a la conclusión de que la historia ya había sido narrada tanto por Pujol como por Risetti y Corti, para concluir que lo que faltaba era ubicar la situación dentro de los marcos respectivos por los cuales navegaba la nuestra sociedad -y la del resto del mundo- cuando se produjeron los hechos, debido a lo cual el trabajo pasó a tener otra entidad.
Por lo tanto, no se encontrará en este libro una lista demasiado detallada de un sin fin de nombres, apellidos, discografías -de eso ya se encargaron más que positivamente los autores arriba nombrados- y sobre todo la serie de anécdotas que se conocen pero que a estas alturas nadie puede probar si fueron o no reales.
Como aclaré anteriormente, en relación con la esencia del trabajo y para no enredar demasiado la índole de esto, debo determinar -tal cual traté de posicionarme en este capítulo- que cuando ataqué el proyecto decidí desechar las etiquetas que a través del tiempo se le han adosado al jazz y sus aledaños porque en nuestro caso específico, narrar lo que sigue sin incorporar esas adyacencias sería prescindir de hitos importantes como lo fueron por ejemplo las orquestas de Raúl Sánchez Reinoso y su Santa Paula Serenaders, Eduardo Armani, René Cóspito, Rudy Ayala, Don Dean y sus Estudiantes de Hollywood, Harold Mickey, Héctor Lagnafietta y hasta las todavía menos cercanas a la música que nos atañe, tales como Francisco Canaro, Roberto Firpo, Francisco Lomuto, Adolfo Carabelli y varios etcéteras que componen un cuadro heterogéneo y, si se quiere, sobrecargado de intérpretes que hoy forman parte de la leyenda del jazz en la Argentina.
Así que no solo nos sumergiremos en el mundo del jazz desarrollado por estas playas sino también en el de la música en general. Porque si como especifiqué al principio, el jazz comprende la fusión de la mayoría de temáticas musicales clásicas y/o populares, no pienso cometer el sacrilegio de negar esos otros sones (y por eso rozaremos bastante seguido al tango), salvo que en el medio se cruce una alternativa fundamental: la calidad.
Consideré también necesario pasar en el capítulo siguiente a una circunstancia que en algún momento de la elaboración del proyecto me pareció importante: la de los ambientes y acontecimientos sociales locales e internacionales que se fueron produciendo en el transcurrir del desarrollo del jazz de las Grandes Bandas, porque pensé que sin dichos aditamentos esta exposición no tendría un panorama suficientemente amplio y claro como para cerrar el círculo.
En el recorrido que el lector pueda llegar a transitar página tras página de este libro, vamos a ingresar en una serie de épocas y situaciones que, sin ninguna duda y a pesar de las diferentes opiniones que se puedan llegar a verter, selló para el jazz en la Argentina una historia -la de las Grandes Bandas- que parte de un nacimiento humilde seguido por un despegue categórico y definitivo hasta llegar a una meseta de la que poco a poco volvió a descender y nunca más volvió a alcanzar en una proporción similar a la de sus primeros treinta o cuarenta años, si es que de masivo o popular hablamos.
Dicho lo que antecede y con el deseo de que todo se comprenda con la debida claridad, comencemos con esto que ha sido realizado con la pretendida intención de descifrar el cómo y porqué de las grandes bandas argentinas de jazz que recrearon sistemáticamente los espacios culturales y de entretenimiento hasta más allá de la primera mitad del siglo XX y todavía siguen diciendo presente, si bien en forma acotada, en esta 21ª. centuria.
“Todo comienzo tiene su encanto”.
Johann Wolfgang Goethe.
CAPÍTULO I. CUADRO DE SITUACIÓN
Resulta a veces sorprendente cómo la historia, los hechos que se suceden y las secuelas que se van acumulando a través de ella, producen determinados efectos y concretan algunos acontecimientos que se repiten una y otra vez a lo largo del tiempo.
“(...) parecía solamente el asunto de unos pocos años para que la gente mayor se hiciera a un lado y dejara que el mundo lo manejaran aquéllos que veían las cosas como eran. Y todo nos parece rosado y romántico a quienes éramos jóvenes entonces, porque nunca volveremos a sentir de manera tan intensa lo que nos rodea”. (1)
El concepto de Scott Fitzgerald que abre este capítulo fue redactado en un tiempo en que la humanidad, en pleno despegue industrial y tecnológico, corría sin prisa, pero también sin pausa hacia la Segunda Guerra Mundial, el conflicto armado más sangriento del que hasta este momento se tenga memoria.
Con la Primera Guerra Mundial (aquélla que iba a terminar con todas las guerras) finalizada hacía casi veinte años, la generación que había pasado por esa experiencia lo había hecho también por otras dos épocas tan turbulentas como conflictivas: las que se denominaron sintética y simbólicamente la Era del Jazz y la Gran Depresión, esta última mucho más dura, trágica y por lo tanto bastante menos alegre, aparte de que decretó el fin de, precisamente, los Locos Años 20's.
“En Estados Unidos (la Depresión) resultó especialmente intensa y duradera. En Alemania, algo menos. Suecia o Japón apenas experimentaron una suave recesión. En Francia no fue especialmente profunda pero sí muy duradera. Países, como Argentina, cuyo nivel de actividad económica era muy dependiente de la coyuntura internacional se vieron también afectados en no pequeña medida y tardaron en salir de la crisis. Ni Argentina ni Estados Unidos se habían recuperado plenamente, y Francia apenas, cuando estalló la Segunda Guerra Mundial”. (2)
De la desesperanza de los primeros cinco o seis años de la década del '30 se ingresó, en el momento de la edición del manifiesto precedente, en lo que se conoce en forma resumida como el período de Preguerra y también, cual secuela de la anterior con reminiscencias musicales, la Era del Swing o de las Grandes Bandas.
La juventud rebelde y desencantada (como corresponde a toda juventud) de la primera década del siglo XX que en el tercer decenio estaba abriendo las puertas de la madurez, había encontrado en el jazz, el alcohol y las drogas (estas últimas de incipiente circulación) el escape a una desilusión que, a pesar de aquellos tiempos de jolgorio, permanecía subyacente. (3)
Mientras esto sucedía comenzaba a ser invadida por la siguiente generación