Camino al ejercicio profesional. Graciela Queirolo
investigaciones dedicadas a la historia de instituciones estatales y su cuerpo de burócratas, profesionales e intelectuales que se desempeñaron como funcionarios14; las referidas a la historiografía sobre medicina y salud pública, que al prestar interés en el estudio de las profesiones del campo sanitario, han dado cuenta de una división patriarcal de las tareas que estimuló la formación de mujeres en ocupaciones llamadas auxiliares15; los estudios sobre el crecimiento de servicios educativos y editoriales desarrollados por impulsivas escritoras en la búsqueda de una legitimación dentro del campo cultural16; los análisis de instituciones comerciales –usualmente privadas– en donde aparecen las mujeres como vendedoras y secretarias, así como los estudios referidos a la clase media. Todos ellos nos han revelado gradualmente la presencia de trabajadoras y profesionales que han ampliado tanto la concepción de trabajo, en general, como la del trabajo femenino, en particular17.
Conocer la historia de estas mujeres para el caso argentino y chileno significa necesariamente integrar nuevos análisis de la sociedad de los siglos XIX y XX. La ampliación de la oferta educativa dirigida a la población y en especial a las mujeres, las agrupaciones que abogaban por incrementar la oferta laboral dirigida a la población femenina y por mejorar sus condiciones salariales, las discusiones sobre el lugar de las mujeres en la ciudad y en los espacios laborales son temáticas que emergen al estudiar las ocupaciones que describe este libro.
Un desafío notable al incursionar en el estudio del trabajo femenino profesional es volver a examinar y releer fuentes clásicas como son censos, anuarios y compendios estadísticos que visibilizan el crecimiento de las nuevas ocupaciones de las mujeres, y que nos hacen pensar –ante evidencia tan irrefutable como son las cifras– en por qué se ha ignorado por tanto tiempo el trabajo femenino. También el uso de nuevas fuentes como los textos escritos de las propias involucradas aun cuando, en ocasiones, son escasos y mezquinos, suelen ser más abundantes en información. Estas fuentes en particular nos enseñan que las mujeres que ejercían ocupaciones urbanas contaban con una ventaja importante: el creciente dominio de la cultura escrita.
Profesiones y género en este libro
A continuación, hacemos una breve presentación de los textos incluidos en este libro. El capítulo de Ana Laura Martin, “Parteras y enfermeras porteñas. Trabajo, profesión y prácticas (1920-1950)”, nos ofrece una comparación entre el trabajo que realizaban parteras y enfermeras y el creciente asociacionismo que exhibieron en Buenos Aires. Se trata de la historia de oficios paramédicos escasamente estudiados hasta hace pocos años. Martin examina la contribución en particular de las parteras a la institucionalización del parto y los dilemas que esta trajo para el ejercicio libre de la profesión, la autoridad y el reconocimiento que gozaban las parteras argentinas, muy diferentes al caso de las matronas chilenas. Junto con dar cuenta de cómo funcionaba este oficio, indirectamente Martin nos introduce en una porción importante de la historia de la asistencia del parto. En el caso de las enfermeras, estas no gozaban de un reconocimiento acorde a su importancia en la década de 1930; y similar al caso chileno, su formación fue reforzada en la década siguiente con las estadías de enfermeras argentinas que viajaron a Estados Unidos apoyadas por la Fundación Rockefeller para fortalecer la figura de la enfermera sanitaria. Martin da cuenta de las disputas entre diplomadas y no diplomadas y el débil papel que jugó el Estado argentino en esta materia hasta bien entrada la primera mitad del siglo XX.
Los oficios paramédicos suelen ser en su mayoría femeninos o, al menos, eso sucede con el oficio de enfermeras y matronas (denominación que se usa en Chile para referirse a las parteras certificadas y/o universitarias), y contamos con escasa información sobre su historia, en parte, porque se sostiene que aquellas profesionales han producido escasa documentación sobre su quehacer laboral. María Soledad Zárate, en “Con voz propia: enfermeras, trabajo y profesionalización, Chile, 1940”, relativiza esta premisa al presentar y discutir algunas fuentes de prensa y documentación relativa a monografías y reuniones académicas producidas por estas profesionales. Entender cómo ellas levantaron una “voz propia”, permite desechar la idea de que no existen fuentes directas para su estudio, contrastar lo que sabemos de ellas a través de la voz de los médicos, más conocida y estudiada; y recuperar lo que un grupo de estas profesionales pensaba respecto de su oficio, de sus límites y recompensas, de las dificultades de su trabajo en el ámbito rural y de los vínculos que establecían con la población a la que asistían.
Las asistentes sociales y su contribución a las prácticas comunitarias que el Servicio Nacional de Salud emprendió en Chile es el objeto de estudio de Maricela González Moya en su capítulo “Energizar y transformar el territorio. Presencia y aportes de las asistentes sociales en la intervención comunitaria del Servicio Nacional de Salud. Chile, 1952-1973”. González Moya nos enseña que la contribución de las asistentes sociales a una de las tareas más emblemáticas de este servicio sanitario, fue potenciar la participación social y la educación en salud. Si bien esta contribución fue más visible y consistente en la década de 1950, gracias a que el lugar que tenían estas profesionales en los servicios sanitarios era de larga data, aquellas contaron con una ventaja previa como era la confianza y credibilidad que se habían ganado entre la población. Las asistentes sociales que se estudian en este capítulo eran aquellas que, en el marco de un proceso de re-conceptualización de su oficio, podían potenciar el activismo en pos de incrementar la participación democrática pero, a la vez, podían ser las llamadas a inhibir la movilización popular, regulando el asociacionismo en pos de intereses estatales. Las fuentes primarias de este artículo son de una riqueza significativa: las tesis e informes de las asistentes sociales dan cuenta de un dominio de lenguaje, de una prosa fluida y de una convicción consistente.
En el capítulo de Karina Ramacciotti y Adriana Valobra, “Política, profesionalización y género en dos médicas argentinas durante el siglo XX Alicia Moreau de Justo y Telma Reca”, se comparan las trayectorias profesionales de estas dos destacadas médicas argentinas. A través de un enfoque biográfico, las autoras visibilizan la relación entre el ejercicio de la medicina –un limitado campo profesional para las mujeres durante buena parte del siglo XX– y la coyuntura política y cultural que a ambas médicas les correspondió vivir. El capítulo pone en cuestión, implícitamente, los usuales relatos biográficos dedicados a la profesión médica, al introducir la descripción de experiencias que revelan éxitos y derrotas de un oficio que tradicionalmente ha estado asociado a la idea de un progreso continuo. Los vínculos políticos e internacionales, los retos generacionales, las controversias entre los aspectos públicos y privados de la vida de Moreau y Reca, ofrecen un cuadro de los desafíos que ambas enfrentaron y que nos enseñan las potencialidades de un estudio que combina el uso de datos biográficos, el análisis de género y del contexto sociopolítico, relevando fuentes primarias de diversa naturaleza.
El capítulo que presenta Silvana Palermo, “Expectativas y desengaños: la carrera laboral en los ferrocarriles argentinos de comienzos del siglo XX”, pone el acento en la descripción de la “carrera laboral”, expresión de un proceso clave para la historia de las trayectorias profesionales. Examinando las concepciones que empleados y trabajadores ferroviarios, en su mayoría hombres, asignaron a su trabajo y a la experiencia cotidiana, Palermo da cuenta de los imaginarios y representaciones de este oficio y de su relación con el devenir de la historia de este campo ocupacional a inicios del siglo XX. Combinando información que reportan la prensa comercial y los periódicos gremiales de las primeras décadas del siglo XX, nos introducimos en diferentes aspectos del mundo ferroviario y aprehendemos la importancia del género al ilustrar cómo la masculinidad es una dimensión constitutiva del trabajo ferroviario en la Argentina.
El potencial explicativo del género como un factor que puede afianzar y/o también desvalorizar una profesión es uno de los objetivos del capítulo de Inés Pérez, “Escisiones en el servicio doméstico: la profesionalización de choferes particulares y encargados de casas de renta”. El análisis que Pérez hace de las estrategias que dos gremios específicos, los choferes y los encargados de casas, hombres, emprendieron para diferenciarse del resto de los oficios agrupados en la categoría “servicio doméstico”, ofrece nuevas lecturas sobre el proceso de feminización que esta categoría laboral experimentó desde las primeras décadas del siglo XX. Asimismo, Pérez explora cómo las identificaciones sociales y genéricas con el ejercicio de determinadas