Camino al ejercicio profesional. Graciela Queirolo
Argentina”, Estudios Sociales del Estado, Vol. 2, N° 3 (2016), pp. 6-21; Laura Rodríguez y Germán Soprano, Profesionales e intelectuales de Estado. Análisis de perfiles y trayectorias en la salud pública, la educación y las fuerzas armadas, Rosario: Prohistoria Ediciones, 2017, pp. 9-67; María Silvia Di Liscia y Germán Soprano, Burocracias estatales. Problemas, enfoques y estudios de caso en la Argentina (entre fines del siglo XIX y XX), Rosario: Prohistoria Ediciones, Edunlpam, 2017, pp. 9-41; Flavia Fiorucci y Laura Graciela Rodríguez, Intelectuales de la educación y el Estado: maestros, médicos y arquitectos, Bernal: Universidad Nacional de Quilmes, 2018, pp. 7-17.
15 Ana Laura Martin y Karina Ramacciotti, “Profesiones sociosanitarias: Género e Historia”, Avances del Cesor, Vol. XIII, Nº 15 (2016), pp. 81-92; María José Correa y María Soledad Zárate, “Historizar la profesionalización sanitaria: perspectivas desde Chile y Argentina”, Dynamis, Vol. 37, N° 2 (2017), pp. 263-272.
16 Lea Fletcher, “La profesionalización de la escritora y de sus protagonistas. Argentina, 1900-1919”, Revista Iberoamericana, Vol. 70, N° 206 (2004), pp. 213-224. Ver la bibliografía citada en el artículo de Claudia Montero.
17 Para las relaciones entre mujeres y profesiones: Rosario Gómez Molla, “Profesionalización femenina, entre las esferas pública y privada. Un recorrido bibliográfico por los estudios sobre profesión, género y familia en la Argentina en el siglo XX”, Descentrada, Vol. 1, N° 1 (2017). Recuperado de http://www.descentrada.fahce.unlp.edu.ar/article/view/DESe010 (fecha de consulta: marzo 2019); Carolina Biernat y Graciela Queirolo, “Mujeres, profesiones y procesos de profesionalización en la Argentina y Brasil”, Anuario del Instituto de Historia Argentina, Vol. 18, N° 1 (2018). Disponible en https://doi.org/10.24215/2314-257Xe060 (fecha de consulta: marzo 2019); Ana Laura Martin, Graciela Queirolo y Karina Ramacciotti (coord.), Mujeres, saberes y profesiones. Un recorrido desde las ciencias sociales, Buenos Aires: Biblos, 2019. Para las clases medias: Azun Candina, Por una vida digna y decorosa. Clase media y empleados públicos en el siglo XX chileno, Santiago: Frasis, 2009; Ezequiel Adamovsky, Historia de la clase media argentina. Apogeo y decadencia de una ilusión, 1919-2003, Buenos Aires: Planeta, 2009; Elizabeth Hutchison, María Soledad Zárate, “Clases medias en Chile: Estado, género y prácticas políticas, 1920-1970”, en Historia Política de Chile, Tomo I, Iván Jaksić y Juan Luis Ossa (edit.).
OCUPACIONES SANITARIAS:
ENFERMERAS, PARTERAS Y ASISTENTES SOCIALES
PARTERAS Y ENFERMERAS PORTEÑAS.
TRABAJO, PROFESIÓN Y PRÁCTICAS (BUENOS AIRES, 1920-1950 )
Ana Laura Martin
En 1935, la Asistencia Pública porteña llevó adelante una serie de exámenes a todas las enfermeras que se desempeñaban en los hospitales e instituciones dependientes del municipio. Los conocimientos evaluados tenían como referencia los programas impartidos en la principal escuela de la ciudad, la Escuela Municipal de Enfermería Cecilia Grierson. Con el resultado de las evaluaciones, el gobierno porteño logró poner blanco sobre negro una situación inocultable en la década del 30: el 76 % de las enfermeras que trabajaban para el municipio no habían recibido instrucción. Por otra parte, un porcentaje importante de las enfermeras evaluadas no calificaba para ejercer la profesión (Ciudad de Buenos Aires, 1936).
Entre las parteras, la situación era otra y muy diferente; sin embargo, no menos alarmante para sus agentes. Se trataba de una ocupación cuya calificación no estaba puesta en duda y contaba con el reconocimiento de la Universidad de Buenos Aires; estaba valorada dentro del esquema de las profesiones sanitarias, pero se encontraba frente a una serie de transformaciones que ponían en peligro la actividad. Hacia la década de 1940, el escenario del parto era muy diferente al de las primeras décadas del siglo, cuando la tarea de partear se erigió como un proyecto profesional de interés para las mujeres. La expansión del sistema de cobertura a mujeres embarazadas, partos y primera infancia en la ciudad de Buenos Aires había elevado el rol de las parteras en tanto vectores principales de los cuidados médicos pero, al mismo tiempo, las especialidades de la medicina y la división de tareas al interior de la profesión y de la atención puso en riesgo el parto a manos de las parteras frente al interés y mayor involucramiento de los obstetras en la atención de los nacimientos. Se trató de una tensión producto de la consideración del parto como un asunto específico y cada vez más ligado a la intervención de la ciencia que no solo se experimentó en Buenos Aires. “¿Debe haber parteras?” se preguntaba la primera partera universitaria brasileña, Mme. Doroucher, y solicitaba mayor calificación y exigencia a la enseñanza de sus colegas para alentar la imagen y la legitimidad de una profesión que tenía competencia en la obstetricia ejercida por los médicos (Mott, 1999a).
La cantidad de nacimientos asistidos en instituciones y en manos profesionales fue creciente a partir de mediados de la década de 1920. En 1924, más del 80 % del total de los nacimientos registrados en la ciudad se atendían fuera de los hospitales. A mediados de la década de 1940, esa relación había cambiado notablemente y casi el 60 % de los partos se realizaban en hospitales de gestión municipal, en otros hospitales o en sanatorios privados ubicados en la ciudad.
Por diferentes motivos, pero en un mismo escenario, enfermeras y parteras se ubicarán en los años 30 en una coyuntura que anunciaba cambios y nuevos límites en el ejercicio de sus profesiones. La salida de esa situación fue definitoria para el desarrollo de ambas tareas en las décadas siguientes.
En los últimos años, la investigación histórica en la región ha mostrado su interés por las profesiones y ocupaciones feminizadas y ligadas al sistema sanitario, como la enfermería y partería (Wainerman y Binstock, 1992a) (Wainerman y Binstock, 1992b) (Mott, 1999b) (Mott, 2001) (Mott, 2003) (de Castro y Farías, 2009) (Ramacciotti y Valobra, 2008) (Martin, 2015). Este trabajo persigue abonar a esas líneas de indagación y pone el foco en las opciones que ambas profesiones tuvieron a su alcance en un escenario de cambios respecto de las necesidades sociales en torno de la atención de la salud. En la misma dirección, son de interés los proyectos que colectiva o individualmente pusieron en práctica enfermeras y parteras; y el modo en que el Estado interpeló a esas ocupaciones.
Parteras, partos y hospitales
En la década de 1930 se cristalizaron y destacaron de manera más evidente que en las décadas previas los diferentes dispositivos urbanos tendientes a cubrir con mayor eficiencia los problemas de higiene y salud y garantizar el crecimiento de la población, que se consideraba en niveles críticos (Armus y Belmartino, 2001)(Biernat y Ramacciotti, 2008). Esto estuvo acompañado con la formación sostenida de profesionales especializados como obstetras y parteras, entre otras tantas especialidades vinculadas a la salud. La envergadura de los cambios alcanzó la práctica de los partos, pero ahora ya no solo en términos conceptuales, como había sucedido a fines del siglo anterior (Zárate Campos, 2007) (Nari, 2005). En este período, las modificaciones fueron de tipo procedimental y de la mano de una obstetricia que ensanchaba sus campos de acción. Los obstetras, como grupo de expertos, se asentaron definitivamente como distinguibles de otras especialidades médicas y se lanzaron hacia las instituciones del Estado en áreas específicas. Esto puso al oficio de partear en una nueva coyuntura que precisaba cada vez más su campo de actuación y en colaboración o competencia con otros y otras profesionales. Visitadoras sociales y de higiene del servicio social de hospital, puericultoras y, más adelante, asistentes sociales aparecieron para completar el mecanismo de protección de la madre y el niño (Biernat y Ramacciotti, 2013)(Di Liscia, 2002).
En ese esquema y como parte