Vibrar en positivo, vivir en positivo. Vex King

Vibrar en positivo, vivir en positivo - Vex King


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necesitaba algo, pero por motivos totalmente absurdos. Con el paso de los años he ido ganando claridad y he suspirado con alivio por no haber conseguido lo que creía que me correspondía. A menudo, no consigo lo que quiero y más tarde descubro que lo que he obtenido es todavía mejor.

      La ley de la vibración

      El universo responde a tu vibración.

       Te devolverá cualquier energía que le envíes.

      La ley de la vibración está por encima de la ley de la atracción. Es el componente clave para una vida mejor. Cuando aprendas esta ley y apliques sus conceptos, tu vida se transformará. Esto no quiere decir que vayas a evitar todas las dificultades. Sin embargo, lo que sí harás, es tomar las riendas y crear una vida que no solo parezca extraordinaria, sino que lo sea.

      Uno de los primeros autores de la literatura de superación personal es Napoleon Hill. Su libro de 1937 Piense y hágase rico 2 sigue siendo una de las obras más vendidas de todos los tiempos, y muchos de los gurús empresariales del mundo elogian sus consejos para lograr el éxito. Para escribir este libro Hill realizó un proceso de investigación que incluía entrevistas con quinientos hombres y mujeres de prestigio a quienes preguntaba cómo habían alcanzado su éxito, y a continuación, compartía la sabiduría de sus entrevistados. Una de sus conclusiones fue: «Somos lo que somos, por las vibraciones del pensamiento que recogemos y registramos a través de los estímulos de nuestro entorno cotidiano». En su obra, Hill se refiere en muchas ocasiones al concepto de «vibración». También verás la palabra vibración (que hoy día suele abreviarse a veces como vibra) varias veces en este libro.

      Sin embargo, muchas ediciones posteriores del libro de Hill eliminaron cualquier mención de la palabra vibración. Quizás los editores no creían que el mundo estuviera listo para ese concepto. Incluso hoy en día, las leyes metafísicas relacionadas con la vibración reciben críticas debido a la falta de evidencias científicas. A pesar de esto, ha habido una serie de intentos de explicar la ley de la vibración. El científico Bruce Lipton y el autor Gregg Braden están a la vanguardia de los escritores que aspiran a reducir la brecha entre la ciencia y la espiritualidad. 3 Sus ideas sobre la influencia de los pensamientos en nuestra vida apoyan el concepto sugerido por la ley de la vibración, aunque algunos crean que esto es solo pseudociencia moderna.

      No obstante, yo por mi parte he descubierto que la ley de la vibración me afecta profundamente y me ayuda a darle sentido a la vida, y sé que muchos otros lo han descubierto también. He visto cambios milagrosos al usar la ley de la vibración, y tanto si crees en ella como si sigues siendo escéptico, a lo largo del libro verás que esta ley no puede perjudicarte. A veces, la experiencia personal es más valiosa que cualquier dato medible en números y gráficos.

      Para empezar, recuerda que todo está hecho de átomos, y cada átomo es una pequeña vibración. Por lo tanto, toda la materia y la energía es vibracional por naturaleza.

      Si piensas en la escuela, recordarás que te enseñaron que los sólidos, los líquidos y los gases son diferentes estados de la materia. La frecuencia de las vibraciones a nivel molecular define en qué estado se encuentran y cómo se nos presentan.

      La realidad tal como la percibimos ocurre a través de vibraciones compatibles. En otras palabras, para que podamos percibir la realidad, tenemos que ser compatibles con ella a nivel vibracional. El oído humano, por ejemplo, solo oye ondas sonoras de entre veinte y veinte mil vibraciones por segundo. Esto no significa que no existan otras ondas sonoras; solo que no podemos percibirlas. Cuando suena un silbato para perros, la frecuencia está por encima del rango de vibración del oído humano y por lo tanto para nosotros no existe.

      En su libro The Vibrational Universe [El universo vibracional], 4 el autor espiritual Kenneth James Michael MacLean afirma que nuestros cinco sentidos, nuestros pensamientos, así como la materia y la energía, son vibracionales. Defiende que la realidad es la percepción definida por la interpretación vibratoria. Nuestro universo es claramente un mar profundo de frecuencias vibratorias, lo que significa que la realidad es un éter vibratorio que responde a los cambios de la vibración.

      Si el universo responde a nuestros pensamientos, palabras, sentimientos y acciones –porque, según MacLean, todos estos elementos son vibracionales–, entonces la ley de la vibración da por hecho que podemos controlar nuestra realidad.

      Cambia la manera en que piensas, sientes, hablas y actúas, y empezarás a cambiar tu mundo.

      Para traer una idea a la existencia, o mejor dicho, a tu percepción, debes igualar su frecuencia vibratoria. Cuanto más «real» o sólido sea algo para ti, más cerca estarás de él vibracionalmente. Es por eso por lo que cuando de verdad crees en algo y actúas como si ya fuera cierto, incrementas sus posibilidades de que aparezca en tu realidad física.

      Para recibir o percibir la realidad que deseas tener, debes estar en armonía energética con ella. Esto significa que nuestros ­pensamientos, emociones, palabras y acciones deben estar en sintonía con lo que queremos.

      Puedes hacerte una idea de esto tomando dos diapasones calibrados a la misma frecuencia. Si golpeas uno de ellos para que empiece a vibrar, la segunda horquilla también vibrará sin que la toques. La vibración del diapasón golpeado se transfiere al diapasón que no has tocado porque ambos están en sintonía con la misma frecuencia: se encuentran en armonía vibratoria. Si no están en armonía vibratoria, entonces la vibración del diapasón golpeado no pasará al otro.

      Del mismo modo, para escuchar una determinada emisora de radio, hay que sintonizar el receptor a la frecuencia de esa emisora. Esta es la única forma en que puedes oírla. Si sintonizas una frecuencia diferente, escucharás una emisora completamente ­distinta.

      Una vez que estás en resonancia vibratoria con algo, empiezas a atraerlo a tu realidad. La mejor manera de identificar la frecuencia con la que estás es a través de tus emociones: tus emociones son un verdadero reflejo de tu energía. A veces podemos creer que estamos en un estado mental positivo o realizando buenas acciones, pero en el fondo sabemos que no es así; solo estamos fingiendo. Si prestamos atención a nuestras emociones, podemos ver la verdadera naturaleza de nuestra vibración y por lo tanto lo que estamos atrayendo a nuestra vida. Si nos sentimos bien, tendremos buenos pensamientos, y como resultado realizaremos acciones positivas.

      Solo buenas vibraciones

      Las buenas vibraciones simplemente son estados de vibración más elevados.

      Los términos bueno y positivo se usan indistintamente para describir algo deseable. Por ejemplo, cada vez que calificas un acontecimiento pasado como una experiencia buena o positiva, te refieres a él de esta manera porque salió como esperabas, o al menos no tan mal como podría haber salido.

      Básicamente, cuando quieres algo es porque te hace sentir bien. Siempre que tratamos de hacer realidad un deseo es para alcanzar un estado emocional placentero y evitar uno desagradable. La mayoría creemos que conseguir nuestros deseos nos hará ­felices.

      Teniendo en cuenta que la emoción es una de las vibraciones más poderosas que puedes manejar, y, en esencia, lo que buscamos son emociones positivas, podemos llegar a la conclusión de que nuestra misión en la vida es experimentar buenas vibraciones. Piénsalo: cuando te sientes bien, tu vida también te parece buena. Si pudieras experimentar continuamente buenas vibraciones, verías siempre tu vida de forma positiva.

      El médico Hans Jenny es conocido por acuñar el término cimática, que es el estudio del sonido y la vibración visibles. Uno de sus experimentos más conocidos muestra el efecto del sonido en la arena rociada sobre una placa metálica plana que se hace vibrar a diferentes frecuencias frotando un arco de violín contra su borde. Dependiendo de las diferentes frecuencias se forman varios patrones. En las vibraciones más altas, se forman patrones bellamente intrincados; las vibraciones más bajas producen formas menos atractivas.


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