El arte de educar jugando. Silvia Álava
juguetes, alimentos, el habla de los adultos o las pantallas. La televisión o las tabletas son estímulos muy potentes que tienen una gran capacidad para captar su atención debido a que presentan sonidos e imágenes coloridas y que cambian con rapidez, como los dibujos animados. Por ello se recomienda que, al menos hasta los 3 años de edad no estén expuestos a pantallas. La televisión y las pantallas sobreestimulan el sistema nervioso central impidiendo que los pequeños estén en calma2. Es importante que la atención de los niños sea captada por otros estímulos visuales, auditivos y táctiles que les guíen a la exploración del entorno, la comunicación con los adultos y que, en definitiva, favorezcan un desarrollo equilibrado3.
A partir de los 4 años empieza a madurar el lóbulo frontal, que permitirá que adquiera un control sobre su atención. A partir de los 7 ya podrá sobreponerse la atención voluntaria del niño sobre la involuntaria; es decir, ya puede guiar su atención hacia aquello que desea atender, por ejemplo, las indicaciones de los padres, las instrucciones de un juego o las explicaciones del profesor. La atención voluntaria es una acción que exige un esfuerzo por parte del niño, es decir, que tenga control sobre sus actos. Así, cuando hablamos de prestar atención nos referimos a la atención voluntaria, y esta exige autocontrol. A lo largo de este capítulo hablaremos de cómo conseguir mejorar la capacidad para prestar atención en los niños.
De los 4 a los 12 años mejora la capacidad para prestar atención.
La atención se desarrolla en todos los niños; es un proceso adaptativo para el ser humano. Los contextos formales ayudan a desarrollar la capacidad para prestar atención. Por ejemplo, la escuela, que nos obliga a pararnos, sentarnos, escuchar más que hablar, respetar el turno y seguir unas instrucciones concretas para hacer un ejercicio. También algunas actividades extraescolares, juegos de mesa o juegos de patio de colegio que siguen reglas, favorecen el desarrollo del autocontrol y de la atención.
La capacidad para prestar atención puede no haberse desarrollado lo suficiente debido a que no se le ha pedido que se pare a observar y a pensar antes de actuar. La práctica del niño en tareas que exigen autocontrol es el camino para que vaya interiorizando el control de su atención y de su comportamiento. Por ello proponemos a las familias juegos infantiles con los que podrán favorecer el desarrollo de esta habilidad.
Cabe destacar que la atención se ve afectada por factores ambientales que conviene tener en cuenta. No en todos los momentos se atiende igual. La atención puede variar en un mismo niño de un momento a otro dependiendo de:
A pesar de que la atención puede variar de un momento a otro, esta oscilación se produce dentro de unos límites propios para cada niño.
Algunos tendrán tendencia a atender mejor que otros y a ejercer un mejor autocontrol, pese a ligeras variaciones concretas, debido a factores biológicos y ambientales. En este sentido, niveles muy bajos de atención en niños pueden ir asociados a dificultades emocionales, trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad/impulsividad (TDAH) o retraso madurativo en el desarrollo. Se sabe que el lóbulo frontal del cerebro de los niños con TDAH es diferente funcionalmente al de otros que no tienen este problema.
La atención se ha clasificado en tres tipos: atención selectiva, atención sostenida y control atencional.
La buena noticia, ahora que sabemos lo que es la atención y la capacidad para prestar atención, es que es posible ayudar a los niños a adquirir autocontrol y a prestar atención.
¿Por qué es importante mejorar la capacidad para prestar atención?
La atención es la ventana al mundo. Atender es el proceso cognitivo más básico que nos permite percibir y registrar la información que captamos por los sentidos de la vista y el oído. Atender es el primer paso para el aprendizaje, porque si no atendemos, no podemos adquirir conocimientos nuevos ni generar asociaciones entre conceptos nuevos y los que ya tenemos consolidados.
Asimismo, atender es necesario para memorizar; si no prestamos atención a algo, no lo registraremos y consecuentemente no podremos recordarlo tiempo después. La atención nos permite percibir de forma consciente el mundo que nos rodea. Por todo ello, parece más que obvio que es importante que seamos capaces de prestar atención cuando lo deseemos y que resulta relevante que los niños sean capaces de regularla.
Por otro lado, la falta de autocontrol que experimentan algunos niños no solo se manifiesta en dificultades para prestar atención, sino que en algunos casos va unido a movimientos excesivos, descontrolados e impulsivos. Cuando los niños no están atentos en clase cometen errores en los ejercicios, no les da tiempo a terminar las tareas, no anotan u olvidan los deberes que les mandan para casa o no se enteran de si hay un examen al día siguiente. La consecuencia es que se pueden quedar atrás en los conceptos explicados y pueden aparecer dificultades escolares. Por tanto, es conveniente enseñarles a prestar atención porque indirectamente facilitaremos su aprendizaje en el colegio.
A nivel social, la falta de autocontrol en los niños les puede llevar a no respetar el turno de palabra en el aula, a interrumpir al profesor o a molestar a sus compañeros. Saber escuchar a sus amigos y mantener la calma en los juegos les ayudará en su relación con otros niños5. Los pequeños también pueden inquietarse a la hora de cumplir con las tareas de casa que requieren estar parados o tener paciencia, como, por ejemplo, mantenerse sentados en la mesa durante la comida o hacer los deberes. En estos casos, ayudarles a que desarrollen la capacidad de autocontrol frente a dejarse llevar por lo que les resulta atractivo,