Mujeres de fuego. Stella Calloni
Edelman, nacida en 1911 en San Francisco, provincia de Córdoba, se integró a la militancia desde muy joven. Es miembro del Comité Central del Partido Comunista Argentino (PCA) y secretaria de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FEDIM) y fue voluntaria en la Guerra Civil española, entre otras actividades. En aquellos años de su juventud, compartió días con María, la admirada militante de sus historias, cuyo nombre conoció mucho después: Tina Modotti2. Fue impactada por la belleza, fuerza y personalidad de Dolores Ibárruri, la Pasionaria, y la modestia y honestidad de Antonio Machado y tantos otros nombres imposibles de incluir en esta entrevista. Figuras que siguen desfilando ante sus ojos y su prodigiosa memoria.
Fanny Edelman continúa activa políticamente y trabajando además en el tema de mujeres y en la solidaridad. Ha estado detenida varias veces a lo largo de su historia y buena parte de su vida joven pasó en la clandestinidad.
Como debía ser, la entrevista comienza con el nuevo episodio de la increíble leyenda en que se ha convertido la vida y la muerte de Eva Duarte de Perón, “Evita” para los millones que la amaron.
Seguramente que la legendaria Evita no pudo imaginar nunca que el sudario que cubrió su cadáver, llevado y traído en una saga de odios, amores y muertes, haya estado casi diez años escondido y custodiado en la sede del PC de Argentina, un partido enfrentado al peronismo en su tiempo.
“En un sótano, disimulado entre cajas y libros, el tan preciado símbolo para sus seguidores, fue mantenido oculto y rodeado por el secreto. Para nosotros mantener el sudario de Evita y defenderlo de caer en manos de sus feroces enemigos, fue un tema de solidaridad. La historia de lo que sucedió con Evita y su cadáver muestra lo que luego fue la dictadura. La desaparición de ese cadáver, en un esquema de acciones tan perverso y retorcido, aún asombra al mundo. Se mantuvo así el secreto absoluto y sólo dos personas nuestras sabían del sudario y otros objetos escondidos. Incluso esto salió a luz pública no por nosotros sino por una información que llegó desde afuera, cuando ya habíamos puesto todo en manos de sus dueños naturales”, relata Fanny pausadamente.
El empresario peronista Mario Rotundo solicitó ayuda en 1994-95, ante el temor de que el sudario y otra cantidad de objetos que pertenecían a Eva Perón, le fueran arrebatados y robados por los hombres del expresidente Carlos Menem (1989-1999). Intermediarios entre Rotundo y Jorge Kreynes, dirigente del PC, fueron el abogado Eduardo Barcesat y Carlos Imiscoz, dirigente ya fallecido del movimiento de jubilados.
—Esta historia parece seguir la increíble saga de la vida de Evita. Usted era muy joven cuando el primer gobierno de Juan Domingo Perón. ¿Cómo recuerda todo aquello?
—Yo estoy estudiando a fondo la figura de Eva. Ella tuvo una influencia extraordinaria. Su condición de clase y la situación de haber sido hija ilegítima, como se decía antes, su odio a la oligarquía, el hecho de que su familia sufriera tantas humillaciones por parte de una clase que había humillado y humillaba a los pobres siempre, marcó su vida y su acción. Ella creó la rama femenina del peronismo, y aunque todo tenía un tono autoritario, se realizaron trabajos sobre reivindicaciones concretas, vivienda, salario, protección a la infancia, lo que produjo un movimiento nacional muy significativo. La virtud de Eva fue trabajar sobre la falta de conciencia política de una gran masa humana que ingresó por primera vez al trabajo. Al desarrollarse la industria liviana, millones de trabajadores tuvieron un trabajo por primera vez, viviendo también bajo un régimen de asistencia social. Yo no me atrevería a hacer definiciones profundas sobre el fenómeno del peronismo. Hay mucho que estudiar todavía. Decir que el peronismo era nazifascista era una caracterización muy gruesa. Había elementos sí y nosotros creemos que había una concepción muy autoritaria, no se podía aceptar disenso. Por nuestra parte también hubo posiciones extremas sin profundización del tema. Fuimos víctimas de persecución y eso nadie lo puede negar, pero esto fue modificándose con el tiempo. En el último período y tercer gobierno de Perón (1973-1974) antes de su muerte, todo había cambiado tanto que tuvo un ministro comunista, José Ber Gelbard, quien rompió el bloqueo a Cuba y envió automóviles y créditos.
—¿Qué la llevó a ingresar en su juventud al Partido Comunista?
—Cuando era muy joven me golpeó muy fuertemente ver la película El acorazado Potemkin. Mi padre era rumano y mi madre rusa y habían salido huyendo de los pogroms zaristas. Ellos no eran políticos, sino librepensadores, más bien anarquistas. Mi madre nos dio una gran libertad y esa confianza marcó mi vida. Yo quería estudiar medicina pero en esos tiempos sólo los varones estudiaban y las mujeres estábamos en segundo plano. Entonces estudié música en el Conservatorio Nacional para componer, pero todo se truncó. Vivimos un tiempo muy difícil, de gran precariedad económica. Viviendo en Buenos Aires —yo nací en Córdoba—comencé a relacionarme con artistas y escritores en el barrio, y a través de ellos conocí a mi compañero, Bernardo Edelman, del Partido Socialista (PS). Bajo su influjo comencé a militar.
—¿Cómo vivió el golpe de Estado del año 30?
—En esos momentos no pude dimensionar lo que significaba el golpe de Estado del general José Félix Uriburu, quien destituyó al presidente Hipólito Yrigoyen. Pero había sucedido ya la movilización militar contra una gran huelga ferroviaria en 1917 y la represión y masacre de los obreros en lo que se llamó la Patagonia Trágica y los metalúrgicos de Vasena. Incomunicado con el pueblo que lo había elegido, Yrigoyen cayó ante el golpe militar fascista que inauguró 50 años de golpes de Estado. La resistencia popular no cedió entonces, alentada por la crisis económica. Las medidas represivas de Uriburu marcaron la vida del país hasta ahora. Bajo Estado de Sitio y Ley Marcial millares de trabajadores fueron detenidos y torturados. Fue ese gobierno el que inauguró el traslado de detenidos políticos a la cárcel terrible de Ushuaia, en la isla de Tierra del Fuego, al sur del sur, y ordenó el fusilamiento de Severino Di Giovanni, entre otros. También se creó la Sección Especial y aplicó la ley 4.144 de expulsión de extranjeros y los entregó a los gobiernos fascistas, profundizando la dependencia de Inglaterra y Estados Unidos. La Legión Cívica Argentina, conformada por lo más reaccionario y golpista, sentó precedentes para los futuros golpes. Le sucedió el general Agustín P. Justo, gracias a elecciones fraudulentas, y la Sección Especial continuó haciendo su tarea. Por allí pasarían más de diez mil presos políticos en esos años. Los gobiernos que siguieron la usaron, como sucedió durante el peronismo, y además la Sección Especial actuó al margen de la justicia y de la policía. Las dictaduras se sucedieron unas tras otras después del derrocamiento de Perón en 1955, hasta la última, la más criminal de la historia.
—¿Esto marca los antecedentes para lo que vendría después?
—Sin esta historia, así rápidamente contada, no se puede entender todo lo que vino después. El PC había logrado editar el periódico Bandera Roja y su director, Héctor Agosti, estuvo detenido entre 1934 y 1937. En ese entonces fue importante la existencia de Socorro Rojo, organización comunista de nivel internacional de solidaridad con los presos políticos y gremiales, y allí conocí a Alcira de la Peña, emblemática dirigente comunista, y otros, y comencé a visitar las cárceles y a los familiares de los presos, reuniendo dinero para las familias. Con el ingreso a Socorro Rojo estuve cerca de las luchas obreras y políticas, las grandes huelgas y las acciones de comunistas y anarquistas con una extraordinaria participación de mujeres.
—Dentro de ese escenario en Argentina, ¿cómo llega a la Guerra Civil española?
—En 1936 me casé con Bernardo y nos volcamos al movimiento de solidaridad con España. En Argentina se produjo una enorme movilización de solidaridad con la República Española. Un día Bernardo llegó con la noticia de que un grupo de compañeros pensaba alistarse en las Brigadas Internacionales para ir a combatir a España y yo decidí acompañarlo. Fueron tan fuertes aquellos momentos que relatar esto me llevó muchas páginas en mi libro de memorias, Banderas, pasiones, camaradas. Mi vida en España fue una experiencia trágica y hermosa a la vez.
—Habrá muchos recuerdos de esos momentos que marcaron