Acercamientos multidisciplinarios a las emociones. Rosario Esteinou

Acercamientos multidisciplinarios a las emociones - Rosario Esteinou


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temática y argumentativa al texto.

      En el marco de un debate general sobre el cuestionamiento de la dicotomía entre razón y emoción y del papel de las emociones en distintos ámbitos de la vida de los individuos y de la vida social, el capítulo 1 de Olbeth Hansberg retoma algunos de los enfoques recientes en el estudio filosófico de las emociones. En particular, se ocupa de algunos de los rasgos de las teorías llamadas cognitivas y de las teorías perceptivas. Analiza algunos de los cuestionamientos y dificultades que enfrentan ambos grupos de teorías, sobre todo en relación con una de las características que se considera esencial, a saber, su intencionalidad, esto es, el que tienen o están dirigidas a un objeto. Se examinan también los elementos constitutivos de las emociones en estas teorías y si consideran que algún tipo de cognición es o no necesaria para la emoción. Las teorías cognitivas originales concebían las emociones como actitudes proposicionales con un contenido específico que permitía explicar comportamientos complejos y acciones intencionales. Las teorías fisiológicas y más recientemente las perceptivas, pretenden dar cuenta de las emociones como adaptaciones evolutivas que cumplen ciertas funciones para la supervivencia tanto en animales no-humanos como humanos; las emociones de estos últimos, aunque son más sofisticadas, no son fundamentalmente distintas. Sin embargo, algunas de estas teorías conciben las emociones como percepciones no conceptuales que responden al entorno, es importante para filósofos como Prinz, entre otros, incorporar la intencionalidad. Hansberg desarrolla algunas distinciones útiles para el análisis y la comprensión de las emociones. Distinciones entre episodios emocionales, las disposiciones a tener emociones en ciertas circunstancias o a lo largo del tiempo, las actitudes emocionales, las emociones y su relación con las conductas. Por otro lado, la relación entre motivación, agencia y emociones, un tema sumamente complejo pero de gran importancia.

      Dentro de este marco conceptual sobre las emociones, Hansberg se pregunta si en las relaciones interpersonales, en especial en aquellas íntimas donde hay una conexión emocional, son necesarias algunas emociones específicas. Para acotar el término intimidad considera, además de algunos aspectos como la auto-revelación, la expresión emocional, el apoyo mutuo, la confianza, los intercambios físicos, ser afectado por el otro, y compartir actividades y experiencias, otros criterios como el de la simetría/asimetría en la relación y su carácter positivo o negativo. De acuerdo con su perspectiva, como parte de los rasgos que caracterizan a la intimidad positiva (la empatía, el apego mutuo, el respeto por el otro, la aceptación del otro y la preocupación por su bienestar) se encuentra la confianza sobre la cual reflexiona considerando que ésta tiene un componente emocional de tipo disposicional que es necesario en las relaciones sociales.

      El capítulo 2, de Adriana García y Olga Sabido, incursiona en el campo de las neurociencias, sus concepciones sobre las emociones y la posibilidad de establecer puentes interdisciplinarios, en especial con las ciencias sociales. Una de las primeras tareas para poder realizar lo anterior es identificar qué es lo que caracteriza a la neurociencia, dado que en ella convergen distintas disciplinas y campos de estudio con altos grados de especialización. Las autoras señalan que es precisamente la organización de tres áreas intelectuales para avanzar en el conocimiento del cerebro (molecular, la red neuronal y el comportamiento) lo que ha articulado a disciplinas e intereses tan disímiles como la química, la psiquiatría y otras. Sin embargo, su unidad no deriva únicamente de un criterio organizacional sino que conceptualmente comparten un “estilo de pensamiento molecular”, el cual se apoya básicamente en una concepción fisiológica del cerebro y sus procesos de operación. A las autoras les preocupan las implicaciones que esta visión puede tener en el campo de la vida social, en especial en lo relativo a la afectividad y las emociones, y reflexionan sobre algunas condiciones que han favorecido la difusión y extensión de esta concepción en detrimento de una social. Entre los factores que señalan que han contribuido a la popularidad de esta visión se encuentran las grandes inversiones financieras que se han realizado en el desarrollo de proyectos científicos en este campo, los intereses de mercado por parte de industrias como la farmacéutica y de la guerra, y la representación de las neurociencias como solución de problemas relacionados con el ámbito emocional en los medios de comunicación. La difusión de dichos conocimientos y sus ventajas ha sido asumida por parte de la población de manera directa sin considerar que esos problemas son complejos sobre los cuales no hay certezas científicas.

      Ante los prejuicios que tienen los científicos sociales de acercarse a las neurociencias, García y Sabido exploran un problema referido al papel que tienen las emociones en el amor corporeizado; este problema se expresa en las teorías que postulan las emociones básicas versus los que se oponen a esa visión, es decir, en la supuesta dicotomía entre razón y emoción. Las primeras son sostenidas, en general, por las neurociencias y enfatizan los aspectos fisiológicos derivados de la evolución, mientras que las segundas resaltan los componentes cognitivos y socio-culturales. Para las ciencias sociales estas últimas tienen gran relevancia y pueden, dentro de algunas perspectivas como la de Jimeno, recuperar los aportes de las neurociencias. Las autoras proponen que una vía fructífera para establecer puentes entre las neurociencias y las ciencias sociales está representada por esfuerzos como el de Damasio, quien ha enfatizado el desdibujamiento de la dupla mente/cuerpo y la dupla razón/emoción; o, más propiamente en el campo de las ciencias sociales, por autores como Jasper, Vanini y colegas y Wacquant. Para las autoras, resulta claro que las emociones incorporan aspectos tanto corporales y fisiológicos como también cognitivos y socio-culturales.

      El capítulo 3, de David Fajardo, versa sobre el dolor y, ante la dificultad de esclarecerlo desde un punto de vista filosófico, parte del supuesto de que no hay un estado mental que pueda referir a nuestro concepto ordinario de dolor, pero que se pueden realizar acercamientos hacia su compresión. Propone la tesis de que éste puede ser inicialmente entendido como estrategias de protección corporal. Desde el punto de vista fisiológico, considera dos aspectos centrales: que el dolor es útil y adaptativo para el organismo, pero que también lo es su inhibición. Establece que hay tres estrategias de protección fundamentales a partir de sus particularidades funcionales: la primera es de tipo fisiológica y las otras dos son de tipo cognitivo. Su abordaje se refiere a lo que denomina dolor agudo, en contraste con el de tipo crónico.

      Para avanzar en la comprensión del dolor agudo, Fajardo presenta algunas de las limitaciones que derivan de su concepción exclusiva como informante de lesiones corporales y propone en cambio las ventajas que ofrecen las perspectivas que ponen el acento en la motivación del organismo para generar estrategias de protección, donde la información sobre las propiedades del daño son secundarias. De acuerdo con estas perspectivas, el dolor se entiende más como una emoción homeostática que hace que el organismo busque recuperar el equilibrio perdido por el deterioro en la integridad tisular mediante la ejecución de ciertas acciones. La función del dolor está relacionada entonces con la protección del daño corporal, en particular, con su evitación, interrupción y restauración. Pero a esta concepción fundamentalmente de tipo fisiológica debemos agregar otros aspectos de tipo cognitivo pues —como sostiene el autor— “el dolor nos ofrece más que solamente respuestas del sistema nervioso autónomo o conductas motoras reflejas. El dolor tiene un carácter contextual, que debe resaltarse para hacer justicia a algunas de sus particularidades funcionales”. Así, el dolor intenta resolver el problema del ajuste de la conducta de protección mediante distintos mecanismos como las fuerzas motivacionales primaria (donde se producen conductas orientadas al cuerpo) y secundaria (donde se producen conductas dirigidas a la experiencia) del dolor y ciertos efectos de modulación sofisticados. Resulta particularmente interesante y útil para las ciencias sociales el papel que juegan las fuerzas motivacionales secundarias, las cuales son propiedades cognitivas de nivel superior que pueden modular el dolor al tener efectos analgésicos o limitativos, o de amplificación del mismo, como pueden ser las creencias y las expectativas. Además de que en términos generales tienen un papel adaptativo, pueden jugar un papel adaptativo adicional en la toma de decisiones y en la planeación a largo plazo. En suma, el dolor es un fenómeno complejo que a menudo involucra estados y procesos fisiológicos y cognitivos de varios niveles.

      El capítulo 4, de Héctor Carrillo, examina las múltiples maneras en que surge el discurso de la pasión sexual en las narrativas de migrantes mexicanos homosexuales que entablan relaciones sexuales y afectivas con hombres homosexuales de


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