Acercamientos multidisciplinarios a las emociones. Rosario Esteinou
al inicio de la relación pues Mindek observa que las separaciones y divorcios son más un resultado de la falta de cumplimiento de los papeles convencionales de género que social y culturalmente aún perviven. Los rompimientos, por lo tanto, no derivan del agotamiento de las emociones —el amor— que le dieron inicio, sino más bien de las necesidades de contar con una pareja estable que sea solvente económicamente y que cumpla con su papel de padre.
El capítulo 11, de Guillermina Natera, aborda la restauración de emociones en mujeres indígenas con parejas que abusan del alcohol. A partir de las propuestas de varios autores sobre la naturaleza de las emociones, destaca el papel de los valores, las normas sociales y la historia de cada sociedad en la configuración de las emociones y también del comportamiento. Natera realiza un análisis del proceso emocional por el que transitan las mujeres para enfrentar el problema del consumo excesivo de un familiar cercano en una comunidad indígena Ñhañhú (otomí) en el valle del Mezquital del estado de Hidalgo. La autora presenta el panorama problemático en el que se inscriben las mujeres indígenas de esa comunidad, donde además de las condiciones de pobreza y de vulnerabilidad se suman las dificultades de conciliar la atención de la medicina alópata con la visión y atención tradicional indígena de la salud, y la deficiencia tanto de recursos como de servicios dirigidos a los problemas de salud mental, como los programas de intervención breve que propone y han aplicado en el Instituto Nacional de Psiquiatría Juan Ramón de la Fuente.
La intervención ofrecida es un modelo de atención psicológica de corte cognitivo dirigido a los familiares consiste en cinco pasos (en los cuales se incorporan las distintas fases del drama social definidas por Turner: ruptura, crisis y liminalidad, reajuste, y restauración de las emociones) éstos no necesariamente siguen un orden, sobre todo si es la primera vez que se habla del problema. El primer paso trata de explorar las preocupaciones del familiar, sus emociones y sentimientos de manera específica; en el segundo se da información necesaria para aclarar dudas sobre qué es un consumo nocivo o no de alcohol. Después de avanzar en el primero y segundo pasos, por lo general, las mujeres aceptan su propio malestar y se clarifica lo que para ellas significa vivir con una persona que consume alcohol en exceso y se les motiva a que se centren en su propia problemática más allá de si el consumidor deja o no de beber alcohol. En el tercero, se analizan las formas que han utilizado para enfrentar la problemática y se exploran otras nuevas, a través de una revisión de las ventajas y desventajas de cada una de ellas. En este punto es notorio que ya han puesto en marcha muchas formas de enfrentar la situación con resultados negativos. Se asume este paso como el corazón del modelo pues es cuando se transforman las emociones y sentimientos. El cuarto paso consiste en identificar redes de apoyo en la familia y en la comunidad. Y el quinto promueve la búsqueda de una atención más profunda y especializada si es necesario.
Referencias
De Sousa, Ronald. 2014. "Emotion",en Edward N. Zalta (ed), The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Spring 2014 Edition), URL = https://plato.stanford.edu/archives/spr2014/entries/emotion/ Consultado el 10-02-17.
Goffman, Erving. 1961. Encounters: two studies in the sociology of interaction. Bobbs-Merrill, Indianapolis, United States of America.
————.1959. The presentation of self in everyday life.
Hansberg, Olbeth. 1996. La Diversidad de las Emociones, México, Fondo de Cultura Económica.
Hochschild, Arlie R. 1983. The managed heart: commercialization of human feeling. University of California Press, Berkeley.
————. 1979. Emotion work, feeling rules, and social structure, American Sociological Review, vol. num. 85, págs. 551-575.
Prinz, Jesse. 2004. “Which emotions are basic?”, en D. Evans y P. Cruse (eds.), Emotion, evolution, and rationality, Oxford University Press, Oxford, págs. 1-19.
1 Agradecemos el apoyo brindado por Katya Hinke y Daniel Soberón a las distintas actividades del seminario.
2 Para una revisión más amplia, véase De Sousa (2014).
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Emociones, intimidad y confianza
Olbeth Hansberg1
Introducción
Desde la antigüedad, la filosofía se ha ocupado de las emociones aunque con frecuencia se les ha asignado un rol secundario frente a la razón: se ha discutido su naturaleza, su relación con la agencia y, sobre todo, en la filosofía clásica, su influencia para favorecer o impedir la acción moral. Para algunos, las emociones son vicios que hay que controlar, y no dejarse dominar por ellos. Las emociones se consideraban disruptivas de la razón, un obstáculo para la racionalidad práctica y un peligro para la autonomía de las personas. Algunos ejemplos preferidos son la cólera, el miedo en sus diferentes formas y grados, los celos y la envidia. Por otro lado, está la tradición de Hume y Adam Smith de considerar a algunas emociones como fundamentales para la acción moral: simpatía, respeto, compasión, indignación…, porque nos ofrecen razones y motivación para actuar, algunas a favor de nuestras obligaciones con otras personas: respeto, simpatía, empatía, ternura, amor; y otras como incentivos o como sanciones para actuar moralmente: culpa, vergüenza, remordimiento.
En las últimas décadas ha renacido el interés por la afectividad, sobre todo por las emociones. Las emociones constituyen actualmente un tema importante para disciplinas muy variadas,2 entre otras cosas, porque se ha investigado y puesto en duda la dicotomía drástica entre emoción y razón. La filosofía contemporánea se había ocupado más de otros estados mentales, principalmente de las llamadas “actitudes proposicionales”, como creencias, juicios, pensamientos, deseos, intenciones, etc.3 Ejemplos serían: “Juan cree que será posible vivir en Marte” o “María quiere que su hijo sea un gran científico”; y de las percepciones: de colores, de objetos, de estados de cosas, de situaciones, de ruidos, texturas, olores, sabores, etc. Las relaciones entre percepciones y creencias es una preocupación central de la filosofía, dado el interés por la adquisición de conocimiento y por el razonamiento. Sin embargo, la filosofía también ha estudiado otros estados y procesos mentales como las sensaciones, las imágenes, y más recientemente las emociones y otros estados afectivos, como los estados de ánimo, las disposiciones afectivas y temperamentos, entre otros.4 Actualmente existe un gran interés por estudiar los rasgos distintivos de las emociones y su relación con otros estados mentales.5
Teorías de las emociones
A la pregunta ¿que son las emociones? se han dado respuestas muy diferentes: algunos, como los estoicos, han tratado de reducirlas a juicios o a creencias,6 otros a conjuntos de deseos y creencias, a juicios evaluativos, a percepciones o a estados semejantes a éstas. Sin embargo, cada vez se impone más una versión de las emociones como estados mentales sui generis que, aunque están íntimamente relacionados con otros estados mentales, no pueden reducirse a ninguno de ellos. Por otro lado, cada vez es más claro que muchos de los procesos y estados mentales no pueden estudiarse de manera aislada, sino que requieren de todo un sistema de otros estados mentales que les dan sentido. Debemos aceptar que existe una interacción constante entre los distintos estados mentales, y una de las cosas centrales a investigar, es la manera en que se relacionan para explicar nuestra vida mental y nuestras acciones.
Existe una gran diversidad de estados afectivos, desde los más primitivos hasta los más sofisticados y cualquier teoría de las emociones tiene que dar cuenta de esta diversidad. Aquí me ocuparé de dos grandes cuerpos de teorías de las emociones: las congnitivas y las perceptivas. Las teorías cognitivas que fueron originalmente una reacción frente a la tesis de que las emociones eran meros sentimientos o sensaciones. Las teorías cognitivas insisten en que las emociones son en