Un conde nórdico en el Caribe:. Joaquín Viloria De la Hoz
1961, pp. 34-35; Vidales, 2004, p. 11).
De seguro estas impresiones de Adlercreutz se basaban en amargas experiencias que se estaban viviendo en el corazón del ejército libertador en 1820, cuando legionarios irlandeses se sublevaron e incendiaron Riohacha, mientras el almirante Brión mantenía una agria disputa con el corsario francés Luis Aury, quien ofreció su armada a la nueva república, y la vieja rivalidad Montilla-Brión. Vale la pena conocer la opinión del patriota cartagenero José María del Castillo y Rada, quien el 10 de diciembre de ese año le dirigió una carta al general Santander, en que se queja por la forma seca y amenazante como el almirante Brión recibió en Santa Marta la escuadra de Aury. Sobre Brión dice que “aunque es laborioso y tiene mucho celo es hombre sin talento ni luces… El otro (Aury) tiene mucho partido; es un excelente marino, valiente oficial y el terror de los españoles” (Cacua, 2001, p. 173). Concepto similar tenía Adlercreutz, quien definió a Aury como “pirata honrado”, o el viajero sueco Carlos Hauswolff quien lo consideraba como “un gran hombre”.
En los meses finales de 1820 los patriotas efectuaron incursiones militares contra poblaciones dominadas por los españoles sobre el Magdalena y en la provincia de Santa Marta. Se debe recordar que durante la guerra de independencia, patriotas y realistas utilizaron el sistema de tierra arrasada. El saqueo de productos agropecuarios fue permanente durante la guerra, y practicado indistintamente por ambos bandos. Se sabe que algunos propietarios, cuando veían inminente el triunfo de sus enemigos, preferían incendiar sus haciendas o sus viviendas, para que aquellos no encontraran alimentos o sitio donde pernoctar. También fue política de ambos bandos imponer “cuotas forzosas” y confiscar propiedades de sus enemigos. Así por ejemplo en Cartagena, en 1815, el gobierno republicano ordenó una contribución forzosa del 5% sobre el valor del capital y las inversiones de cada persona. Al año siguiente, Morillo confiscó 109 inmuebles en Cartagena, propiedad de varios patriotas (Sourdis, 1994).
Bolívar había instruido a Montilla sobre sus prioridades en las provincias del litoral: el primer objetivo era asegurar el control del río Magdalena; el segundo, ocupar la ciudad de Santa Marta, el tercero bloquear a Cartagena, y por último lanzar la campaña contra Maracaibo. Y así se hizo, en estricto orden. Para llevar a cabo este propósito, Montilla estableció su cuartel general en Soledad, muy cerca de Barranquilla, a donde se trasladó con su oficialidad y edecanes, entre los que se encontraba Adlercreutz. Siguiendo el plan estratégico de Bolívar, los hombres al mando de los coroneles Carreño, Padilla y Maza se tomaron las baterías de la Barra y Puebloviejo el 10 de noviembre, así como las fortificaciones de San Juan de Ciénaga, mientras el almirante Brión aplicaba un cerco naval a la plaza de Santa Marta. Luego de la victoria en la Ciénaga Grande, el gobernador español de Santa Marta abandonó la ciudad y el Cabildo de la ciudad le escribió a Carreño para negociar la rendición. Los hombres al mando del coronel Carreño entraron a Santa Marta en 11 de noviembre de 1820, luego de una sangrienta campaña que dejó en el campo de batalla cerca de 700 muertos, 400 heridos y más de 600 prisioneros, en su gran mayoría pertenecientes al ejército español (Blanco y Azpurúa, 1977; Lecuna, 1950).
Además de estas bajas producidas por el enfrentamiento armado, las tropas se enfrentaban a otro enemigo que atacaba por igual a los dos bandos: las enfermedades tropicales como el “vómito negro” (fiebre amarilla) y el paludismo. La correspondencia de la época nos confirma que el coronel Lara se enfermó días antes de la campaña de Santa Marta, por lo que debió ceder la dirección al coronel Carreño; las tropas del coronel Córdova se vieron afectadas por fiebre amarilla en la zona de Corozal; Montilla, que sufría de asma, también padeció de paludismo (Sourdis, 1994); y Adlercreutz se quejaba de calenturas y malestares estomacales “causados por una mala alimentación y el agua del río Magdalena. Sin embargo, me he ido mejorando gracias a la mejor agua y los buenos baños que hay aquí (en Santa Marta)” (Mörner, 1960).
Después de la liberación de Santa Marta vinieron unos pocos meses de relativa calma para las tropas de Montilla, como efecto del armisticio firmado entre Bolívar y Morillo el 25 de noviembre de 1820, con vigencia de seis meses, pero que en realidad se mantuvo menos de cuatro. Montilla se trasladó a Santa Marta el 15 de noviembre en compañía de Pedro Gual y otros colaboradores cercanos, con el fin de organizar el nuevo gobierno republicano. Adlercreutz llegó con este grupo a Santa Marta, y desde esta ciudad envió una carta al Gobernador Norderling con fecha 24 de febrero de 1821. En la misiva, Adlercreutz le explica al Gobernador de la isla de San Bartolomé los acontecimientos políticos y militares ocurridos en Colombia en los últimos meses, como el armisticio firmado entre “El Libertador” Bolívar y “El Pacificador” Morillo en noviembre de 1820, el aplazamiento de la instalación del Congreso de Cúcuta y el rompimiento de la tregua cuando las fuerzas del general Rafael Urdaneta apoyaron la declaración de independencia de la ciudad de Maracaibo y pidieron de inmediato la unión a la nueva República8. En esta carta, a diferencia de la anterior, se nota a un Adlercreutz más comprometido con la causa libertadora.
E. Los patriotas sitian a Cartagena
Al estar controlada por los patriotas la plaza de Santa Marta (aunque no así todas sus poblaciones interiores), el coronel José Prudencio Padilla recibió la misión de trasladarse a Cartagena, plaza que seguía sitiada por las fuerzas libertadoras. Padilla salió de Santa Marta con su escuadrilla de 43 canoas armadas, tomaron la ruta de los caños de la Ciénaga Grande hasta llegar al río Magdalena, siguieron por el canal del Dique y penetraron a la bahía de Cartagena el 4 de mayo de 1821.
Sobre la futura toma de Cartagena escribió Adlercreutz en la misma carta: “Cartagena es una de las más bellas fortalezas que se puede ver... sin embargo no lo creo tan imposible de tomar como se pretende, si bien sería necesario un fuerte bombardeo y un bloqueo completo por mar”. Y así sucedió cuatro meses después, cuando empezó el sitio de Cartagena, ahora bloqueada por los patriotas. El 24 de junio se dio el combate naval conocido como “La Noche de San Juan”. De acuerdo con la estrategia planeada, cuando Padilla atacara los barcos españoles, el ejército terrestre, al mando del coronel Adlercreutz, debía secundar la acción. Este coronel se apoderó de una pieza de artillería de 18 pulgadas que hizo colocar en el cerro de La Popa, desde donde bombardeo las fortalezas, con el objeto de atraer la atención de las tropas españolas. Montilla dejó un testimonio del aprecio y respeto que tenía por este conde sueco:
Libre ya la bahía interior se emprendió el transporte de piezas y municiones al punto de la Popa y necesario era hacer esto de noche porque el único punto capaz estaba a medio tiro de cañón del Castillo: el teniente coronel Adlercreutz en este y los demás trabajos sucesivos mostró un discernimiento y una constancia que acreditaban las buenas recomendaciones con que había venido desde Suecia a ofrecer sus servicios a Colombia (Montilla, 1982, p. 197).
Adlercreutz y sus hombres se tomaron el playón de Chambacú la noche del 24 de junio, hostigaron las murallas de Santa Catalina para atraer la atención de los españoles, quienes sin duda creyeron que los patriotas estaban atacando por tierra la plaza (Sebá, 1981). Mientras Adlrecreutz fustigaba por tierra, Padilla y sus hombres se tomaron la bahía sigilosamente, hundieron el bergantín Andaluz y se apoderaron de la escuadra que los españoles tenían anclada en la bahía de las Ánimas, compuesta por tres lanchas, tres barcas, dos bongos, dos obuseras y un bote, todas artilladas, además de doce barriles de pólvora. Luego de múltiples acciones militares y catorce meses de asedio, los realistas capitularon el 22 de septiembre de 1821, por lo que las tropas españolas se embarcaron para Cuba y el Ejército Libertador entró en la ciudad. Cartagena estaba por fin liberada, pero ahora aparecía como una ciudad en ruinas, una economía empobrecida y en la que por lo menos una tercera parte de su población había perecido en el conflicto o había emigrado.
F. Adlercreutz: comandante de húsares del Magdalena
Los catalanes de Santa Marta y los indios de Ciénaga seguían fieles a la causa realista y no se daban por vencidos. Es así como el 31 de diciembre de 1822 Francisco Labarcés y Jacinto Bustamante se tomaron el cuartel republicano acantonado en Ciénaga, y marcharon a Santa Marta el 3 de enero del año siguiente. Los realistas, o la catalanada como los llamaba Pedro Gual (Bierck, 1947), nombraron como gobernador al catalán Vicente