Los impasses de la feminidad. Gabriela Camaly
se anota la imposibilidad del goce sin límite; y en segundo lugar, se inscribe una imposibilidad estructural en el plano del saber ya que tanto el hombre como la mujer están privados de saber la verdad sobre el sexo. Tal como desarrolla Lacan a lo largo de su enseñanza y especialmente en el Seminario 18 y en los sucesivos, la relación sexual entre los seres hablantes es, en efecto, una función que no puede escribirse.
Más tarde, en el Seminario 20, Lacan formalizará los modos de sexuación masculino y femenino a partir de la inscripción lógica de la diferencia sexual y de lo imposible de escribir de la relación entre los sexos. Allí donde para Freud se planteaba el gran misterio referido a qué quiere la mujer, Lacan escribe las fórmulas de la sexuación que dan cuenta de una imposibilidad estructural para los seres hablantes. Si bien la sexualidad femenina se define por su relación al falo, ella no se inscribe toda allí. Para la mujer existe, más allá del falo, la presencia de un goce suplementario imposible de significantizar. Se trata de la dualidad estructural del goce femenino, lo cual le permite a Lacan afirmar que “La mujer” no existe en tanto tal sino que, contrariamente, la sexualidad femenina se caracteriza por la imposibilidad de ser definida con las coordenadas de la lógica fálica. Las soluciones sexuadas masculina y femenina se encuentran articuladas por la relación con el significante del deseo así como también por la modalidad del goce singular de cada partenaire. En el caso de la mujer se tratará de cómo cada una de ellas se las arregle con la dualidad estructural de su goce y con lo imposible de escribir de “La” feminidad en tanto tal.
3. Interés actual del tema de investigación
3.1. ENCRUCIJADAS ACTUALES
Se constata que la pregunta por el goce femenino sigue siendo actual, motivo de interés y de debates que intentan situar una referencia biológica que dé cuenta de su localización. El 28 de agosto de 2014, el diario Clarín en su versión impresa publicó una nota referida a una investigación de científicos italianos, franceses y mexicanos. Los mismos afirman que la zona del placer femenino en la cual se origina el orgasmo sería más amplia que el denominado “punto G”, zona enigmática del cuerpo en la que las investigaciones de Gränferberg le dieron localización orgánica al goce femenino en el coito, durante la década del 40. La nota comienza de la siguiente manera:
No insista. No pregunte qué se siente. No busque más: el punto G no existe. No hay tal botón que active el placer femenino. O, mejor dicho, no hay coordenada que indique a cuántos grados y en qué dirección está ubicado. Al uso de un solo dedo, cualquiera que elija para ejercer presión, deberá darle vacaciones. Observe que nada en la sexualidad de ellas es lineal. Por compleja y misteriosa, el territorio erógeno se amplía para llegar al orgasmo. (diario Clarín, 28 de agosto de 2014, p. 29)
La noticia informa que el área genital que al ser estimulada genera el clímax sexual de la mujer es mucho más amplia de lo que se supone. De ahora en más, tiene una nueva denominación científica: CUV, cuyas iniciales en inglés remiten al área comprendida entre el clítoris, la uretra y la vagina, incluidos otros tejidos, músculos y glándulas. El periódico anuncia este descubrimiento en términos de un nuevo concepto del placer sexual femenino, el clitourethrovaginal, así denominado por este grupo de científicos en el artículo publicado en la revista Natural urology, según refiere la nota. Sin embargo, ¿quedará así cerrada la pregunta por el goce femenino? Seguramente no. Aunque intente ser una noticia tranquilizadora, la cuestión sigue siendo un enigma y para muchos, un verdadero problema. Para el psicoanálisis, en cambio, es necesario abandonar toda referencia a la naturaleza para tratar de cernir lo que concierne al goce sexuado del cuerpo hablante y leer las condiciones por las cuales cada uno se encuentra con el otro sexo.
En el reverso de los esfuerzos del discurso científico por circunscribir el goce femenino, la actualidad naturaliza lo que en otras épocas era imposible hasta de imaginar. En diciembre de 2010, una nota periodística anuncia que gracias a un fallo judicial que sienta precedente en la jurisprudencia nacional, la travesti Florencia de la Vega recibió una partida de nacimiento y un documento de identidad nuevos que la inscriben como mujer, habilitando de este modo la elección de su identidad sexual. Su caso sienta precedente debido a que, por primera vez en la Argentina, el Tribunal de Justicia no exigió pericias psiquiátricas ni psicológicas para atestiguar alguna índole de enfermedad mental referida a la sexualidad, ni tampoco estableció como condición que la persona se sometiera a una intervención quirúrgica de reasignación de sexo. Se le reconoce por lo tanto que “tener documentos acordes con la identidad de género que supo construirse en la vida es su derecho” (diario Página 12, 14 de diciembre de 2010).
Por su parte, el psicoanálisis devela que, más allá de las soluciones que los sujetos pueden construirse referidas a la identidad sexual y de género, no es tan fácil darse respuestas ciertas a las preguntas sobre qué es un hombre y qué es una mujer, ya que no existen definiciones últimas sobre la esencia de los sexos (Lacan, 2012a, pp. 38 y 97). Sin embargo, el psicoanálisis acentúa que allí donde no hay esencia y donde tampoco es suficiente la referencia a la biología para la localización de la satisfacción, existe en cambio una diferencia sexual irreductible. Dicha diferencia depende del modo de goce de cada una de las posiciones sexuadas, tal como ha sido definido por Lacan a partir de la lógica de la sexuación. El modo en el que cada sujeto se inscribe de un lado u otro de las fórmulas dependerá de cómo se las arregle con la diferencia sexual y de los recursos con los que cuente para dicha inscripción. En este sentido, no hay soluciones universales que orienten respecto de la sexualidad. Tal es la “maldición sobre el sexo” (Lacan, 2012c, p. 557) que pesa sobre la especie humana y que Freud supo interpretar tan bien en el malestar de la civilización.
Así mismo, la bipartición de los géneros femenino y masculino está siendo puesta en cuestión por las nuevas prácticas sexuales que refutan la repartición de los géneros en dos. En la misma época otra noticia tuvo resonancias en varios medios periodísticos y en las redes sociales. Se informó que Facebook habilitó en la Argentina la opción de género personalizado para sus usuarios, pasando a ser el primer país de Latinoamérica y el quinto en el mundo en abrir la propuesta de pluralidad de género (diario Clarín, 11 de agosto de 2014). Las opciones de género son actualmente cincuenta y cuatro. Entre ellas se encuentran, además de las categorías clásicas de hombre y mujer, muchas otras: neutro, andrógino, homosexual, gay, lesbiana, androginx, intersexual, bisexual, travesti, trans, transexual, hombre transexual, mujer transexual, transgénero, etc. Ahora también existe la posibilidad de elegir el nombre con el cual cada usuario quiere inscribirse: él, ella, neutro. Además, es posible mantener privada la identidad de género o controlar la audiencia con la cual se desea compartir el género personalizado. Según los directivos de Facebook, estas nuevas modalidades responden a la demanda de miles de usuarios que en los últimos años vienen reclamando ser reconocidos por sus identidades sexuales, hoy multiplicadas.
Conviene recordar que sin embargo, para el psicoanálisis, subsiste un imposible de decir inherente al goce sexual a pesar de los esfuerzos que la época realiza para reconocerlo e inscribirlo. Hay un imposible de nombrar en la vivencia humana de la sexualidad. Por consiguiente, ninguna clasificación llega a abarcar todas las formas posibles en las que los seres hablantes habitan los cuerpos sexuados, ni mucho menos la multiplicidad de las prácticas que realizan en la consecución del goce sexual. En la medida en la que no es posible hacer entrar la diversidad de los goces en un registro común, se plantean las siguientes preguntas: ¿cómo nombrar la especificidad del goce de cada quién, de manera tal que se reconozca su más íntima singularidad? y ¿cuál es la articulación entre la singularidad del goce y la posición sexuada de cada sujeto? Incluso, más específicamente aún, ¿qué singularidad concierne al goce femenino, tal como lo describe Lacan, en su presentación actual? Y finalmente, ¿cuál es la vía de un tratamiento posible? Esta Tesis se propone tratar de cernir algunas respuestas.
El recorrido a través de los movimientos feministas en la historia permite observar que cuando el discurso femenino se introduce en el discurso universal de la civilización procede en contra de todas las tentativas de uniformización (Laurent, 2013). El discurso femenino, aún en sus luchas por la igualdad de derechos, ha introducido un obstáculo a la homogeneización fálica del mundo cambiando las reglas de juego. Como se verá, el desarrollo de los movimientos feministas devela también