Transformaciones. Ley, diversidad, sexuación. Mónica Torres
de este curioso objeto singular. “Nuestra pasión por lo nuevo […] es saber hacer con la inquietud que lo nuevo propone, lo que nos fuerza a una triple acción como analistas-ciudadanos”. “No rechazar los cambios” sin olvidar que ”la idea del progreso es para nosotros cuestionable” y por ende estamos condenados a “mirar sesgadamente los sucesos”. Y esto sosteniendo “nuestra labor clínica, poniendo entre paréntesis todo lo demás, para que el brillo recaiga en el caso por caso” en una era de la singularidad.
Y si usted, ávido lector, se entusiasma con la lectura de este libro singular, se encontrará con un comentario de Emilio Bernini sobre las películas de Luis Saslavsky, Vidalita (1949) y Las ratas (1963). Imperdible lectura sobre el “gaucho amujereao” y la “niña priendada” de un capitán del ejército. En Vidalita el amor se juega entre varones y gauchos. ¡En el cine argentino de 1949! O, en Las ratas, donde el crimen es reemplazo de la unión imposible.
Pero, entonces, “¿De qué sexuación puede uno fiarse?” se pregunta Jorge Assef con Eric Laurent. Más allá del Edipo, ¿un nuevo amor por el padre? Ya que la diferencia de los sexos “no cesa de no escribirse”.
Y, antes o después, porque se puede leer este libro como cada uno quiera, encontrará la inteligencia de Marlene Wayar, una travesti que nos dice (y subrayo “una”, Marlene, con nombre y apellido): “En este momento para mi, que no he hecho el cambio de DNI, es una posición política no invisivilizarme tras el cuerpo de una mujer porque soy travesti”. Esa es su posición singular, ella quiere ser travesti y no mujer. No quiere operarse ni hacer ningún cambio de identidad en el DNI, ni mucho menos en su cuerpo.
Entonces, “Leyes transgénero y teorías queer: ¿El fin de la castración?”, dice Fabián Fajnwaks.
Cuando escribimos el libro Uniones del mismo sexo (3) planteábamos que el psicoanálisis tiene que estar a la altura del horizonte de la subjetividad de su época. Es la propuesta de Lacan. También dijimos que el libro no planteaba un acuerdo sino una polémica. Los analistas que allí escribían no se ponían de acuerdo entre sí. Es necesario señalar que la Ley del matrimonio igualitario, como lo destaca Graciela Schnitzer, preocupó a la sociedad en su conjunto, sobre todo en el aspecto de la posibilidad de criar o adoptar niños en el seno de las parejas del mismo sexo. Es lo que le preguntan a J.-A. Miller en su intervención en el Senado francés, quien deja la cuestión de los niños para el final. Su respuesta es notable. Pero, ¿podríamos decir que la Ley del matrimonio igualitario pone en cuestión los nombres del padre? ¿O la tradición en la que los homosexuales piden ser inscriptos como familia es un llamado a “Un nuevo amor por el padre”? (E. Laurent). Encontrarán esa polémica en nuestro libro anterior Uniones... que también es retomada por varios autores en este.
Pero la Ley de Identidad de Género implica una práctica de goce, que incluye intervenciones en el cuerpo, ¿un modo particular que implicaría “una tendencia a prescindir de la marca del Otro”? ¿O es “una demanda de reconocimiento del Otro en su estatuto jurídico”?
Fabián Fajnwaks se pregunta “quizás sea en nombre de esa libertad, significante presente en la mayoría de las leyes trasgénero, que busque eliminarse el límite que pone la castración como imposible”. Pero también aclara que los psicoanalistas lacanianos, lejos de indignarnos o alarmarnos, lo que nos situaría en una posición moralista, debemos interrogarnos acerca de los modos de retorno de lo real, lo que implica una forclusión de la castración, entendida como imposibilidad: “Lo que constituye un rasgo fundamental de nuestra civilización actual, favorecido por el desarrollo de la ciencia y de la técnica como discursos”. Se trata del desorden de lo simbólico y del nuevo real del siglo XXI, tal como J.-A. Miller lo ha esclarecido.
Con este libro, damos un paso más.
Invitamos a participar a otras voces, no solo la de los analistas de orientación lacaniana. Escuchar y dejar hablar al Otro social, que tiene variadas opiniones sobre este tema. Esta es una apuesta más arriesgada, aún. Pero nuestra pasión por lo nuevo no nos aliviará del acto, que será juzgado por sus consecuencias.
Continuemos, pues, conversando. Pero no solo entre psicoanalistas sino con los aquí llamados “otros” actores sociales, que tienen tribuna para hacerse escuchar.
Tendremos que verificar con Miller que el padre freudiano y su función de prohibición no son más que una cobertura de la hiancia estructural que el goce conlleva.
Pero las leyes portan su núcleo de goce escondido y por eso ley y goce se excluyen de algún modo. Se trata de la extimidad del goce.
Por otra parte, como lo dice Alejandra Antuña, Lacan es claro en …ou pire en relación al transexual: “Su único yerro es querer forzar mediante la cirugía el discurso sexual, que en cuanto imposible, es pasaje a lo real”. Los conceptos de identidad y de género no son los que propone el psicoanálisis. El psicoanálisis habla de sexuación.
Estamos aún entre el instante de ver y el tiempo de comprender, solo sabremos en el momento de concluir que el tiempo de comprender ha terminado.
Se trata de un debate en el que marcamos, como psicoanalistas, algunas diferencias. Este libro se propone decir algo sobre eso. Y unas pocas cosas más.
Hasta el próximo.
MÓNICA TORRES
Julio 2013
1- Excelente e imprescindible artículo de Santiago Peidro sobre la historia de la homosexualidad en la Argentina.
2- El psicoanalista lacaniano se opone a cualquier “normatividad” imperante. Y elije la singularidad por encima de cualquier “para todos”. Cada uno encuentra su solución es el título del último de mis libros (Grama ediciones, Bs. As., 2012).
3- Torres, M., Schnitzer, G., Faraoni, J. (comps.), Uniones del mismo sexo. Diferencia, invención y sexuación, Grama, Bs. As., 2010.
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