Repensando la catequesis. José María Siciliani Barraza

Repensando la catequesis - José María Siciliani Barraza


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con aquellos procesos que integran actividades económicas como parte de la evangelización, tal como lo planteó Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi8. Por fin una cuarta mirada articula lo teológico con lo pedagógico, al plantear la evangelización como un acto comunicativo que sigue la misma pedagogía divina en su acto revelador. Y esa pedagogía sería fundamentalmente narrativa, en cuanto se dio en una historia en la que Dios se inmiscuyó, y que ahora se trata de conocer y de actualizar. En esta orientación se parte del presupuesto según el cual la catequesis lograría su objetivo en la medida en que indujera a decir al catequizando cuando escucha y estudia la historia de la salvación: “Esa historia es mi historia”.

      De manera más precisa, el primer capítulo se detiene en las mediaciones pedagógicas surgidas a partir de la Didajé, la más antigua práctica catequética en la Iglesia que conozcamos. También estudia las influencias socioculturales externas que afectaron la mentalidad cristiana, hasta propiciar cambios en el sentido original del cristianismo, afectando no solo su comprensión sino también las prácticas y la moral. El segundo capítulo arroja una mirada sobre los catecismos como práctica educadora de la fe y, en especial para Colombia, el caso del Catecismo de Juan Fernández de Sotomayor, el cura de Mompós, cuya experiencia revela que detrás de estos textos hay intereses e intencionalidades que se proyectan sobre las comunidades y las personas. Los catecismos pueden ser, y de hecho son, un medio de comunicación no solo del Evangelio, sino de una propuesta de práctica concreta de la fe.

      El tercer capítulo hace una invitación a la conciencia reflexiva de las prácticas eclesiales a través del método de la teología práctica. Reconoce en ella la correlación crítica, performativa y dialéctica entre el análisis social, la interpretación teológica de la realidad y la transformación de las prácticas eclesiales, condiciones y características necesarias para una catequesis integral hoy. El autor se detiene a plantear los fundamentos, los objetivos y los límites de este método correlacional. El cuarto capítulo recoge una reflexión que quiere provocar el intercambio de experiencias y la producción del saber catequético que nace de las comunidades cristianas populares. Se trata de pequeños grupos de creyentes que viven su fe con una fuerte proyección social, justamente porque están situados en medio de graves problemas socio-económicos ante los cuales la catequesis no puede permanecer indiferente. Allí la catequesis intenta dinamizar desde la fe en Jesucristo los sueños de una vida digna y humana, y para eso propicia actividades que buscan la transformación de esa realidad y el establecimiento de las bases de una nueva sociedad, centrada en la justicia y el amor proclamados por el evangelio.

      El libro se cierra con libro una propuesta de diálogo entre diversas tendencias culturales y religiosas a partir de la teología narrativa. Una catequesis que busque dar razón de su fe y que, al mismo tiempo, sea aporte de sentido al mundo de hoy, ha de pensarse y actuar desde el reconocimiento del caminar junto a otras propuestas de constitución de humanidad, pues es buscando promover contextos más amplios de comprensión entre Evangelio, cultura y religiones que se puede ser significativo en la fe en este inicio de siglo.

      Este texto no pretende responder a los muchísimos interrogantes que afronta el acto catequético en nuestro siglo XXI, pero espera ser una luz para aquellos que se interesan en la educación cristiana, en la catequesis y en la evangelización en general. Luz desde la historia, luz desde la teología, luz desde la experiencia popular, luz desde los relatos de fe que sigue engendrando la vida cristiana en el mundo de hoy. El libro quiere ser un aliento para todos aquellos que saben que hay un movimiento fuerte de renovación de la catequesis. Este movimiento ha sabido recoger los aportes de las ciencias sociales, de la pedagogía y de la teología. Y ha empezado a dar sus frutos. Porque la catequesis ha asumido el desafío que la cultura le plantea; por eso sus actores, sus espacios de realización y sus contenidos han dado un vuelco renovador, del cual este texto no pretende ser sino un modesto eco alentador. Las cuestiones grandes siguen abiertas al debate y a la investigación. Ojalá estas líneas puedan dar pistas de reflexión y acción, sobre todo a aquellos que en el terreno concreto se dedican con esmero y abnegación a la transmisión del evangelio.

      Notas al pie

      1Acogemos aquí el concepto de catequesis planteado por el Papa Juan Pablo II en su exhortación apostólica Catechesi Tradendae (CT) del año 1979 sobre La Catequesis en nuestro tiempo: “Pronto se llamó catequesis al conjunto de esfuerzos llevados a cabo por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios afín de que, por la fe, ellos tengan la vida en su nombre (Jn 20, 31), para educarlos e instruirlos en esta vida y construir así el cuerpo de Cristo” (CT 1).

      2En griego el verbo significa resonar.

      3Esta visión supone una distinción entre catequesis de iniciación y catequesis de profundización o educación permanente de la fe. Para importantes precisiones ver el Directorio General para la Catequesis 46-72.

      4Así se habla en la primera catequesis de la que tengamos noticia La Didaché, cuando plantea las dos vías que se le presentan al creyente: la vía de la muerte y la vía de la vida (1, 6).

      5En ese sentido escribió el Papa Juan Pablo II en CT: “Cuanto más capaz sea, a escala local o universal, de dar la prioridad a la catequesis —por encima de otras obras e iniciativas cuyos resultados podrían ser más espectaculares—, tanto más la Iglesia encontrará en la catequesis una consolidación de su vida interna como comunidad de creyentes y de su actividad externa como misionera” (CT 16).

      6Películas o filmes tan extendidos como el Codigo Da Vinci dejan en la mentalidad de la gente ese tipo de dudas que cada vez se vuelven más frecuentes.

      7Esta investigación se realiza en colaboración con la Universidad de Laval (Quebec, Canadá). Actualmente se encuentra en su segunda fase de desarrollo y culminará el año 2013 con la proposición de material didáctico.

      8Nº 61: “Entre evangelización y promoción humana -desarrollo, liberación- existen efectivamente lazos muy fuertes. Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden teológico, ya que no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención que llega hasta situaciones muy concretas de injusticia, a las que hay que combatir y de justicia que hay que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico como es el de la caridad: en efecto, ¿cómo proclamar el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el auténtico crecimiento del hombre? Nos mismos lo indicamos, al recordar que no es posible aceptar “que la obra de evangelización pueda o deba olvidar las cuestiones extremadamente graves, tan agitadas hoy día, que atañen a la justicia, a la liberación, al desarrollo y a la paz en el mundo. Si esto ocurriera, sería ignorar la doctrina del Evangelio acerca del amor hacia el prójimo que sufre o padece necesidad” (Pablo VI, Discurso en la apertura de la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos (27 setiembre 1974): AAS 66 (1974), p. 562).

       CAPÍTULO 1

       La Didajé, una experiencia entre hostilidades y mentalidades para la reflexión moral y pedagógica del catequista de hoy 1

      Yebrail Castañeda Lozano2

      La catequesis impartida en el siglo XXI en las parroquias y en las comunidades cristianas es una actividad que se encuentra desarrollada dentro de un contexto de complejidad (Morin, 1990); se expresa por el plexo de incertidumbre causado por lo paradojal, lo relativo, lo inestable y lo azaroso de la mutabilidad cultural y social en la que se inserta el cristiano, ya sea para comunicar o recibir la catequesis. Esta adversidad se presenta en las manifestaciones sociales que actúan como mediadores en la conformación de las diversas


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