Bion y Lacan más allá de Freud. Carlos Amaral Dias
propósito de “representar los procesos psíquicos como estados cuantitativamente determinados de partículas materiales distinguibles (las neuronas), a fin de que se vuelvan (a la luz de los procesos psíquicos) evidentes e incontestables”. Explica, a continuación, la tesis central de su Proyecto según la cual “lo que diferencia a la actividad del reposo es de orden cuantitativo. La cantidad (Q) está sujeta a las leyes generales del movimiento” (1895, p. 315).
Esta ubicación del psicoanálisis como psicología científica basada en la representación de redes de conexión neuronal del cerebro como procesos asociativos donde las cantidades de energía externas (ϕ) son transformadas por el sistema perceptivo (ω) en cualidades psíquicas yoicas (Ψ) formalmente investidas en el lenguaje, el pensamiento y la acción cognitiva, constituyó la “marca indeleble” originaria de la teoría y la praxis psicoanalíticas.
Grubrich-Simitis (1997) considera que el libro Estudios sobre la histeria (1895), escrito a medias entre Breuer y Freud, es “el primer libro de psicoanálisis” donde se valoriza el abordaje prínceps de algunos conceptos inaugurales del método psicoanalítico tales como procesos primarios y secundarios, catexis, falsa conexión, sueño diurno o trabajo de duelo y se prioriza la reflexión sobre el trabajo psicoterapéutico en pacientes histéricas. Sin embargo, no deja de ser verdad que tanto el modo de raisonnement como la iniciación teórica a los conceptos-clave que construirán el futuro científico del psicoanálisis ya están presentes en el Proyecto.
El Proyecto sostiene, en efecto, la tesis epistemológica central según la cual los elementos ϕ (estímulos sensorio-motores y perceptivos, emociones, instintos sexuales y agresivos, sueños, síntomas) activan la operación de funciones Ψ (resistencia, represión, inhibición, defensas del Yo, así como el desplazamiento o la condensación, deseo, investimiento-catexis, representación) aptas para transformar procesos primarios en procesos secundarios (atención, notación, memoria, interpretación, pensamiento reflexivo, lenguaje comunicativo).
Se puede ya identificar en este texto el estilo expositivo de Freud, riguroso, elaborado y fluido al mismo tiempo, así como la práctica de escritura científica que aun cuando concluye deja las conclusiones abiertas.
Por otra parte, ya en 1895 (más precisamente entre 1893-1897, años de gradual elaboración de Estudios sobre la histeria, desde la “Comunicación preliminar” a “Psicoterapia de la histeria”, este último capítulo de exclusiva autoría de Freud) es posible percibir al metódico intelectual crítico, observador y positivista que inspirará los importantes textos que, sobre todo entre 1905 y 1925 enunciarán de manera sistemática los fundamentos teórico-empíricos de la psicología del inconsciente de la única manera científicamente posible, es decir como metapsicología.
Incluso antes de situar la importancia seminal de los textos metapsicológicos (a los cuales podríamos asociar la heptalogía compuesta por Interpretación de los sueños, de 1900, Sobre la psicopatología de la vida cotidiana, de 1901, Tres ensayos de una teoría sexual y Los chistes y su relación con el inconsciente, de 1905, Tótem y tabú de 1913, Malestar en la cultura, de 1930 y Moisés y el monoteísmo, de 1939), es importante referirse a la lógica de la escritura simbólica y la topología a las que Freud recurre para ilustrar sus inferencias científicas (que mantendrá, con pequeñas alteraciones, a lo largo de su extensa obra).
Lógica coherente con la finalidad originaria de incorporar la psicología al área de las ciencias naturales. La topología se inspira en la representación gráfica del flujo de corrientes (cantidades) de energía por conexión sináptica y los signos griegos son la representación abstracta de los elementos psíquicos neuronales (ϕ, Ψ, ω). Más adelante, los términos griegos (topos, ego, id, imago) y el término del latín libido (deseo) serán usados para designar instancias y funciones de un aparato psíquico metafórico, modelado según los principios generales de la anatomofisiología de los aparatos y sistemas del organismo humano (topos significa intencionalmente “el lugar donde”).
El inconsciente es entonces tomado filosóficamente como estructura dinámica –topológicamente representable– y las grandes ideas y principios filosóficos de la mitología griega y de los filósofos antiguos (sobre todo Sócrates, Platón y Aristóteles) sumados a los clásicos (sobre todo los fenomenólogos Hegel y Kant, así como Bergson y Nietzsche) servirán de base e inspiración al progresivo relegamiento del pensamiento mecanicista original, basado en la aplicación de los principios teóricos de la física helmholtziana respecto de los intercambios energéticos (pulsionales, libidinales) entre sujeto y ambiente, entre ego y realidad externa.
Textos como Formulaciones sobre los dos principios del funcionamiento mental de 1911, Introducción al narcisismo de 1914, Los instintos y sus vicisitudes de 1915, Duelo y melancolía, de 1917, Más allá del principio del placer de 1920 y El Yo y el Ello de 1923, entre otros, habrán de inspirar fecundamente a los discípulos y seguidores más destacados.
En la tradición del pensamiento filosófico francés, Jacques-Marie Lacan se perfila, hacia finales de 1940, como un pensador profundamente original que investiga y teoriza, a partir de la metapsicología establecida por Freud, sobre las maneras en que los procesos de lenguaje revelan la estructura psíquica del inconsciente.
A partir de la reflexión sobre la importancia fenomenológica estructurante de la experiencia sensorial en el contacto especular con la madre in statu nascendi, Lacan (1949) infiere un trazo unario matricial que es abarcador de la imago, del otro y a la vez creador del sujeto. Este trazo unario sólo podrá ser significado, es decir traído al campo de la conciencia dialéctica de sí y del otro, a través del acceso al lenguaje.
Para Lacan el lenguaje es por lo tanto la concatenación ordenada de símbolos sustitutivos (metonímicos) que construye el sujeto de palabra y lo inscribe en una historia que le es propia y que implica la nominación (en el doble sentido de atribución de nombre propio y de elección) de la imago materna fálica idealizada. Este nombre, intuido por el imaginario infantil como “Nombre-del-Padre”, el Otro del registro psíquico del objeto (A. Green, 1990) y significante del deseo materno, funciona entonces como metáfora paterna y falo imaginario, e inaugura la cadena de significantes que resignificará los estados mentales y corpóreos del sujeto a lo largo de su existencia, siempre en relación intersubjetiva con el otro (R. Moncayo, 2012).
En la importante conferencia pronunciada en Roma en 1953 con el título “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, que constituyó una manifestación decisiva de la contribución teórica de Lacan a la causa científica de la “psicología de las profundidades” (Freud, 1923), Lacan sintetiza su pensamiento al afirmar que “la función paterna concentra en sí relaciones imaginarias y reales, siempre más o menos inadecuadas a la función simbólica que la constituye esencialmente” (Lacan, 2953, 1966: 157).
En un pasaje anterior de la misma obra se puede leer otra frase significativa del pensamiento lacaniano: “Luego, el hombre habla, pero porque el símbolo lo hizo hombre” (Ibídem: 155).
La epistemología lacaniana refunda, de esta manera, el legado freudiano a partir de la hermenéutica crítica y exhaustiva de los textos teóricos y metapsicológicos (una lectura “talmúdica”, como refiere B. Fink (1995) en analogía con la interpretación del Antiguo Testamento por el Talmud), e instituye una topología y un sistema de notación que le son propios. Y que provienen de las disciplinas científicas que servirán de soporte teórico a la formulación de tesis más importantes, cuya finalidad explícita es analizar el inconsciente a partir del lenguaje.
Desde 1936 Lacan, por entonces un joven psicoanalista, es influenciado por el neohegelianismo (A. Koyré, J. Whal) y la fenomenología, en la que sobresalen los filósofos E. Husserl, E. Levinas y M. Merleau-Ponty. A partir de 1940 el contacto con la lingüística estructural de F. de Saussure le servirá de inspiración para establecer la dialéctica de palabra-enunciado con reglas de enunciación propias del lenguaje y para elaborar un sistema complejo de conjugación del concepto (lenguaje) y fonema (palabra); realizará también una adopción crítica de los ejes diacrónico