En Estado sólido. Rodrigo Henríquez Vásquez
comienzos de 1930 el Partido Comunista Brasileño (PCB) se encontraba en una situación complicada, en directa disputa con los anarquistas de los sindicatos de trabajadores. A partir del año siguiente el PCB cambió a varios de sus dirigentes y tomó el control de algunos de los sindicatos más poderosos de Brasil, como el de los ferroviarios de Río de Janeiro y del noreste. A pesar de estos logros, el PCB aún no tenía el poder suficiente como para llevar a cabo las políticas del Tercer Período del Comintern. La creación de la Aliança Libertadora Nacional (ALN) en 1935, resultó para los comunistas el espacio perfecto donde poder expandirse entre no comunistas. La mayoría de sus miembros habían sido tenentistas y héroes militares de las revueltas de los años 20, izquierdistas no comunistas, intelectuales aglutinados en torno al antifascismo ejemplificado en el Integralismo y en las sucesivas conductas represivas del Gobierno de Vargas.92
El objetivo de la ALN era formar una alianza lo más amplia posible entre grupos que recién se articulaban. En ese contexto, el Partido Comunista tenía la ventaja de estar mejor organizado. Además,los comunistas contaban con el apoyo de otros enviados del Comintern, como el norteameri-cano,Alan Barron, el alemán, Harry Berger, el argentino Rodolfo Ghioldi y el belga León Vallée. El programa político de la ANL se estructuró en torno a una reforma agraria, la unión del movimiento sindical, el apoyo a las luchas obreras y campesinas, y el fin de la influencia de corporaciones extranjeras “imperialistas” en Brasil. En julio de 1935 la ANL llamó abiertamente al derrocamiento violento de Vargas, convocatoria a la que no adhirieron sus propias autoridades no comunistas. Esto planteó el primer conflicto al interior del conglomerado, dada la excesiva hegemonía comunista y la sobrestimación de la figura de Prestes.
Finalmente, la revuelta de Recife fue promovida por la ALN, confiada en que la figura de Prestes nuevamente atraería a militares descontentos con Vargas. Sin embargo, no todos los tenentistas apoyaron la sublevación, manteniéndose muchos leales al Gobierno. La insurrección fue rápidamente sofocada por el Mandatario luego de una corta lucha en Recife y Río de Janeiro, demostrando el fracaso de Prestes y su escaso apoyo popular.93 Las consecuencias inmediatas fueron la prisión del militar insurgente (hasta 1945), la deportación de su esposa a Alemania y el fracaso del primer intento frentepopulista en un país semi-colonial, según la terminología cominterniana. Esto, a pesar de que durante el VII Congreso el caso de la Aliança, tal como lo afirma Eudocio Ravines, fuera presentado como modelo de frentepopulismo.94
Si el Comintern vio en el frentepopulismo brasileño un ejemplo para América Latina, su efecto entre los comunistas latinoamericanos fue mínimo. Para Getulio Vargas, la revuelta de Recife fue la justificación perfecta para el golpe de Estado de 1937 y sus planes de reforma estatal. A partir de entonces desarrolló una estrategia anticomunista a nivel sindical, estructurando los sindicatos de forma vertical, lo que le permitió ejercer un control directo más que ningún Gobierno en Latinoamérica. Junto con ello, Vargas apaciguó la mente de los trabajadores a través de un Gobierno paternalista, siguiendo la formación de un Estado al estilo de bienestar social de Bismark, haciendo que los años de dictadura hicieran mucho más dificultoso para los comunistas tomar adherentes o acciones después de 1945.95
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