En Estado sólido. Rodrigo Henríquez Vásquez

En Estado sólido - Rodrigo Henríquez Vásquez


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adherentes56. Evidentemente, los frentepopulistas chilenos se iban nutriendo de elementos tácticos que realizaban los frentistas españoles, pero de manera más funcional que efectiva, ya que las supuestas equiparaciones que se intentaron establecer entre las derechas y las izquierdas españolas con las chilenas eran forzadas y poco ajustadas al debate interno del frentepopulismo chileno.

      Pero también había recelo y cuidado. Sobre todo por las resonancias internas que provocó la unión con comunistas y socialistas cuando en el contexto chileno aún no se superaban las desconfianzas mutuas entre socialistas, comunistas y radicales. El 23 de febrero se alertó que “el premier Azaña sabe que tendrá que frenar las aspiraciones excesivas de las izquierdas asociadas y comunistas, amparándose en el compromiso de alianza con el acto electoral. El gobierno ha decidido intensificar una política social que permita ampliar el campo de los pequeños propietarios, como una panacea para combatir el extremismo”.57

      El optimismo con el Frente Popular español sirvió también como revulsivo ante la política represiva impuesta por el Gobierno de Alessandri, quien, gracias a la mayoría parlamentaria, impuso “facultades extraordinarias y el Estado de Sitio” para establecer el orden público, a raíz de la declaración de huelga de los sindicatos de ferroviarios. Esto implicó la detención, encarcelamiento y relegación de numerosos dirigentes de los partidos frentepopulistas. La semana del 24 de febrero de 1936 se reprodujo en los periódicos frentistas (La Hora, La Opinión, Consigna y Frente Popular) extensos párrafos del programa electoral del Frente Popular español, subrayando sobre todo el hecho de que “sin perjuicio de dejar a salvo los postulados de sus doctrinas, han llegado a comprometer un plan político común que sirva de fundamento y cartel a la coalición de sus respectivas fuerzas en la inmediata contienda electoral”58. Además, dada la situación del Estado de Sitio y de la persecución llevada a cabo por Alessandri, se enfatizó el punto primero del programa español que hablaba de la “Amnistía y readmisión de los despedidos y reparación a las víctimas”.59 Por lo mismo, se calificaba que “el Frente Popular español, que hemos citado en otras oportunidades como ejemplo digno de imitación, está desarrollando una labor utilísima para las masas que lo componen y que prueba hasta qué puntos de innegable trascendencia general se desplaza la actividad de organizaciones de su naturaleza”.60

      Luego de julio de 1936 y el golpe de Estado encabezado por Francisco Franco, la discusión frentepopulista se volvió más ideológica, influida en parte por la evolución de la Guerra Civil Española y por el desarrollo del Frente Popular con Léon Blum en Francia, pero en un sentido distinto. Dados los fracasos frentepopulistas español y francés se borrarán todas las posibles similitudes con Chile y se enfatizará la peculiaridad del frentepopulismo chileno y su carácter no rupturista. Sin embargo, el Frente Popular español siguió generando expectativas en una posible reedición en el contexto chileno. El 27 de julio se señaló que “la revolución de España es una lección para el Frente Popular de Chile cuando gobierne”.61

      Ante las críticas oficialistas que remarcaban las consecuencias violentas del conflicto civil en España, el frentepopulismo chileno trató de mantener una prudente distancia con el Frente Popular español. Una editorial del diario La Hora señaló que la derecha presenta a todos los partidos “confundidos bajo la etiqueta comunista. Se va aún más lejos en este sistema confusionista y se identifica al Frente Popular español con el Frente Popular chileno y se atribuyen a este último de antemano los desmanes que según ciertas noticias (siempre desmentidas) comete el primero”.62

      Por lo mismo, a pesar del conflicto español y de las similitudes que se podrían establecer, el frentepopulismo chileno fue cauto en no romper los débiles lazos que existían entre los partidos. El Partido Comunista, en su diario Frente Popular, advierte sobre los posibles beneficios de una alianza con sectores de centro, dado que “sería útil conducir al proletariado a un conflicto con fuerzas que pueden ser sus aliados en los primeros tramos de su movimiento emancipador”.63 Los radicales socialistas del diario La Opinión (Radical Socialista) matizaron la presencia comunista en el Frente Popular destacando que éste:

      “no tiene carácter comunista y que la totalidad de los partidos que lo conforman, incluso el que profesa esa doctrina, no persiguen dentro del Frente otra cosa que fundar una verdadera democracia, esencialmente anti-imperialista y anti-fascista, en donde exista una verdadera libertad y se hagan imposibles las tiranías –cualquiera que sean [y en que] prevalezca un auténtico orden público, tanto en el funcionamiento de las instituciones como en la calle”.64

      La coyuntura de 1936 estuvo marcada por el influjo que tuvo el Frente Popular francés y español en la configuración del concepto de pueblo del Frente Popular chileno. Fue una influencia que llegó justo en el momento indicado: en medio de la crisis política del Gobierno de Alessandri. Los ejemplos francés y español –tal como lo señaló la prensa de la época fueron recibidos con gran entusiasmo por el movimiento frentepopulista chileno ya que la invocación de “lo popular” fue algo simultáneo a comienzos de 1936: las elecciones parlamentarias de Francia, los comicios en España, la formación del Frente Popular chileno y las votaciones para cubrir una vacante senatorial en la sureña provincia del Biobío, que fueron realizadas en clave Frente Popular v/s oligarquía.

      La analogía entre el ascenso y caída del Frente Popular español y la incipiente alianza frentepopulista chilena, tuvo dos caras. Una, de carácter más simbólico, sirvió para articular la línea divisoria entre las fuerzas “del pueblo” y las fuerzas reaccionarias. Aunque ni Alessandri ni su partido −el Liberal−, ni el Partido Conservador, podrían ser considerados en un sentido estricto como “fascistas”, el conflicto español le sirvió al frentepopulismo chileno para generar la dicotomía de la que se sirve el populismo para articular las demandas insatisfechas en función del proyecto político específico. Esto fue útil o al menos funcional de cara a las elecciones que debió sortear el frentepopulismo chileno entre abril y agosto de 1936.

      La otra cara fue más prudente e incluso crítica de la situación española, estableciendo claramente que el proceso chileno estaba claramente por el orden democrático en el que no cabía ni la revolución social ni el peligro golpista de una posible amenaza fascista.

      El derrumbe del Frente Popular francés en 1937, la derrota republicana española de comienzos de 1939 y el Pacto Ribbentrop-Mólotov de agosto del mismo año echaron por tierra la viabilidad de la estrategia del Frente Popular. Asimismo, la invasión nazi a la Unión Soviética modificó abruptamente los planes de Stalin con la estrategia de los frentes populares. Las nuevas exigencias de la guerra y el realineamiento de la URSS con los aliados tuvieron como consecuencia que Moscú disolviera el Comintern en 1943. Finalizada la Segunda Guerra, entre 1945 y 1948 la URSS promovió la creación de una nueva fórmula frentepopulista en los países donde impuso su hegemonía. De esta forma, a partir de 1945 la URSS promovió en Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Bulgaria,Yugoslavia y Albania, las denominadas “democracias populares” bajo la hegemonía de los partidos comunistas locales. La apariencia de que estas experiencias eran la reedición de la estrategia de los frentes populares se desechó rápidamente hacia 1947, luego de que los comunistas aplastaran la amplitud política de las que aparentemente gozó esta nueva versión del frentepopulismo.65

      La flexibilidad con que Moscú recicló el frentepopulismo de 1935 una década más tarde bajo un formato patriótico y nacional, tuvo como precedente la experiencia China en que comunistas y nacionalistas tuvieron una tregua ante el enemigo común japonés. El Frente Popular de China de los años 30, fue la primera experiencia reconocida por el Comintern, aunque no la primera para el Partido Comunista Chino (PCChino), que durante sus primeros años –bajo estrecha vigilancia del Comintern– realizó su conocida alianza con el partido Nacionalista o Kuomintang (KMT), cerrada abruptamente en 1927 con la casi completa destrucción del PCChino por el KMT. Luego de este desastre el PCChino, diezmado casi en su totalidad, no le quedó más alternativa que ampliar sus bases rurales en el sur central de China, fuera de la influencia del KMT y bajo las órdenes del díscolo Mao Tse Tung. Este,sin el apoyo del Comintern –el preferido


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